Las razones de por qué Turquía es cada vez más objeto de atentados

La masacre en el aeropuerto es una muestra del recrudecimiento del conflicto
Por Leandro Rodríguez
Especial para El Observador desde Turquía

Paz en casa, paz en el mundo" es la frase que más se repite del fundador de la república turca Mustafa Kemal Atatürk. Hoy su nombre está impreso en todos los diarios del mundo, paradójicamente no como símbolo de paz sino como huella de la guerra. El martes por la noche, el aeropuerto de Estambul que lleva su nombre fue víctima de un ataque con explosivos que dejó un saldo de al menos 42 muertos y más de 200 heridos, de los cuales un centenar permanecía todavía anoche en hospitales.

Que una bomba explote en Turquía pasó a ser una noticia recurrente en el último tiempo. Desde hace un año se produjeron atentados suicidas prácticamente todos los meses, y no parece que eso vaya a cambiar en el futuro próximo.

Lo que llama la atención del ataque más reciente es que fue realizado en el tercer aeropuerto más transitado de Europa, por donde pasan 60 millones de pasajeros al año de todas partes del mundo, y que queda en una metrópolis, centro turístico, histórico, cultural y económico.

Cuatro atentados son los que registró Estambul en lo que va del año. El 12 de enero un atacante suicida del Estado Islámico (EI) se inmoló junto a un grupo de turistas alemanes. El 19 de marzo un yihadista también se hizo explotar en Istiklal Caddesi, la peatonal más transitada del distrito turístico de Taksim. Y este mismo mes, el 7 de junio, 12 personas murieron en un ataque realizado por el grupo kurdo TAK (Halcones de la Libertad del Kurdistán), que hizo explotar un coche bomba en el barrio de Fatih Vezneciler.

Pero la gran ciudad turca no es el único lugar donde hubo atentados. La capital del país, Ankara, tiene la triste marca de haber recibido el peor ataque terrorista en la historia de Turquía en octubre del año pasado.

En ese episodio, dos militantes del EI se inmolaron en una manifestación por la paz organizada por grupos pro-kurdos y sindicatos de trabajadores. El resultado fue 103 civiles muertos y más de 400 heridos.

Guerra contra el terrorismo

Desde que en julio de 2015 un soldado turco murió en la frontera con Siria como consecuencia de disparos provenientes de una zona controlada por el EI, el Ejecutivo de Ankara abandonó la posición ambigua que tenía frente al grupo yihadista y le declaró la guerra abierta "a todo tipo de terrorismo".

Esto no solo sirvió como excusa para comenzar a perseguir activamente a los miembros del grupo en territorio turco y atacar vía aérea posiciones del EI en Siria, sino también para retomar otra guerra interna con el grupo armado kurdo PKK (Partido de los Trabajadores del Kurdistán), con el que había un acuerdo de cese al fuego desde 2013.

Esta nueva política se aplicó en un contexto de elecciones legislativas celebradas en junio del año pasado, en las que el partido de gobierno no alcanzó la mayoría en el Congreso porque –por primera vez en la historia de Turquía– un grupo político de raíces kurdas, el Partido Democrático del Pueblo, logró el 10% de los votos, cantidad mínima para acceder al Parlamento.

En ese escenario, el oficialista Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP), liderado por el presidente Recep Tayyip Erdogan, no pudo formar gobierno y se convocó a nuevas elecciones para noviembre de 2015. En esa segunda instancia, el partido de Erdogan aumentó casi 10% sus votos gracias al discurso polarizado y la nueva estrategia armamentista frente a los conflictos internos y regionales, y eso le permitió formar un gobierno sin necesidad de alianzas.

La guerra semántica

El éxito del nuevo discurso del gobierno, reflejado en las urnas, le dio un respaldo al AKP y en especial a su líder Erdogan. Si bien el mandatario no tiene funciones ejecutivas en un sistema parlamentario como el turco, su poder es indiscutible. Hace un mes hizo renunciar a su mano derecha y primer ministro Ahmet Davutoglu por diferencias entre ambos. Además, está impulsando una reforma constitucional para instaurar un régimen presidencialista y es la cabeza detrás de la estrategia geopolítica de Turquía.

Ese poder le dio vía libre para tildar de "terrorismo" a toda piedra que se ponga en su zapato. "Terroristas" no solo son el EI o el PKK, sino también los legisladores kurdos del Partido Democrático del Pueblo, periodistas que decidieron destapar casos de corrupción y tráfico de armas en el gobierno –que tienen un juicio abierto por "traición a la patria" y divulgación de secretos de Estado–, e incluso académicos que fueron formalmente acusados por firmar un pedido colectivo llamado "Académicos por la paz", que pedía un cese al fuego en la zona kurda de Turquía y una reducción en las medidas autoritarias del gobierno central.

La guerra contra el terrorismo, a su vez, le genera conflictos con la Unión Europea. En las negociaciones para contener el flujo de refugiados que ingresan a través del Mar Egeo, la Unión Europea se comprometió a un pago de US$ 6.000 millones y a levantar la restricción del visado para ciudadanos turcos en la zona Schengen, pero las restricciones desde el bloque continúan.

Si bien el acuerdo está vigente desde marzo y el flujo de refugiados bajó considerablemente debido a la política de deportaciones que está incluida, las negociaciones están trancadas y los turcos siguen sin poder entrar a Europa. Uno de los puntos del acuerdo, el más polémico, incluía la modificación de las leyes antiterroristas de Turquía, algo que el gobierno no parece estar dispuesto a cambiar. Especialmente, cuando los atentados como los de Estambul siguen sucediendo.

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