Llega la hora de la verdad para la exportación de trigo de Uruguay

Con la superficie del cereal en descenso en las últimas zafras y una competencia creciente en los mercados externos, las ventas en el exterior acumula dudas
Por Blasina y Asociados, especial para El Observador

La siembra de trigo de 2016 que está empezando pondrá en examen la supervivencia de Uruguay como exportador del grano en este Mercosur post K. Porque los productores argentinos oyen el ruido de rotas cadenas que invoca su himno y, liberados del impuesto y los permisos de exportación que los amarraban al mercado interno, se lanzarán a plantar imbuidos de un optimismo que no necesariamente se condice con un mercado mundial repleto del cereal en los silos del hemisferio Norte.

A los argentinos nada de eso les importa. Brasil comprará y ellos tratarán de vender. Y en esa competencia Uruguay deberá transpirar la camiseta en una cancha en la que antes corría casi solo.
Tanto por la abundante oferta de Argentina como por un panorama de precios internacionales poco estimulante, los productores de Uruguay bajarán el área sembrada. Lo mismo que harán los vecinos de Río Grande del Sur.

Ánimos contrastantes: los argentinos plantarán 25% más. Los uruguayos, 25% menos. Los riograndenses, con ventajas por ser importadores, bajarán 13% el área. Los agricultores uruguayos vienen bajando unas 70 mil hectáreas por año desde 2011, cuando plantaron casi 600 mil hectáreas, la mayor superficie de la historia cuando las materias primas estaban en niveles récord.

La decisión es sumamente importante porque Uruguay construyó toda una infraestructura granelera en base a dos zafras anuales exportadoras, una de invierno con trigo y una de verano principalmente con soja. Es un desafío importante sostener toda esa estructura solo en base a los cultivos de verano (que además también van con área en baja).

En trigo, esta zafra, los argentinos plantarán 25% más. Los uruguayos, 25% menos.

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El país exportó más de un millón de toneladas de trigo por año entre 2009 y 2014. Pero cayó a 659 mil toneladas en 2015, se irá a menos de 600 mil este año y, si se concreta un área del entorno de 250 mil hectáreas este año, la producción será de unas 800 mil toneladas, lo que dejaría un saldo exportable neto, sin contar variación de existencias, de 400 mil toneladas.

El resto de la operativa de cultivos de invierno está conformada por la cebada, que en más de 90% captan las dos malteras, y la colza, que aunque va ganándose un lugar está lejos de generar un volumen exportador significativo.

Así como hay un uso medio de la capacidad instalada de la industria frigorífica, también empezará a haberlo en la industria granelera, súper ocupada en el otoño e invierno pero ociosa entre noviembre y marzo. Un negocio de exportación que llegó a superar los US$ 400 millones y que ahora ha quedado en US$ 150 millones por año.

Reducir el área de trigo parece razonable en base a las condiciones de precios, oferta y demanda. La demanda mundial es récord, pero la oferta de los últimos años ha sido fenomenal, por lo que también las reservas que hay en el mundo son las mayores de la historia. Aunque la producción mundial del cereal ante los bajos precios se proyecta en 2017 en leve baja, por ahora el grano se sigue acumulando.

Cuando estalló la primavera árabe, en 2008, en el mundo había 170 millones de toneladas de trigo almacenadas. A mediados del año próximo habrán casi 90 millones de toneladas más, 257 millones de toneladas. Los importadores árabes seguirán contando con trigo a precio accesible, como el que tienen actualmente. Y ese stock está en manos de actores clave.

El mayor consumidor mundial, China, tiene un récord de 120 millones de toneladas guardadas. El principal formador de precios y un exportador clave como EEUU también tiene reservas récord con 28 millones de toneladas. La Unión Europea, con 29 millones, conserva almacenado más del doble que en 2013.

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Números y exportación


Así las cosas, puede entenderse que el trigo no se pague más de US$ 170 por tonelada en Uruguay, lejos de los US$ 300 –y más– que tuvo durante el doble pico de precios que ocurrió en 2008 y 2011.
Con ese precio los números en Uruguay no dan. Pero del otro lado del río, los vecinos argentinos son todo optimismo.

