Leonardo Padura: "Peso cada palabra que escribo"

Una conversación con el celebrado cubano, flamante visitante ilustre de Montevideo
Ganador del premio Princesa de Asturias en 2015, Leonardo Padura tiene en su haber una saga policial muy popular y varias novelas históricas que le han ganado el favor de millones de lectores en todo el mundo. Sencillo y con gran sentido del humor, habla tan bien como escribe, con un acento caribeño que parece restarle importancia a los problemas de la vida, aunque no se le escapa nada. Dice que le hubiera gustado ser beisbolista y que odia, por sobre todo, la envidia. Cuando se le pide que revele un secreto, piensa un rato y responde, con una gran sonrisa, que no tiene imaginación.

Su serie de novelas policiales del detective Mario Conde se inicia en el peor momento de Cuba, en la década de 1990. ¿Fue casualidad?
Sí, es una coincidencia, pero ese período influyó mucho en mi literatura. Yo empiezo a escribir Pasado perfecto, la primera novela de la serie, en 1990, pero el argumento está situado en 1989. La mandé a un concurso que había en Cuba. El texto debió haber ganado, pero decidieron dejar el premio desierto. Después, hablando con el jurado, me contaron que había venido una persona de la organización y había dicho que no se le podía dar el premio a mi novela. No obstante logré publicarla en México. Luego vienen los años más difíciles de Cuba y yo decidí situar toda la serie en 1989, porque la situación se hizo tan peculiar que iba a necesitar explicar demasiado la realidad. Y yo creo que la literatura que explica mucho, se excede. Además, era imposible hacer una novela que se situara en esos años. Mi personaje, Conde, no hubiera encontrado cigarros para fumar, no hubiera encontrado Ron para tomar, no hubiera podido hablar desde un teléfono público. Eran demasiadas limitaciones.

Pero no escribe solo policiales, también tiene varias novelas históricas publicadas. ¿Cómo fue cambiar de rubro?
Me sumó inseguridad. Porque yo siempre pienso que lo mío no vale nada, que no va a importarle a nadie. De los demonios que acechan a los escritores, el mío es el de la inseguridad. Yo, por ejemplo, escribo por versiones. Trato de escribir la novela entera y después se la doy a leer a un grupo de amigos. Y a partir de lo que me dicen voy haciendo sucesivas versiones. Una y otra vez. Hasta que llego al punto de que pienso que he logrado escribir la mejor novela que puedo escribir. Cada uno de mis libros, si no es mejor, es porque no he sido capaz de escribirlo mejor. Nunca por falta de esfuerzo.

En sus novelas hay sexo, drogas, alcohol, violencia, prostitución y un largo etcétera. ¿Todos los temas le interesan?
Todo lo que es pertinente para contar una historia lo puedes utilizar Todo lo que es pertinente para contar una historia lo puedes utilizar
. Aunque yo no trato de escribir una novela total, creo que eso es un disparate. En un texto como Herejes, por ejemplo, aparecen temas como las drogas, la prostitución, la inadaptación de esos jóvenes, pero no los trato para hacer una crítica a esos temas, sino porque son parte esencial de los personajes. Y narrativamente funciona. Que no sea lo que oficialmente se transmite como imagen de Cuba, eso ya es otra historia y no es culpa mía, es culpa de los que crean esa imagen de Cuba, que no se parece a la realidad que vemos los que vivimos allí.

¿Cuál es su método de trabajo?
Trabajo todo los días, de las 7 de la mañana a la 1 de la tarde. Después leo o hago algo de investigación. Pero también creo en la fórmula de Hemingway, que decía que escribir era como sacar agua de un pozo. Y no se puede sacar todo a la vez. Por eso trato de no pensar todo el tiempo en la novela en la que trabajo. Hago pausas para estar con mi esposa, que me ayuda mucho.Y como ya dije, trabajo exhaustivamente en las revisiones. Se diría que peso cada palabra que escribo.
Y como ya dije, trabajo exhaustivamente en las revisiones. Se diría que peso cada palabra que escribo.

De no ser escritor querría haber sido beisbolista. Si no fuera cubano ¿Que le hubiera gustado ser?
Nunca lo había pensado. No me veo como otra cosa que no sea cubano. En última instancia sería latino, pienso. Italiano o español. Pero soy muy nacionalista y creo que todo lo que soy se debe a esa pertenencia a una cultura y a una identidad determinada. Los cubanos somos una nacionalidad bastante jodida. Para que se haga una idea, los otros países de la región nos consideran los argentinos del caribe. Hay un orgullo cubano muy especial, que incluso ha sido explotado políticamente. También somos de darnos palos y besos entre nosotros: nos admiramos y nos queremos, pero a la vez somos muy críticos el uno con el otro. Algo tiene que ver también la insularidad, que es como una prisión.

