Liderazgos con problemas

Los referentes de la izquierda están lidiando con áreas de gobierno donde los resultados tardan en llegar

El presidente, Tabaré Vázquez, decidió encabezar públicamente la cruzada contra la inseguridad en el fútbol, seguramente convencido de que una victoria en ese plano traerá el oxígeno político que su liderazgo necesita. En ese plano tiene chances de buen suceso al contrario de sus iniciativas de apertura en política exterior, destinadas a darse de frente contra la muralla tangible del Mercosur.

Si bien el presidente ya no será candidato otra vez, el desempeño del gobierno influirá decisivamente en el futuro electoral del Frente Amplio. Y en la medida que pueda exhibir logros personales, también podrá incidir en una interna desfavorable que no pudo retener la mayoría parlamentaria automática.

El foco está en los liderazgos alternativos. Por ejemplo, es el caso del canciller Rodolfo Nin Novoa, que maneja la política exterior con mayor ponderación y consenso político que sus antecesores, el fallecido socialista Reinaldo Gargano y el ex chavista Luis Almagro. Empuja acuerdos de libre comercio con el área Pacífico y China en medio de la incomprensión de sus compañeros, mientras trata de lidiar con la salida de Venezuela del Mercosur. Libre de las dificultades del gobierno, el carismático José Mujica juega suelto, hace política y afirma una y otra vez que no será candidato en función de su edad y bla, bla, bla. A pesar de eso, unos cuantos le ponen una fichita en el tablero.

Y su ex vicepresidente y actual ministro de Economía, Danilo Astori, le pone el pecho a las balas sin chaleco. Aun cuando la noticia de un crecimiento interanual del 2% en el tercer trimestre vigoriza las perspectivas de cara al futuro, el mes de enero lo encontrará al mediodía y lejos de la sombrilla. Entonces empezarán a regir los aumentos en las franjas del IRPF, así como un incremento de tarifas algo por encima de la inflación y, en algún caso, de los costos operativos de las empresas públicas. No tiene otra para tapar la herencia deficitaria del gobierno anterior. Es lo que debe hacer, pero lejos de aplaudir, la platea tira tomates. No le vendría mal anunciar la meta de eliminar el adicional del IRPF si mejoran los indicadores económicos, aunque ello resulte arriesgado.

El intendente Daniel Martínez no la tiene nada fácil, pero a pesar de ello es el líder del Frente que en las encuestas tiene mejor saldo positivo entre antipatías y simpatías. Seguro eso no es gracias a Adeom, ni a su antecesora en el cargo, quien le entregó el gobierno sin equipos para limpiar la ciudad. La cuestión de los residuos es clave para la gestión de una intendencia siempre voraz, que ahora se juega una parada fuerte en cuanto a la aceptación ciudadana de una regulación del tránsito, basada en un control estricto de la velocidad a través de un Gran Hermano que todo lo ve y todo lo multa.

Martínez, que todavía tiene en el bolso la ejecución de una serie de obras, aparece cerca de los problemas graves que todavía no puede solucionar y esa imagen de hombre pragmático, negociador y lejano a la confrontación, parece darle resultados políticos. La foto junto al líder blanco Luis Lacalle Pou en un debate organizado por el liberal Centro de Estudios para el Desarrollo (CED) fue simbólica y sugerente.

En Uruguay reina el mal humor y no hay mucho ambiente para los cuentos. Las aspiraciones políticas van hoy de la mano de resultados que en muchas áreas tardan en llegar.


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