Por un lado, los brasileños están activamente comprando trigo argentino. Presupuestando a US$ 170 por tonelada a los argentinos, los números les cierran. El doble cultivo trigo/soja, que retrocede en Uruguay, avanza por ejemplo en el norte de la provincia de Buenos Aires, donde con una de las mejores fertilidades del mundo se presupuesta con rendimientos de 4.800 kilos para el trigo y 2.700 kilos para la soja de segunda. Una opción que supera a la soja de primera presupuestada con 4.100 kilos de rendimiento.

Argentina es más competitiva en rendimiento, calidad, prestigio (históricamente el trigo argentino es reconocido) y logística (tienen una salida preferencial al Río de la Plata). Solo que durante el período kirchnerista ese potencial enorme no podía expresarse.

Aún con un área disminuida a menos de la mitad de su momento de auge, Uruguay seguirá produciendo el doble de trigo del que consume. Lo que obliga a seguir pensando en las estrategias para que la exportación sea exitosa, estable y las áreas trigueras dejen de disminuir.

Durante una década, Uruguay colocó en el exterior en base a altos precios internacionales, pero en forma persistente los compradores brasileños –naturales demandantes por cercanía– se han quejado de la calidad panadera del grano uruguayo.

En los últimos años parece haberse establecido una especie de contradicción entre los altos rendimientos y la calidad. El precio de este año se asemeja al de trigos forrajeros, por lo que algunos operadores entienden que más valdría concentrarse en producir trigo forrajero de alto rendimiento y renunciar a trigos de calidad media como panaderos pero que no pasan los 4.000 kilos por hectárea.

Otros apuestan a mantener la trayectoria de rendimientos –que fueron récord el año pasado– y encontrar nichos de calidad donde mejorar la colocación del producto y el precio unitario.

El grano tiene argumentos interesantes para ser sembrado en este otoño: es un año Niña, lo que baja el riesgo de lluvias excesivas y puede significar una primavera fresca favorable al cultivo.

Por otra parte, a pesar de las demoras en la cosecha de los cultivos de verano por las lluvias de abril, puede ser sembrado en fecha por lo escaso de las lluvias de mayo y la buena humedad que persiste en el suelo.

Sembrado en fecha y con clima favorable podría expresar un alto potencial de rendimiento. Pero precisaría de un escalón más arriba de los precios para generar márgenes. Los industriales argentinos han manifestado interés en importar el grano uruguayo de calidad porque de aquí a la cosecha de noviembre persistirá la escasez del grano disponible en la vecina orilla.

Tal vez sea la póstuma ayuda que las políticas kirchneristas le den al trigo uruguayo, que a partir de ahora debe ganarse un lugar en un mundo mucho más competitivo. Si no lo logra, el desafío será para toda la agricultura uruguaya. La Niña y el repunte que se insinúa en las materias primas permiten mantener la esperanza para esta zafra.

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Brasil también tendrá un área menor


En Brasil, el vecino norteño, cuando ya la siembra de trigo está empezando, se espera una baja de 13% en el área de Río Grande del Sur, luego de muy malos resultados por exceso de lluvias el año pasado.

Aún con menos área, los gaúchos aumentarían la producción si se dan rendimientos normales. La superficie caería de 883 mil hectáreas a 767 mil hectáreas este año.

La producción con rendimiento normal sería de 1,7 millones de toneladas frente a 1,4 millones producidas el año pasado. Paraná, el estado más importante en trigo en Brasil, lleva sembrada ya más de un tercio del área que ocupará: 1,155 millones de hectáreas. En este caso también con una caída de la superficie de 14% respecto al año pasado, la producción también debe ser menor.

En el balance, la producción de Brasil en trigo debe quedar muy parecida a la del año pasado, es decir, en el entorno de 5,5 millones de toneladas.

La encuesta realizada por el organismo Emater mostró, al igual que en Uruguay, una mayor preferencia por la cebada, con un aumento previsto de 14% en el área, que de esa manera se va a 41 mil hectáreas, y también un aumento en la superficie de la canola, de 4% llegando a 37 mil hectáreas.

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