Lean mis labios: no nuevos impuestos

La experiencia de George H. W. Bush en 1988 puede servir al gobierno para ver el riesgo de no cumplir promesas impositivas electorales

En materia de promesas electorales parece haber dos escuelas. Una que considera que se hacen para ganar la elección y que no es necesario cumplir después de ella. Otra que sostiene que las promesas electorales, aunque fueran dichas en una mesa de café, como le pasó a Donald Trump, deben ser cumplidas. Cuando Trump empezó a cumplir promesas inconsistentes o demagógicas o extravagantes cundió la sorpresa en muchos sectores del establishment americano y mundial que pensaron que eran para ganar una elección pero no para gobernar. Trump las está cumpliendo una por una aunque a veces aplica un tono de sensatez o realismo que no estaba implícito en la promesa.

Pero en cuanto a promesas no cumplidas y a sus devastadores efectos, no hay más que remontarse a George H. W. Bush, es decir, Bush padre, presidente de Estados Unidos de 1989 a 1993. En su discurso de aceptación de la nominación por el Partido Republicano hizo una famosa promesa: "Lean mis labios: no habrá nuevos impuestos". Para muchos especialistas esa promesa le ayudó a ganar las elecciones nacionales de 1988. Cuando Bush hizo su promesa impositiva, la economía estaba en crecimiento y se suponía que lo seguiría estando durante varios años. Pero en 1990 el déficit fiscal se había ido de control por la recesión económica y por el aumento automático de ciertos gastos. La ley GrammRudman establecía que en caso de presupuesto desequilibrado, si no había acuerdo para arreglarlo, se harían recortes obligatorios de ciertos gastos. Para corregir la situación, Bush envió al Congreso un proyecto presupuestal que contenía reducciones de gastos pero no aumentos de impuestos. Sin embargo, el Congreso, dominado por los demócratas, no lo aceptó y propuso una solución de compromiso que incluía reducción de gastos y aumentos de impuestos. Varios congresistas republicanos se plegaron a esa propuesta y Bush padre capituló. Había hecho una proLean mis labios: no nuevos impuestos mesa imprudente que no pudo cumplir porque cambiaron las condiciones de la economía. Al día siguiente, el furor estalló y el New York Times tituló: "Read my lips: I Lied". "Lean mis labios: He mentido". Y Bush pagó muy caro el haber incumplido la promesa. En la elecciones de 1992, tanto Pat Buchanan como Bill Clinton se lo recordaron una vez sí y otra también y Clinton se llevó la victoria pese a que Bush venía de tener altos niveles de popularidad por la primera guerra de Irak en defensa del invadido Kuwait.

¿A cuento de que viene esta historia de Bush padre y sus promesas impositivas? A que en Uruguay estamos a punto de vivir un episodio semejante. En épocas de bonanza (elecciones de 2014), pero ya sin viento de cola y con nubarrones en el horizonte y un mal manejo fiscal de la administración Mujica con el acelerador en el gasto, hacían prever la necesidad de "ajuste", "consolidación fiscal" o como quiera llamárselo para que suene lo mejor posible. Para evitar inquietudes electorales, de una batalla que prometía ser, y que fue, reñida, Tabaré Vázquez hizo su solemne promesa en Tacuarembó: "Una de las certezas principales es que no tenemos planificado ni en el horizonte, no tenemos planificado ni en el horizonte (repite por si no quedó claro) ningún incremento de la carga impositiva a la población. Por el contrario, pensamos que en un proceso virtuoso podremos ir reduciendo progresivamente la carga fiscal en el transcurso del próximo período de gobierno".

Una promesa muy clara y muy contundente que luego se vio incumplida por la necesidad de realizar "una consolidación fiscal" en el año 2016, sumada a una mayor recaudación para Rentas Generales vía alza (o no baja cuando correspondía) de las tarifas de las empresas públicas. A pesar de lo cual, el déficit fiscal de 2016 cerró en 4% del PIB, el más alto de los últimos 27 años, incluidos los años de la crisis financiera de 2002 y sus secuelas. Afortunadamente para el Dr. Vázquez, no hubo ningún diario que, como el New York Times, dijera en primera plana que el presidente había mentido.

Ahora el gobierno expresa satisfacción por haber zafado de la recesión en 2016 y aventura mejores tiempos para 2017. Sin embargo, el tema impositivo aterriza nuevamente en el debate nacional porque la coalición de gobierno quiere aumentar el gasto social a pesar de que no hay espacio para ello y quiere financiarlo con nuevos impuestos o con más impuestos. Con "mayor carga impositiva", en una palabra.

Así entramos en 2017. Con la palabra presidencial a punto de hacerse añicos y sin que a nadie del partido de gobierno le importe un pepino. ¿Se sentirán tan confiados en que no se repita lo ocurrido en Estados Unidos en 1992?


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