Las pruebas nucleares de Kim Jong-un

La inestable Corea del Norte aumentó su voltaje con una serie de ensayos que sacuden a aliados y enemigos

Malasia


Malasia

Por los recientes sucesos, Malasia es uno de los países "nuevos" en la red del miedo de Corea del Norte.

Tras la muerte de Kim Jong-nam en un aeropuerto de Kuala Lumpur, Kim Jong-un –principal acusado junto a su servicio secreto de matar a su hermano, quien era visto por la comunidad internacional como posible carta política en caso de desarticularse el régimen dictatorial en Pyongyang– cerró la salida de ciudadanos malayos de sus fronteras.

También, Malasia tomó la misma medida con emisarios diplomáticos de Corea del Norte, que tiene embajada allí.

Una sospechosa de la muerte de Jong-nam está dentro de la embajada norcoreana en la capital malasia, afirmó ayer la publicación Asia One. Malasia pide cooperación al régimen de Jong-un, por ahora sin éxito.

Japón


Japón

No sorprende que, hace seis días, Japón realizara un nuevo ensayo de evacuación ante la eventualidad de un ataque norcoreano a sus tierras.

La visita del primer ministro Shinzo Abe a Donald Trump se saldó con una cena interrumpida por los ensayos balísticos de Kim Jong-un hacia el mar de Japón. Esto fue considerado una nueva ofensa de Pyongyang, en este caso hacia Tokio.

El suceso ameritó la disposición de una serie de sanciones hacia Corea del Norte, incluso por parte de algunos de sus aliados. El jueves, Corea del Norte acusó a Japón de espionaje, luego que se supiera, en pocas horas, de un ensayo balístico fallido por parte del ejército de Jong-un.

Corea del Sur


Corea del Sur

Por frontera y por historia, el principal afectado por cualquiera de las medidas de Jong-un es Corea del Sur.

La frontera conocida como DMZ (sigla que significa 'zona desmilitarizada', pese a que es una de las zonas más densamente militarizadas del mundo) suele ser un espacio tranquilo hasta con algo de teatral: por allí, los turistas pasan todos los días para ver qué hay al otro lado de la frontera (que es en general todo lo que puede verse de Corea del Norte) y no hay más tensión aparente que la mirada fija entre soldados de Corea del Sur y los del Norte, separados apenas a metros de distancia.

Sin embargo, desde los últimos ensayos balísticos y con la reciente caída de la presidenta surcoreana, Park Geun Hye, la posibilidad de una "reunificación" con Corea del Norte (una de las prioridades de la ahora expresidenta) parece algo que va mucho más allá de ser una quimera.

Corea del Sur depende mucho de lo que provea, como aliado en este caso, Estados Unidos.

Estados Unidos


Estados Unidos

El pasado 17 de marzo, en el marco de su primera visita a Seúl, el secretario de Estado de la administración Trump, Rex Tillerson, aseguró que se terminó la "paciencia estratégica" con el régimen de Kim Jong-un.

Esto marca una importante diferencia con la táctica empleada por Barack Obama de utilizar sanciones y esperar por el desarme o la caída del régimen de Pyongyang.

Tillerson no descartó la utilización de la fuerza militar aunque dijo: "Obviamente, no queremos que eso suceda". Sin embargo, aseguró que "todas las opciones están sobre la mesa" mientras Corea del Norte quiera seguir impulsando en desarrollar un arsenal nuclear y, además, siga intentando obtener un misil intercontinental que pueda alcanzar territorio estadounidense.

En concreto, Hawái es una de las zonas estadounidenses que están en alerta por esta posibilidad, dada su proximidad oceánica con el continente asiático.

En concreto, lo que Estados Unidos propone es un tratado de paz a cambio de la detención del desarrollo de armas nucleares.

China


China

Para el panorama internacional, China juega dos roles respecto de Corea del Norte.

En primer lugar, es un mediador: sin ir más lejos, esta semana uno de sus oficiales pidió a Rex Tillerson –durante la visita a China del secretario de Estado estadounidense– que tenga un acercamiento más medido a los problemas con Pyongyang para no generar una escalada violenta.

En segundo lugar, es uno de los principales respaldos que tiene Kim Jong-un, ya que China es uno de los pocos clientes que tiene la debilitada economía norcoreana (publicaciones como Foreign Affairs señalan que entre el 80% y el 85% de las exportaciones del régimen son hacia el gigante asiático).

Tras sus ensayos balísticos, Pekín anunció que dejaría de comprar carbón de Corea del Norte durante un año, una medida que significaba un gran golpe a la economía del régimen de Jong-un, pero que no parece haber surtido gran efecto.

En parte, expertos en el tema señalan que cuando China toma este tipo de medidas, en realidad lo que hace es reducir las cantidades que compra para pagarlas a precios aún más inflados.

En los hechos, Donald Trump –que culpó vía Twitter a China esta semana por no contener a ese país durante años– espera que el régimen de Xi Jinping presione más a Pyongyang conforme Estados Unidos recrudece su mensaje.

Rusia


Rusia

También con fronteras con Corea del Norte, Rusia juega un papel quizá más distante con Kim Jong-un, al menos en apariencia.

Tras las quejas de Rusia por la activación de la enorme batería de misiles Thaad por parte de Estados Unidos en la frontera entre las dos Coreas, ahora el ministro de asuntos exteriores de la administración de Vladímir Putin, Serguéi Lavrov, anunció que se trabaja activamente junto a Japón para frenar los ensayos balísticos de Kim Jong-un.

Es la primera vez, desde la anexión de Crimea por parte de Rusia, que Japón y este país conversan. Japón tiene una controversia con Rusia a propósito de una serie de islas que quedaron bajo control ruso tras la segunda guerra mundial, seguramente un tema de discusión previsto para abril, cuando Shinzo Abe visite Moscú.



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