Llegada del iPhone: Una revolución hecha con la punta del dedo

El desarrollo de los smartphones sería inconcebible sin la irrupción de este ingenio de Steve Jobs que revolucionó la era móvil y táctil

La llegada del iPhone cambió el mercado y la forma en que concebimos los dispositivos móviles, utilizando un elemento tan intuitivo y simple como sofisticado: el dedo. Hasta entonces Palm y Blackberry competían por el mercado de los teléfonos inteligentes; para manipular un Treo (de Palm) se necesitaba un lápiz óptico stylus, y para dominar al muy buen Blackberry había que usar un teclado físico y una especie de touchpad (panel táctil). Ambas marcas y algunas más estaban confiadas en su predominio. Hasta que se les interpuso la figura reconocida del alma de Apple: Steve Jobs.

El 9 de enero de 2007 el carismático Jobs confundió al público que llenaba la sala de conferencias. "Hoy no vamos a presentar un producto revolucionario, sino que vamos a mostrarles tres. Primero, un iPod con pantalla ancha y controles táctiles; segundo, un teléfono móvil revolucionario, y tercero, un sistema novedoso de comunicación online". Tras una pausa dramática, agregó: "Estos no son tres dispositivos: es uno solo".

Jobs tenía razón en presentar al nuevo smartphone como un tres en uno, porque cuando comenzó a hacer las demostraciones quedó claro que la ciencia ficción se había vuelto realidad. A la luz de estos pocos años, menos de una década, aquel primer iPhone era una maravilla, aunque ni siquiera se podía conectar a internet por la red celular, sino solo por wifi.

El aparato, pequeño para los estándares del presente (tenía 3,5 pulgadas, contra las más de 5,5 de los modelos Plus que se lanzaron en 2014), ostentaba una serie de funciones y características técnicas que la competencia había calificado de imposibles y, en algunos casos, de inútiles. Una cámara de 2 megapíxeles y una pantalla LCD de una resolución que hoy resultaría risible pero que entonces asombró por su reproducción realista de los colores.

La sorna de la competencia pronto se convirtió en fracaso estrepitoso. Palm cerró para siempre en 2011 y Blackberry pasó de poseer el 50 % del sector de los smartphones a un casi testimonial 1 % en la actualidad.

La gran virtud de aquel primer iPhone fue hacer todo bien. Permitía hablar por teléfono, escuchar música y navegar en internet casi como desde una computadora de escritorio. A eso le agregaba una característica no menor: la forma intuitiva en que podía usarse. Los niños, incluso bebés de pocos meses, fueron los primeros en confirmar que aquello era para todo el mundo; con un iPhone en la mano todo les salía naturalmente.

"El iPhone es un producto revolucionario y mágico que, literalmente, se ubica cinco años por delante de otros teléfonos móviles", dijo Jobs aquel día del gran lanzamiento. "Todos nacemos con el perfecto dispositivo señalador –nuestros dedos– y el iPhone los usa para crear la interfaz más revolucionaria desde el mouse".

Todo lo que dijo resultó ser cierto. Aunque con frenos comerciales y algunas otras trabas (incluso autoimpuestas) el primer iPhone vendió 6 millones de unidades en los pocos países a los que llegó oficialmente, pero inauguró una era de excelencia que, con el paso de los años, la competencia de smartphones de alta gama se ha encargado de equiparar.

En estos años se han vendido más de 1.000 millones de iPhones, lo que implicó un gran negocio para su fabricante pero también el comienzo de buenos réditos para otras marcas: desde entonces el sector de los smartphones creció 10 veces más rápido que la industria informática y 80 veces más que la difusión de internet en el mundo.

El iPhone abrió la puerta para que la computadora entrara en el bolsillo y en los siguientes años probó que el touch era la vara que medía el éxito. Ahora su competencia se ha puesto a tiro y los celulares de diferentes marcas que funcionan con el sistema operativo de Google y Android representan casi el 80% del total de smartphones vendidos.

En un mundo en que 3.000 millones de sus habitantes tienen conexión a internet hay unos 2.500 millones de usuarios de teléfonos inteligentes. Con esos dispositivos se produce más del 70 % del consumo de datos. Uruguay no es la excepción a la regla: en el país hay más de 5,5 millones de líneas celulares y se estima que al menos 1,5 millones de usuarios tienen smartphones, con un enorme predominio del sistema operativo Android.

Con la muerte de Jobs, Apple parece haber perdido pie en la innovación, lo que ha permitido a otras marcas –notoriamente Samsung pero también algunas compañías chinas de primera calidad– ganar cada vez más terreno.

Desde 2007, cada año hubo nuevos iPhones, algunos con diferencias contantes y sonantes y otros con maquillajes superficiales. Nadie sabe qué le deparará el futuro a este dispositivo que comparte su carácter efímero con la mayoría de las grandes novedades tecnológicas. Lo que ahora parece la norma será historia en pocos años. Pero en esa historia el primer iPhone, "mágico" y "revolucionario", ya tiene su lugar ganado.

Esta nota forma parte de la publicación especial de El Observador por sus 25 años.


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