Las primeras señales de la economía de Trump

El nuevo gobierno de Estados Unidos será portador de buenas y malas noticias por lo que habrá que ver en qué medida se cumplen las promesas previas a la elección.

Alberto Bensión

El próximo acceso de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos ha despertado una diversidad de especulaciones sobre los cambios que el eventual cumplimiento de sus promesas en la campaña electoral podrá promover en la economía.

Los mercados ya están anunciando una primera respuesta. En contra del marco de incertidumbre y volatilidad que se esperaba después del triunfo del candidato republicano, el dólar se ha fortalecido hasta su mayor nivel en una década, el rendimiento de los bonos del Tesoro es el mayor de los últimos dieciséis meses y el precio de las acciones está en un nivel récord.

En línea con las promesas de la campaña electoral, el nuevo gobierno está anunciando una rebaja de la tasa del impuesto sobre la ganancia de las empresas del 35 % al 15 % y un impuesto por una única vez del 10 % sobre la repatriación del impuesto a las ganancias que las empresas americanas tienen retenido en el exterior. También habrá una rebaja del impuesto sobre el ingreso de las personas, compensado con una supresión de las deducciones que hasta ahora beneficiaron a las personas de mayores ingresos.

Al mismo tiempo, hay una promesa de aumento del gasto en defensa e infra estructura en caminos, puentes y aeropuertos de más de U$S 500.000 millones en la próxima década.

Por ello es que, superado un cierto desconcierto inicial, los mercados esperan para el próximo año un mayor ritmo de crecimiento de la economía y de los precios, con un aumento del déficit fiscal y la deuda pública.

La posición de la Reserva Federal en cuanto a la más que probable suba de la tasa de interés será entonces decisiva para determinar el efecto neto sobre el crecimiento de la economía. Porque en principio ella no sólo habrá de aumentar el costo de la deuda pública sino que además contribuirá a afianzar una mayor fortaleza del dólar, afectando a la capacidad de competencia de la producción interna con relación al resto del mundo.

A la espera de un mayor detalle sobre estas y otras medidas, la opinión especializada ha adelantado otras consideraciones con vistas a un efecto restrictivo de más largo plazo sobre la potencialidad de crecimiento. En particular, porque las trabas anunciadas por el Sr. Trump sobre el comercio internacional y la inmigración podrían impulsar el alza de los precios y una contracción de la fuerza de trabajo.

Con respecto al comercio internacional, en su campaña electoral el candidato republicano se manifestó en desacuerdo con los acuerdos vigentes o en vías de aprobación con otros países.

Ello anticipa una posible renegociación del NAFTA, a la que difícilmente podrán negarse tanto México como Canadá. Como un anticipo de los cambios que de ella podrán derivar, Ford ya anunció que va a instalar su nueva fábrica del modelo Lincoln en Kentucky y Carrier parece que lo hará en Indiana, ambos descartando a México, que estuvo bajo consideración.

Pocos días después de la elección, el Sr. Trump anunció el retiro de Estados Unidos del proyectado Acuerdo Trans Pacífico que había impulsado el Presidente Obama. Esta decisión abre un nuevo escenario internacional.

En la reciente reunión de la Cooperación Económica Asia Pacífico celebrada en Lima, todos los participantes expresaron su acuerdo en promover la libertad de comercio en contra de las tendencias proteccionistas. Sin el TPP, todo indica que China pasará a ejercer el liderazgo regional que ese acuerdo buscó neutralizar. Por ello está impulsando ahora la Asociación Económica Regional Amplia, que excluye a Estados Unidos, al tiempo que fue anunciado un principio de acuerdo con Rusia para impulsar una zona de libre comercio.

En cuanto a la relación comercial de carácter bilateral, el Sr. Trump prometió revisar la relación con los países que a su juicio han abusado de su acceso al mercado americano. En esta materia, el presidente de Estados Unidos tiene facultades como para sancionar en forma unilateral a los países que incurren en lo que la legislación americana denomina "prácticas desleales" o "manipulación de la moneda".

Por ello el Sr. Trump estaría en condiciones de gravar a las importaciones provenientes de China, tal como lo prometió. Es obvio, sin embargo, que es un tema en el que deberá moverse con mucha cautela, porque China es la segunda economía mundial y el principal acreedor mundial de Estados Unidos.

Además, los cuestionamientos a la política cambiaria china ya no tienen la misma fuerza que años atrás. El ritmo de crecimiento de sus exportaciones está en baja y el gobierno está tratando de evitar una mayor depreciación del yuan, para lo que vendió unos U$S 570.000 millones en el mercado cambiario en los doce meses previos al mes de agosto del corriente.

Por otra parte, un enfrentamiento comercial con China despertaría inevitables represalias comerciales de significación. A vía de ejemplo, hay quienes especulan con que los pedidos chinos a Boeing podrían ser desviados a favor de la europea Airbus y lo mismo podría ocurrir con otros bienes como los teléfonos inteligentes, la soja y el maíz.

En resumen, parece que en el futuro inmediato el nuevo gobierno de Estados Unidos será portador de buenas y malas noticias para la economía mundial. Antes que nada, habrá que ver en qué medida se cumplen en correspondencia con las promesas previas a la elección.


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