Las cosas que a algunos hombres no les gusta escuchar

El feminismo, las desigualdades de género y las relaciones de poder en un texto de la psicóloga y docente Noelia Correa

La nota fue escrita por la psicóloga y docente Noelia Correa en respuesta a la columna de opinión "Las cosas que al feminismo no le gusta escuchar" .

Lamentablemente vivimos en una sociedad desigual. Desigualdades en relación a la clase social, a la raza, al género, entre otras relaciones de dominación. Esto no es algo que sea una opinión sin fundamento, ya está ampliamente estudiado por las ciencias sociales. Que las desigualdades de género existen es un hecho, no es algo a debatir porque sería no tener en cuenta los avances en cuestión de estudios y lo que la vida misma nos muestra en el día a día.

Ya que gustan tanto las estadísticas y los números, tal vez sea interesante preguntarnos (otra vez) en relación a las desigualdades de género: ¿Cuántos años pasaron para que las mujeres lograran acceder a la educación? ¿Cuántos años pasaron para que las mujeres lograran votar? ¿Cuántas horas de trabajo de reproducción (cuidados y tareas en el hogar) se sostienen sobre los cuerpos de las mujeres? ¿Cuántas mujeres ocupan cargos de dirección? ¿Cuántas mujeres son acosadas en la calle? ¿Cuántas mujeres aún no pueden decidir sobre sus cuerpos? ¿Cuántas mujeres han sido violadas? ¿Cuántas mujeres han sido cosificadas como objetos sexuales? ¿Cuántas mujeres han sido asesinadas por el simple hecho de ser mujer?

El feminismo no es solo una lucha de mujeres, también es una lucha de los hombres que quieran cambiar este sistema de dominación. El patriarcado no sólo crea estereotipos para las mujeres, sino que también crea estereotipos para los hombres y muchos no están cómodos en esos lugares.

No es sólo responsabilidad del "discurso feminista" explicar o hacer propuestas efectivas para un hecho tan desgarrador que como país estamos viviendo. Es responsabilidad de todos y todas dar cuenta de esas violencias, nombrarlas, visibilizarlas. Esto no se trata de inseguridad privada o de inseguridad pública. De lo que se trata es de una relación de dominación que tiene mucho tiempo, y que se manifiesta de diferentes formas, algunas más sutiles, otras más desgarradoras y violentas. Los feminicidios no son tema nuevo, suceden desde hace mucho tiempo. No es cierto que ahora que salimos a la calle, ahora que hablamos del tema, ahora que nos organizamos para ver que hacer, sucedan más, eso no es así. Lo que sucede es que antes se los mal llamaba "crímenes pasionales" o no se visibilizaba lo que había sucedido, o no se tenía tan presente la dimensión mundial de los mismos hechos.

Cuando de relaciones de poder se trata, la frontera entre lo público y lo privado de desvanece. Ya desde hace muchos años las feministas gritaron "lo personal el político". Y esto justamente porque lo personal y lo privado no van separados de lo político y de lo público.

Creo que la profesión de ser periodista puede ser muy noble, pero también puede ser todo lo contrario. Desde mi profesión como psicóloga podría caer muy bajo y decir que la frase "las mujeres integran la legión de uruguayos que descargan sus frustraciones y su violencia en los más débiles, que no son las mujeres sino los niños y niñas", tiene que ver con el relacionamiento en las primeras etapas del periodista con su madre; pero esto no lo voy a hacer porque es una falacia y no tiene ningún sentido. Además eso sería depositar la culpa en la madre del periodista que nada tiene que ver. Pero si fuera por ese camino tan ruin mi argumento sonaría bastante disparatado, ¿verdad? Bueno, tan disparatado como la frase que cite arriba escrita por el periodista.

Mucho hay que hablar y discutir en relación a la violencia, sea la violencia sobre las mujeres, la violencia sobre los niños y niñas, la violencia sobre algunos hombres, la violencia del racismo, la violencia contra las personas LGBT, la violencia contra las personas que no llegan a fin de mes. Muchas son las violencias, tratemos de verlas y aportar desde nuestro lugar para combatirlas, y no perdamos el tiempo en deslegitimar las luchas que tanto nos cuesta dar.

*Esta nota fue publicada en la cuenta de Facebook de la autora y enviada a El Observador.

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