¿Por qué no se fue de Cuba?
Porque soy un escritor cubano. Le puede sonar algo petulante mi nacionalismo. Pero sucede que también pienso que a los artistas que se fueron, no les fue bien. Emigrar los perjudicó literariamente. Ni a Heredia, ni a Cabrera Infante, Reinaldo Arenas o algunos escritores que en la actualidad están viviendo afuera, la distancia les favoreció, más bien todo lo contrario. Quizás porque para escribir de una realidad hay que conocerla, vivirla.

¿Valió la pena la revolución?
La revolución cubana fue el fruto de una necesidad histórica. Lo que pasaba en Cuba en las décadas de 1940 y 1950 era inadmisible. Que un país con la capacidad económica que tenía Cuba fuera tan corrupto y que eso además terminara en una dictadura sangrienta como la de Batista propició la revolución. En 1950 La Habana estaba destinada a ser Las Vegas. Hoteles y casinos, esa era la idea. La revolución hizo muchos cambios sociales importantes, que abarcaron a muchas personas. Pero pienso que todas esas ganancias sociales, que son importantísimas, hubieran sido aún mejores con más libertad de expresión, de agrupación. Eso hubiera hecho mucho más completo el proyecto. La política de plaza sitiada, a la que contribuyó mucho Estados Unidos, propició en parte también ese recorte de libertades. Aún hoy, que las relaciones diplomáticas se han restablecido, sigue existiendo el embargo económico. De todas formas, pienso que en ningún caso el silencio obligatorio o la censura son soluciones para una sociedad que pretende ser mejor.
Aún hoy, que las relaciones diplomáticas se han restablecido, sigue existiendo el embargo económico. De todas formas, pienso que en ningún caso el silencio obligatorio o la censura son soluciones para una sociedad que pretende ser mejor.

Insisto, ¿sí o no?
Yo creo que sí. Pero también creo que la historia lo dirá. Para muchos valió la pena. Para otros ha sido una experiencia traumática. Y otros han preferido irse del país para esperar el juicio de la historia en otra parte. Mire, le voy a decir algo que me cuesta mucho decir porque va en contra de mis propios intereses. Y es ésta dicotomía que le planteo: si hubiera que elegir entre el silencio impuesto a un escritor o la muerte de un niño, ¿qué hay que elegir? Hoy en día, ningún niño cubano que tiene una enfermedad curable se muere en mi país. Pero sí hay muchos escritores silenciados. Lo dramático es que no tendrían que ser cuestiones antagónicas. Y es terrible que así sea. Pero yo, sigo eligiendo al niño.

A días de la elección presidencial en Estados Unidos, ¿cree que el resultado puede afectar el actual acercamiento de los dos países?
No tengo idea, hay que esperar. Con el acercamiento diplomático me he sentido muy esperanzado y desesperanzado. Que los dos países hayan restablecido las relaciones se puede considerar un ejemplo de hasta dónde puede llegar el entendimiento pacífico entre dos países que fueron enemigos durante 50 años. Yo esperaba algunos cambios elementales, aunque más no sea en la retórica, pero seguimos hablando del imperialismo norteamericano, de la política injerencista de Obama, etcétera. Queremos que cambie y al mismo tiempo queremos que no cambie nada. Y en esa indecisión andamos. Pero necesitamos que cambie.

¿Hay un alma cubana? ¿Cómo es?
Sí, existe. Yo creo que tenemos un espíritu gregario y que somos muy solidarios, pero también que somos muy orgullosos y envidiosos. Lo mejor de nosotros creo que es el humanismo. La masonería en Cuba, por ejemplo, fue una manifestación más de ese espíritu solidario. Que haya médicos trabajando en más de cien países tiene una razón económica evidente, pero también un espíritu solidario indiscutible. En Haití, después del huracán, fueron 200 médicos cubanos a trabajar.

¿Qué lee?
Como soy un falso escritor de novelas policiales y un falso escritor de novelas históricas, leo de todo. Novelistas estadounidenses, sobre todo. Como soy un falso escritor de novelas policiales y un falso escritor de novelas históricas, leo de todo. Novelistas estadounidenses, sobre todo.
Y escritores de mi lengua, no importa si son uruguayos, argentinos o chilenos. También releo mucho. Siempre vuelvo a Cabrera Infante, Vargas Llosa, Rulfo, Cortázar, Vázquez Moltabán. Aunque cada vez leo menos literatura, porque me he metido en investigaciones que me obligan a leer mucho ensayo.

¿La fama le cambió la vida?
Para nada. Sigo viviendo en la misma casa. No puedo cambiar de coche porque salen un cuarto de millón de dólares, y esto no es broma. No he cambiado tampoco de mujer. Lo único distinto es que viajo mucho y por eso desde hace tres años no tengo un perro. Por primera vez en mi vida, no tengo perro. Me duele muchísimo. Pero es el precio a pagar.

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Andrés Ricciardulli