Las señales de Trump de que está fuera de control

Para muchos, el miedo a lo que pueda declarar el jueves el exdirector del FBI sobre la relación del presidente con Rusia está detrás de su nueva incontinencia tuitera

En los últimos cinco días, el presidente de EEUU Donald Trump logró algo que parecía imposible: profundizar su incontinencia verbal en Twitter. Atacó al alcalde de Londres, Sadiq Khan, luego de que la ciudad fuera víctima de un nuevo ataque terrorista; criticó a su propio Departamento de Justicia por la falta de avances de su prohibición de entrada de inmigrantes de países musulmanes, volvió a arremeter contra los medios y hasta atacó a un aliado próximo como Catar, plegándose a las acusaciones de que protege organizaciones terroristas.

Un Trump clásico, dirán muchos. Pero aunque la verborragia del presidente ya no sorprenda, la especial virulencia de sus ataques en los últimos días tiene una explicación, según muchos analistas estadounidenses: la comparecencia ante el Congreso, el jueves, del exdirector del FBI, James Comey, despedido hace poco más de un mes por el propio Trump. Comey declarará ante la Comisión que investiga la posible intervención rusa en las elecciones de Estados Unidos, colaborando con la campaña de Trump. Pero no solo eso: la expulsión de Comey plantea la pregunta de si Trump puede ser investigado por obstrucción de justicia.

Y toda esa nube de dudas parece estar metiéndose dentro de la cabeza del presidente.

Tuits de madrugada

"Si uno mide el estado emocional del presidente Trump por el número de tuits que escribe de madrugada, o por el número de puntos de exclamación y palabras con mayúsculas, entonces parece estar perdiendo la cabeza. Las nuevas críticas en múltiples frentes parecen haber desencadenado su más reciente colapso", escribió en el Washington Post la analista Jennifer Rubin.

Alguna vez, Trump amagó con apelar a la normalidad. Su discurso de Estado de la Unión, en febrero, fue elogiado por propios y ajenos. Parecía que si Trump se controlaba, y se centraba en las noticias positivas, como la recuperación económica o el avance de sus proyectos, en lugar de dejar de prestar atención a los medios y el escándalo ruso, podía llegar a tener, por fin, un tono presidencial.

Pero no. El escándalo ruso le vuelve cada día y -otra vez contra todo manual- Trump va de frente al torbellino en lugar de esquivarlo.

Ira con Londres

El sábado, cual internatua común, retuiteó a Drudge Report, un medio sensacionalista de EEUU, hablando del ataque terrorista en Londres, sin esperar su propia información de inteligencia. Pero luego arrancó con la diatriba contra el alcalde de Londres, en contra de cualquier manual político, que indica establecer solidaridad con las víctimas.

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Para peor, Trump corrió el foco y acusó a Khan de haber dicho algo que no dijo. "Lo que Khan dijo el domingo fue que el público 'no tenía motivos para alarmarse' por el aumento de la presencia de la policía en las calles, y no, como sugiere Trump, no deberían ser indiferentes al terrorismo. La respuesta estoica y desafiante de Khan sigue la tradición de Churchill durante el bombardeo de 1940 y 1941, y de Thatcher durante la campaña de terrorismo del Ejército Republicano Irlandés. Los londinenses se han reunido a su alrededor. Trump, por el contrario, suena ridículo", escribió Eugene Robinson, del Washington Post.

Ataca a sus aliados

No contento con eso, el atentado en Londres motivó al presidente de EEUU a disparar varios tuits contra el trancazo de su cierre de fronteras –el caso acaba de llegar a la Corte Suprema luego de que varios tribunales le bloquearan la iniciativa original, e incluso la versión posterior, que ahora que se sabe que para Trump es un proyecto "pasado por agua".

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"Lo que coinciden hoy en EEUU todos los analistas es que Trump se cavó la fosa con esa serie de tuits. "Si las declaraciones de Trump durante la campaña -llamando a una inconstitucional prohibición general de visitantes musulmanes desde cualquier lugar- son discutibles como prueba ante los tribunales, sus declaraciones escritas como presidente, sin embargo, son claramente pertinentes. Los opositores a la prohibición podrían querer enviarle flores", escribió la analista Eugene Robinson.

Cómo será que Kellyanne Conway, una de sus más mediáticas asesoras, tuvo que salir a defender al presidente al opinar que los medios "se obsesionan demasiado con los tuits del presidente", como si no fuera el comandante en jefe del país más poderoso del mundo hablando directamente al mundo.

Y como si fuera poco, siguiendo el discurso de su aliado Arabia Saudita, este martes dijo que Catar fomenta el terrorismo. Solo hay un problema con eso: EEUU tiene una enorme base militar en territorio catarí.

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Lógicamente, luego apeló a lo de siempre: acusar a los medios de comunicación de querer censurar su uso de Twitter.

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“Está francamente frustrado, y no siempre consulta a sus abogados sobre cada tweet. Pero está enviando su mensaje. Está confiando en sí mismo para ser el mensajero”, dijo a Washington Post Christopher Ruddy, colaborador de Trump y presidente de Newsmax Media, un medio conservador. “Es una distracción, y él necesita centrarse", dijo mientras tanto el exasesor de la campaña Trump Barry Bennett. "Cada momento que gasta en cualquier otra cosa que no sea la economía en ascenso es un desperdicio que interrumpe todo".

El miedo a Comey

"Detrás de todo eso parece estar James Comey y su declaración del jueves. "Comey podría ser una de las pocas personas sobre las que Trump tiene cero ventaja competitiva. No puede echarlo nuevamente, ni amenazarlo (sin demostrar que está obstruyendo la justicia). Comey no puede ser comprado. Los trucos habituales de Trump fallan aquí. Su propia credibilidad es tan atroz que si el tema se reduce a su palabra contra el exjefe del FBI, nadie dudara en confiar en Comey", escribió Jennifer Rubin de Washington Post. Y concluyó con lo más preocupante para el presidente. "Si piensan que esto ya es desestabilizador, esperen al jueves".

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