Libros de los que ya no es posible volver

Una antología del cuento extraño

Se dirigió a la góndola de libros de ciencia ficción y miró con interés un ejemplar titulado “Antología del cuento extraño”. Tapas duras y hojas finas. Juan lo hojeó, lo olió y lo volvió a hojear. Ninguno de los cuentos ni de los autores les resultaba conocido y eso mismo lo llevó a comprarlo.

Llevó el libro hasta la caja en donde un empleado pelado le dijo el precio y lo despidió con un muchas gracias. Cuando se alejaba hacia la puerta, el librero lo llamó:
-Señor…
-¿Sí…?
-Nada… Hasta mañana
-Hasta mañana, respondió Juan aunque no pensaba volver.

Se tomó un ómnibus lleno hasta el tope lo que no solo le impidió comenzar a leer el libro sino que le privó de aire limpio durante la media hora que duró el trayecto. Se bajó medio mareado del bus, tanto que tuvo que apoyarse en una pared para no caerse. Tenía cuarenta años y desde los 20 –cuando se comió media sandía con el estómago vacío y salió al trotar al sol- no se sentía tan ido.

Cenó poco, miró mucha televisión y, ya muy entrada la noche, se puso a leer el libro de cuentos extraños. Ahí estaba el relato del hombre que desapareció en un baño de estación y nunca más fue encontrado; el de la mujer que adivinaba el presente; el del perro que ladraba a las horas pares.

Entrar a un libro es entrar a un mundo extraño del que nunca se sale igual, se dijo Juan antes de cerrar el ejemplar y ponerlo boca abajo en la mesita de luz. Durmió bien. Increíblemente bien para lo que era su insomnio habitual. Se levantó, pasó por la panadería, se comió unos bizcochos y se detuvo ante el escaparate de la librería.

Entró y eligió un libro para leer esa noche en la que, como tantas otras, iba a acostarse solo en su cama. Pagó en la caja y cuando se alejaba hacia la puerta, el librero lo llamó:
-Señor…
-¿Sí…?
-Nada… Hasta mañana
-Hasta mañana, respondió Juan aunque no pensaba volver.


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