Laureada artista argentina trae al Solís un clásico sueco

La señorita Julia, de Strindberg, se estrena hoy bajo la dirección de Cristina Banegas

"El vínculo entre los personajes y el público es confrontativo. No soy complaciente con el espectador, eso no me interesa para nada. Me parece que el teatro es un espacio en el que debe ocurrir algo, dentro de lo posible, inolvidable para el espectador y para el actor", afirma la directora argentina Cristina Banegas.

Con una adaptación de los argentinos Alberto Ure y José Tcherkaski (1978) en base a una obra del sueco August Strindberg (1888), Banegas llevará La señorita Julia a la Sala Zavala Muñiz del Teatro Solís, presentando sobre el escenario una reflexión sobre las relaciones de poder, tanto sociales y económicas como sexuales.

La puja retratada se genera entre los personajes de Julia (Belén Blanco), una joven noble, y Juan (Gustavo Sánchez), uno de los empleados de su padre, el conde. Se trata de dos personajes que tienen en común la vehemencia y casi nada más.

Pero durante una fiesta de los sirvientes en celebración de San Juan, ambos tienen un intercambio sexual que desencadena la tragedia inminente.

Mientras que Julia debe enfrentarse a una nueva complejidad en "una vida terrible", como la define Banegas, Juan, ambicioso y manipulador, ve bajo riesgo sus planes despiadados de ascenso social.

"Es una obra intensa en la que Strindberg hace un cruce de naturalismo y tragedia griega que funciona realmente bien", comenta Banegas, especificando que su montaje incluye parte de la adaptación de Ure y Tcherkaski, pero además rescata elementos de la obra original, como traducciones directas del sueco, sin generar en la conjunción variaciones a los ejes temáticos de la obra.

"Strindberg tenía un mundo muy atormentado, paranoico, perturbado y misógino. Y hay que meterse en esa oscuridad", agrega Banegas, que se ha desempeñado como docente, actriz y cantante, y que recibió un premio Emmy en 2012 por su participación en el programa Televisión por la inclusión.

También trabajando con el personaje de Cristina (Susana Brussa), la cocinera de la finca, y con la ausencia del conde, poder máximo dentro de la propiedad, Banegas propone una actuación "intensa, salvaje y penetrante en lo que respecta a la relación con el espectador", según afirma.

En medio de una estilización anacrónica, anclada en algún momento indefinido del siglo XX, Banegas incorpora ruidos que no solo forman parte de la fiesta de San Juan sino que también son internos, "que se dan en las cabezas de los personajes, en sus subjetividades". No obstante, Banegas prioriza la acción por encima del psicologismo.

"Algo que me importa mucho es que la percepción del público sea perforada por la acción, por la energía de actuación que se desata en el escenario. Me interesa que el teatro tenga esa vida, esa intensidad, que además es necesaria inexorablemente para la tragedia", añade.

Sin embargo, no por vehemente debe perder verosimilitud. "Nada está por fuera de lo que se podría llamar una actuación naturalista, solo que la voy corriendo a diferentes intensidades, y a situaciones en las que uno podría preguntarse si lo que pasa es algo que hace el personaje o si es algo que se imagina. ¿Es su fantasía o la está poniendo en acto? Me gusta jugar con esas variables", concluye.

Funciones

Viernes 5, sábado 6 y domingo 7 de febrero.
Jueves 11, viernes 12, sábado 13 y domingo 14 de febrero.
Jueves 18, viernes 19, sábado 20 y domingo de febrero.

Populares de la sección

Acerca del autor