Loco suelto: la muerte de David Fremd

Un paranoico demuestra otra vez que las amenazas de la estupidez y el prejuicio son interminables
El asesinato de un comerciante judío en Paysandú por un yihadista solitario o loco suelto demuestra por enésima vez que el odio y la violencia son fenómenos globales, que Uruguay no está a salvo, y que no hay chance alguna de que remitan en un plazo previsible.

Este es un mundo que ha conseguido la brillantez sin conciencia, como advirtió hace décadas Omar Bradley, uno de los líderes del Ejército estadounidense durante la Segunda Guerra Mundial; un mundo de gigantes nucleares y enanos éticos.

Todo parece indicar que el atacante, el maestro escolar Carlos Omar Peralta, es un loco suelto, una persona sola, paranoica y exaltada. Pero un loco, o un "lobo solitario" (alguien que actúa por su cuenta en el marco de una "guerra santa" global) que mató por motivos religiosos; que actuó contra un judío por orden de Alah (Dios en árabe), según dijo al juez. Extremismo religioso y violencia son una mezcla típica desde el fondo de los tiempos.

Peralta, de 35 años, apuñaló a David Fremd Wulf, de 55, frente a su comercio La Popular, en una zona céntrica de Paysandú, y también hirió a uno de sus hijos. Luego huyó pero fue detenido a pocas cuadras por un transeúnte, José Soca, que lo persiguió y derribó.

Peralta se recibió en 2011 como maestro de educación primaria, dio clases en algunas escuelas del departamento de Paysandú, y, tras varios problemas, quedó vacante en 2014, en medio de protestas y escándalos. Durante días se plantó frente a la sede de la Inspección Departamental de Escuelas. "Quiero que me devuelvan mi trabajo y que no se metan con mi buen nombre", dijo entonces a un periodista del diario El Telégrafo. En los últimos años se vinculó al islam, se transformó en un fanático y concurría eventualmente a una mezquita en Montevideo. Su antisemitismo era largamente conocido en Paysandú, aunque siempre se lo tuvo por "loco manso".

"Hoy soy judío", escribió un comerciante sanducero en una pizarra el miércoles 9, al otro día del asesinato. Fue una muestra de solidaridad esencial, como hubo muchas más.

Las puñaladas de Paysandú también son un reflejo trasnochado de un conflicto en Medio Oriente entre árabes e israelíes que se arrastra al menos desde hace 3.000 años, y cuya última fase arrancó hace alrededor de un siglo, y que siempre ha involucrado a potencias extrarregionales, desde Roma a Estados Unidos, pasando por el Imperio Otomano, Gran Bretaña o la Unión Soviética.

La última gran ola de violencia en Israel gira precisamente en torno al cuchillo. Militantes palestinos –hombres, mujeres o niños– atacan a puñaladas a civiles o militares israelíes. La Intifada de los cuchillos, que desde octubre del año pasado ha provocado la muerte de cerca de 30 israelíes y unos 180 palestinos, además de centenares de heridos, tiene un fuerte efecto psicológico que no guarda proporción con la modestia del medio utilizado. La sencillez de la herramienta, unida a la determinación del agresor y la aleatoriedad de los ataques, provocan desconfianza y miedo generalizados.

¿Qué llevó a Abdullah Omar, el nombre árabe que tomó el sanducero Carlos Peralta, de loco manso a loco criminal? Es uno de los enigmas que tratan de resolver la Policía y el juez del caso. Y algunos aspectos de la respuesta son esenciales. No es lo mismo un loco suelto, como parece ser, que uno que sigue órdenes y que, eventualmente, puede tener cómplices igualmente dispuestos. El ministro del Interior, Eduardo Bonomi, dijo el jueves que la investigación policial no encontró hasta ahora nexos de Peralta con terroristas.

El asesinato de David Fremd significa que Uruguay no está al margen de fenómenos globales como el terrorismo; o de la violencia por motivos religiosos o políticos.

La estupidez siempre se ha derramado con más facilidad que la inteligencia y la tolerancia, pues es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio, según advirtió Albert Einstein.

Sin importar los mejores barnices que se ponga encima la civilización contemporánea, la barbarie regresa, una y otra vez, tozuda, en reclamo de su espacio, que es demasiado antiguo y grande.


Acerca del autor