Lionel Messi: La magia del 10

“Me divierto como un niño en la calle. Cuando llegue el día en que no esté disfrutando, voy a dejar el fútbol”

El traje de mejor futbolista del mundo estaba vacante desde que Diego Maradona dejó las canchas en 1997. Algunos intentaron ponérselo –Ronaldo, Zidane, Ronaldinho–, pero no fue hasta 2004 que apareció el heredero del 10. Casualmente fue otro argentino de nacimiento, aunque catalán en su formación futbolística. Fue Lionel Messi quien tomó la posta y se animó a atravesar el nivel de los buenos jugadores para convertirse en el indiscutido número uno.

La historia es conocida. Nació en 1987 en Rosario, jugó en infantiles en Newell's Old Boys, club del que es hincha, hasta que a sus 13 años él y su familia se radicaron en Barcelona, ciudad del equipo que le abrió las puertas y que lo ayudó a superar el problema de crecimiento que tenía a raíz de un trastorno hormonal.

Además de las dolorosas inyecciones que recibía para estimular su desarrollo físico, en La Masía, la selecta academia de formación de juveniles del club catalán, el argentino comenzó a adquirir el ADN futbolístico blaugrana, ese que tiene el toque de pelota, el juego colectivo y la mirada dirigida siempre hacia el arco rival como sus principales valores.

Tras debutar el 16 de octubre de 2004 (con 17 años y 114 días de edad), realizó una carrera que lo llevó a ganar una infinidad de títulos, así como a inscribir su nombre en varios récords y conquistar logros personales. Entre ellos se destacan sus ocho trofeos de la Liga Española, cuatro de la Liga de Campeones y sus cinco balones de oro de la FIFA, siendo el máximo ganador histórico de ese galardón que premia al mejor jugador del mundo de cada temporada.

Pero las imágenes de Messi que más perduran no son las de sus títulos, sino las de sus jugadas. Las de sus arranques en velocidad de sus primeros años, cuando era capaz de esquivar a cuatro o cinco jugadores y anotar goles; las de sus infalibles definiciones en el área y fuera de ella tras llegar en diagonal; las de las asistencias perfectas para sus compañeros lanzadas desde su pie zurdo; y las de otras genialidades, como el gol con la mano que, emulando al de Maradona, anotó ante Getafe en 2007; o una más reciente, como la del regate con caída del alemán Boateng en la semifinal de la Champions 2015 ante el Bayern Múnich.

Con la llegada de Josep Pep Guardiola a la conducción de Barcelona se vio lo mejor del 10 en un equipo que revolucionó el fútbol y en el que también había jugadores de gran nivel, como Andrés Iniesta y Xavi, sus socios y referentes de la escuela blaugrana. Pep lo definió como "el mejor jugador que jamás había visto".

En una Liga Española que en los últimos años ha estado polarizada entre Barcelona y Real Madrid, y en un deporte donde el crac siempre debe tener un rival, Cristiano Ronaldo, el astro portugués de los merengues, se ha convertido en el gran contrincante del argentino. Si bien tienen perfiles notoriamente distintos –dentro y fuera de la cancha–, ambos son capaces de conducir a sus respectivos equipos a lo más alto, y el éxito de uno significa la derrota del otro.

Pero ser el mejor no quiere decir que todo sea color de rosa para Messi, ya que su infinidad de éxitos con los catalanes tiene su contracara en la selección argentina, donde reside su karma, su gran deuda pendiente, pues nunca pudo alzar una copa con la camiseta albiceleste. Para peor, ha estado muy cerca de lograrlo, pero una y otra vez se quedó sin nada. Así sucedió en el Mundial de Brasil (2014) y en dos ediciones de la Copa América (2015 y 2016), en que el seleccionado argentino fue finalista, pero le faltó el puntillazo terminante. Para su consuelo tiene un oro olímpico logrado en Pekín 2008, el título Sub 20 de 2005 y un tristemente recordado balón de oro al mejor jugador de Brasil 2014.

El futuro del argentino parece exigir como gran desafío lograr una copa que, dado su nivel, pertenezca a un campeonato mundial. Con 29 años aún tiene un par de oportunidades para intentarlo, siempre que logre controlar los fantasmas exitistas que rondan en su país y que le han cargado cada fracaso en su espalda, situación que lo llevó, hastiado, a dar un paso al costado del seleccionado, aunque todos creen que se arrepentirá.

Por suerte para los futboleros, a Messi le queda tela para rato y quizás, dentro de cinco o 10 años, en su historia esté saldada esa deuda albiceleste. Mientras, hay tiempo para disfrutarlo. Como dice el también argentino y catalán Hernán Casciari en su viralizado cuento Messi es un perro: "Hay que tener mucha suerte para que te guste tanto un deporte y te toque ser contemporáneo de su mejor versión".

Esta nota forma parte de la publicación especial de El Observador por sus 25 años.


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