Lo comercial antes que lo político

El encuentro de Tabaré Vázquez y Michel Temer atiende a la necesidad de llevarse bien con Brasil y Argentina

El encuentro de los presidentes Tabaré Vázquez y Michel Temer en Nueva York atiende a la ineludible necesidad de Uruguay de hacer de tripas políticas corazón para llevarse bien con Brasil y con Argentina. El país pagó demasiado cara la década de hostil proteccionismo kirchnerista, que derrumbó las exportaciones al mercado argentino. Y corría igual peligro con Brasil, nuestro segundo cliente después de China, al haberse agrietado las relaciones por el embrollo mercosureño sobre Venezuela y por el respaldo de nuestro gobierno y su Frente Amplio a la destituida presidenta Dilma Rousseff. Pero la fisura ha entrado en proceso de reparación con la breve reunión de Vázquez y Temer en la sede de Naciones Unidas. La invitación a Vázquez para un nuevo encuentro en Brasilia es un gesto de buena voluntad. Pero los aspectos esenciales son otros.

Por un lado, abre un abanico de perspectivas comerciales que se haya avanzado algo hacia autorizar acuerdos de libre comercio con terceros países por fuera del bloque, dejando de lado la exigencia normativa del Mercosur de que solo puede hacerse con permiso de todos los demás socios. Esta restricción ha ahogado hasta ahora la urgencia uruguaya en abrir su comercio exterior. Por otro, la recomposición de relaciones autoriza a esperar una reactivación de las exportaciones uruguayas a Brasil a medida que ese país – al igual que sucede con Argentina – vaya saliendo de las tribulaciones económicas generadas por las administraciones anteriores. Ambos vecinos no solo son históricamente esenciales socios comerciales de Uruguay. También nos unen una interdependencia energética y otras áreas de complementación bilateral.

Con Argentina las relaciones se están recomponiendo rápidamente desde que asumió el presidente Mauricio Macri en enero. En el caso de Brasil, la buena disposición de su nuevo gobierno no es un gesto de magnanimidad sino que responde también a su aspiración tradicional al liderazgo regional, empeño en el que todo apoyo sirve, aun el de un país pequeño como Uruguay. La anunciada intención de Vázquez y Temer de revivir el mortecino Mercosur es, al menos por ahora, un mero formulismo declaratorio. Puede ser que el bloque gane algo de aire al haberse esfumado el club político en que lo habían convertido gobiernos ideológicamente afines. Sin Rousseff, sin Cristina Fernández de Kirchner y con la Venezuela de Nicolás Maduro sumida en un caos interno, tal vez gobiernos más realistas y efectivos avancen algo pese a un cuarto de siglo de frustrante parálisis mercosureña.

Las prioridades, de todos modos, son otras. Fueron reconocidas por Vázquez cuando, al término de su reunión con Temer, explicó: “Brasil es nuestro principal comprador junto a China. Y si nos va mal con Brasil, ¿dónde vamos a vender lo que les vendemos a ellos? Más allá de las discrepancias políticas momentáneas, tenemos que mirar para adelante en el relacionamiento con Brasil”. El claro mensaje es que la prioridad ya no es anteponer lo político a lo jurídico, como ocurría en el Mercosur de los últimos años, sino anteponer lo comercial a lo político. Es la forma lógica de defender los intereses económicos del país, aunque les pese a los dirigentes de sectores del Frente Amplio, que siguen proclamando que la ideología es lo primero, aunque conduzca al atraso y a la pobreza.


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El Observador

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