Las marchas hacia la plaza del malhumor

Los uruguayos están preocupados por la economía y la seguridad, y el oficialismo propone elección anticipada y un plebiscito para cambiar la Constitución
Por Nelson Fernández

También en julio, pero hace 100 años, el sector político predominante de Uruguay impulsaba una elección para una Convención Constituyente con la intención de reformar la carta. José Batlle y Ordóñez creyó que tenía la elección ganada. La legislación de protección de derechos obreros, el impulso del rol del Estado, y reconocimiento de derechos, como el divorcio, daban espalda ancha al líder político.

La elección de constituyentes fue el 30 de julio de 1916. Y Batlle perdió. La derrota fue dura y obligó a repensar la estrategia. Cien años después, el sector político predominante de Uruguay impulsa una elección para una Convención Constituyente con la intención de reformar la carta.

Los grupos del Frente Amplio que están en esa línea creen que por sus leyes de protección de derechos obreros, por el impulso al Estado en la economía, por la mejora de estos años, y por el reconocimiento de derechos en la legislación, tienen una victoria en el horizonte.

Si no fuera así, no se meterían en una elección de constituyentes, ya que lo que quieren hacer es dar a la Constitución una "orientación progresista", con reconocimiento de la "propiedad social" y con énfasis en la "integración latinoamericana". Pero, ¿acaso tienen la elección ganada?

En uno de los sectores del Frente Amplio manejan la tesis de que aun perdiendo esa elección, con un tercio de constituyentes pueden forzar que una parte de la reforma se plebiscite por separado. Muy rebuscado eso y no cambia el riesgo de derrota.

La reforma tiene una meta: hacer un Uruguay más a la izquierda. Y con una economía con un sesgo "progresista".

¿En qué contexto económico y social cae esta movida política? Es el peor momento para plebiscitar al gobierno.

Los uruguayos están malhumorados, preocupados; unos porque se ven afectados por el empeoramiento económico y otros porque presienten que no zafarán de un panorama complicado. En función de esas preocupaciones y temores, toman decisiones.

Y esas decisiones, con pesimismo, empujan la tendencia hacia abajo.

Los que pensaban que la bonanza seguiría sufrieron un baño de agua fría con el anuncio del gobierno de medidas para frenar el deterioro fiscal.

Para convencer de la necesidad del ajuste, el Ejecutivo debió advertir sobre riesgos para la economía. Si alguno no creía que la situación era complicada, ahí le cayó la ficha.

El producto dio baja leve en el comienzo del año y la discusión se focalizó en si se trataba de estancamiento o de un crecimiento leve, a menor tasa que meses anteriores. Pero hay un indicador que viene avisando que todo está más complicado.

Cuando la gente va a un supermercado en la góndola se mezclan productos locales e importados, o sea, la oferta es ese conjunto amplio. Y ahí la tendencia es recesiva desde el año pasado.
La oferta agregada, o sea la suma de producción local más productos importados, lleva cuatro trimestres con tasas de caída interanual.

Había crecido 2,9% en el verano de 2015, pero en abril-junio de ese año dio una baja de 1,9%; en julio-setiembre una caída de 3,7%, cerró ese año con una baja de 2,4% y abrió el 2016 con una caída significativa de 5,1%

El salario real siguió en suba aunque a menor ritmo y ahora quedó apenas un punto por encima de la inflación.

Eso vale para los que tienen trabajo, pero como el desempleo ha tenido cierto aumento y como los que trabajan por cuenta propia no pueden subir sus ingresos como si fuera en un convenio salarial, muchos hogares ven afectado su poder de compra.

El ingreso familiar venía perdiendo ritmo y con tendencia a estabilizarse, pero este año insinúa una baja y en el primer cuatrimestre del año el poder adquisitivo dio una caída interanual de 1,7% (-2,1% en la capital y -1,4% en el interior).

No será dramática la baja, pero toca el bolsillo de la gente. La encuesta de Cifra divulgada esta semana (solo 15% considera que la situación económica del país es buena); la de Equipos sobre confianza del consumidor (cayó 5,8% en mayo y quedó cerca de "pesimismo atendible"), y otras mediciones por el estilo coinciden en reflejar un aumento de la preocupación de los uruguayos por la economía.
Eso, mientras no afloja la preocupación por la inseguridad.

El presidente Tabaré Vázquez había focalizado bien la agenda al inicio de este año.
Tuvo mala suerte o poca efectividad, pero con su olfato político apuntó a esas preocupaciones.
Convocó a una cumbre de expresidentes para abordar el caso de la búsqueda de petróleo. Aunque un resultado exitoso no diera impacto inmediato, el solo hecho de un anuncio positivo hubiera impulsado acciones pro crecimiento.

El otro tema elegido por Vázquez fue la seguridad pública. Y para eso convocó a representantes de todos los partidos y con voluntad de aceptar un cambio de enfoque de las medidas.
El Frente Amplio va por otra ruta.

Propone una elección nacional en los próximos meses, una asamblea que deberá alquilar gran local durante un año para sesionar, un plebiscito con voto obligatorio después...

Todo eso para quitar poder al presidente de la República, para dar derecho a voto a quienes viven en el exterior, limitar la posibilidad de acuerdos comerciales, estableciendo una línea de acción de integración sudamericana, y modificar las reglas sobre propiedad privada y establecer las de "propiedad social", entre otros asuntos.

Imaginemos a la opinión pública como una plaza céntrica de Montevideo. Una plaza a la que la gente confluya a expresar su sentir. Y hay varias avenidas por las que esa gente llega a la plaza.
Son marchas de malhumorados.

Un colectivo que llega por una avenida es el de obreros industriales (donde el personal ocupado bajó 6,9% y las horas trabajadas se redujeron 8,3%).

Otra columna que llega a la plaza es la de los trabajadores de la construcción y los comerciantes vinculados al sector. Van cinco trimestres de baja de la construcción, según los datos del PIB.
Por otra avenida llegan los empleados del transporte, molestos con lo de Raincoop y la IMM.
También están los de la pesquera Fripur, que sienten que los han dejado en banda, cuando pretendían que el gobierno y el Frente Amplio tenían una responsabilidad con ellos.

Los malhumorados que esperan por una garrafa de supergás en invierno y no entienden por qué siempre hay paro. Los que tienen derecho a la salud pero sufren demora en atenderse o no consiguen hora para un especialista. Los que fueron víctimas de robo. Los que tienen que aceptar una baja de sueldo para mantener el empleo, los que pierden horas extras. O los que pierden clientes.

Es como si varias columnas de colectivos sociales fueran hacia la plaza de Cagancha.
Unos llegan por 18 de Julio desde plaza Independencia, otros desde el Obelisco, otros subirán por Rondeau y otros llegarán por el Pasaje de los Derechos Humanos.

Confluirán ahí, en la plaza. La plaza del malhumor.

Pero el Frente Amplio parece irse por la perimetral, lejos del centro.

Alejado de la gente.


Populares de la sección