Las palabras que faltaban en español

Exonario, del argentino Jorge Mux, glosa unos 270 vocablos nuevos, casi todos inventados por este profesor de Filosofía del Lenguaje y escritor de ficción futurista; en su blog ya hay 1.400 neologismos

La costumbre de no cerrar la puerta. El hábito de guardar envases vacíos. Utilizar un insulto en forma equivocada. Sentir que se olvidó una buena idea. Envidiar a un superhéroe. Es decir: morifendia, cenotimia, mensultar, letifrema y cratoftonia. Palabras que no están en el diccionario “pero que deberían existir”: eso es el Exonario.

Este libro de reciente aparición es un compendio de 270 vocablos inventados –casi en su totalidad– por el argentino Jorge Mux, profesor de Filosofía del Lenguaje en la Universidad Nacional del Sur de Bahía Blanca.

Según su propia definición, Exonario es un “catálogo de voces y acepciones nuevas que no pueden encontrarse en un diccionario”.

El origen de este particular glosario radica en la afición de Mux por escribir cuentos de ficción futurista. “En algunos casos tenía que inventar nombres para objetos que todavía no existían. De ese modo, jugando con la etimología, conseguí 10 o 15 nombres. Me pareció una idea interesante ponerlos en un blog. Luego hice un hábito de jugar con los componentes etimológicos de las palabras”, cuenta el profesor bahiense a El Observador.

Fue así como el 20 de noviembre de 2006 nació el Exonario en formato blog, con tres palabras. La primera fue nosófobo (de gnosis y fobo): “Persona que tiene horror al conocimiento y a cualquier actividad relacionada con él”.

Desde entonces su creador fue agregando palabras casi a diario, hasta alcanzar las casi 1.400 que hay ahora. El 90% son invenciones suyas; el resto son aportes ajenos.

“Cada día se me ocurren dos o tres palabras. Aunque ya estoy un poco cansado de escribirlas”, sostiene Mux. “Al principio tenía como una obsesión con inventar palabras y pensaba todo el día en eso. Ahora no tanto. Por suerte”.

En enero de 2011 recibió una llamada telefónica de un agente editorial que había visitado el blog y creía que lo visto allí era “publicable”. Finalmente, en julio de este año ese contacto telefónico se concretó en un libro de 284 páginas y tapa amarilla.

“Los lectores de Exonario por lo general no tienen ningún interés ni en la etimología, ni en las palabras inventadas, ni en la definición, sino en el pequeño texto que acompaña todo eso.

Creo que les gusta la experiencia estética de darle un nombre extraño a algo muchas veces familiar y que, curiosamente, no tenía nombre”, afirma su creador.

Consultado sobre cuáles son sus preferidas, Mux destaca dos. Una es megaloclepsia (apropiación arbitraria de un objeto que por su tamaño, distancia o naturaleza no permite el ejercicio de la propiedad). “Es el caso de las personas que dicen ser propietarias del Sol, de la Luna, de los números o el caso de ciertos reyes cuyo territorio es tan vasto que no pueden abarcarlo con su poder. Me pareció que la definición era útil, y me gusta como suena”. La otra es colocio (lugar en que se dejan objetos que no tienen un lugar fijo, como ser papeles, caramelos, clips, suvenires o monedas). “Esta me gusta porque se refiere a algo que cotidianamente padecemos en nuestras casas y oficinas”, dice su inventor.

En cuanto a las creaciones más exitosas, Jorge Mux reconoce que “la difusión de estas palabras ha sido escasa”. Sin embargo destaca dos “que se han utilizado en ciertos contextos”. Ellas son: claudir (cerrar bien una puerta sin necesidad de ponerle llave o candado) y morifendia (manía o mala costumbre de dejar las puertas, las alacenas, los frascos, las canillas y las cremalleras entreabiertos o mal cerrados).

Como toda selección, también la versión en papel del Exonario es limitada. Por eso no está de más darse una vuelta por el blog en cuestión –antes o después del libro–. Allí hay más de 1.000 creaciones que no están en el papel. Como alomémesis (variación que van sufriendo los recuerdos cada vez que son recordados) y procurenuvia (cuidado especial que se tiene con las cosas cuando son nuevas).


Fuente: Marcos Robledo

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