Las violentas cárceles uruguayas

La crítica situación carcelaria, especialmente en el Comcar, es un generoso contribuyente a la inseguridad pública

La crítica situación carcelaria, especialmente en el Comcar, es un generoso contribuyente a la inseguridad pública. Por un lado, las degradantes condiciones en que viven miles de reclusos, sin perspectivas de rehabilitación social, son una inducción a la reincidencia delictiva cuando vuelven a las calles. Por otro, la corrupción e insuficiencia de controles permite a narcotraficantes y otros malhechores presos seguir timoneando desde la cárcel delitos de todo tipo a cargo de compinches en libertad. El resultado es que "las cárceles uruguayas son actualmente entre cinco y seis veces más violentas" que las de Argentina o Chile, según denunció a Observador TV el excomisionado parlamentario para el sistema carcelario, Álvaro Garcé, actualmente asesor del Partido Nacional en materia de seguridad.

Garcé señaló que en 2015 hubo 43 muertes violentas en las cárceles entre homicidios y suicidios y que alcanzaron a 34 en los primeros nueves meses de este año, cifra similar a la de países vecinos comparados. Pero la diferencia es que esos países tienen hasta seis veces más reclusos que los algo más de 10.000 que hay en Uruguay. Aseguró que en algunos módulos del Comcar peligran "la vida y la integridad física" no solo de los presos sino también de los funcionarios y visitantes y explicó las múltiples causas del explosivo estado interno. Una es el ocio compulsivo, generado por la falta de actividades como trabajo, deportes u otras que alejen a los reclusos de tendencia a la violencia cuando no tienen otra cosa que hacer y que explota en cualquier momento, así como la ausencia de programas efectivos de rehabilitación. Otras son el consumo masivo de drogas, que afecta al 75% de la población carcelaria y la corrupción rampante entre algunos funcionarios, ante la tolerante complacencia de las autoridades.

La inacción oficial que denuncia Garcé deriva del viejo error de mantener a la Policía como guardia carcelaria. Desde hace muchos años se manejan proyectos para reemplazarla en esa función con personal especializado e independiente del ministerio del Interior. Bajo la administración Vázquez se anunció que finalmente se tomaría ese curso, como hacen muchos países con sistemas penitenciarios más eficientes. Pero el tiempo pasa sin que se concrete, pese a que se ha multiplicado la falta de seguridad de la población, tema en el que incide la situación carcelaria y que asedia a un gobierno omiso en su obligación de proteger a los ciudadanos.

La gravedad de las condiciones imperantes tal vez se atenúen cuando se complete la construcción en Punta Rieles de una cárcel moderna para 2.000 reclusos, lo que descongestionará eventualmente el Comcar, donde se hacinan más de 3.000 presos, y habilitará para muchos de ellos oportunidades de rehabilitación que hoy no existen. En la cárcel ya existente en Punta Rieles se ha iniciado un novedoso sistema de clases de yoga y diferentes formas de meditación para ayudar a los presos a encontrar "paz interior", según explicó a El Observador la directora del programa Pamela Martínez. Señaló buenos resultados en la veintena de presos que se han incorporado a la iniciativa. Pero es una gota de agua en el caudal de indignidad, corrupción, drogadicción generalizada e inacción oficial que ejemplifica el penoso caso del Comcar.


Acerca del autor

El Observador

El Observador