Lorente, Gurvich, y cómo los edificios se parecen a sus creadores.

Inaugurado a fines de noviembre del pasado año, no fue sino hasta esta semana, que me encontré en la nueva sede del Museo Gurvich, con el Arq. Rafael Lorente .

"Pali" para los amigos ofició de guía para una recorrida personalizada por el lugar.

En plena ebullición de actividad, de la calle Sarandí, y orientado hacia el lateral de la Catedral, se alza en medio de la cuadra, una intervención más respetuosa que llamativa, que anuncia que allí adentro pasan cosas.

El Museo Gurvich fue creado en el 2005 con el fin de promover la obra y vida del artista uruguayo José Gurvich. El mismo depende de la Fundación Gurvich y tiene un acervo integrado por libros, catálogos, láminas y tarjetas que la familia del artista donó a la fundación, así como el usufructo de una colección permanente de óleos, dibujos, acuarelas, murales, esculturas y objetos. Y de verdad es abrumadora la cantidad y calidad de la obra exhibida, perteneciente a alguien con una carrera muy corta, ya que falleció en nueva York a los 48 años. 

Entre otras funciones, tiene que ver con la certificación de legitimidad de la obra de José Gurvich y la gestión de los derechos de autor.
A finales de 2013 el museo comunicó un cierre temporal durante el cual abandonó el edificio de la calle Ituzaingó para reabrir en noviembre de 2015 su nueva sede sobre la Peatonal Sarandí. El edificio, cuenta con 900 m² divididos en 6 plantas.
El arquitecto Rafael Lorente, ex alumno del maestro Gurvich, e integrante de la fundación, fue el encargado de proyectar el diseño de remodelación del edificio, junto a su socio el Arq. Fernando Giordano. Esa dupla ya ha demostrado amplio dominio de ese programa y muchos otros , incluso con varios premios obtenidos, con obras como el Centro cultural de España o El Liceo Francés, 
En la recorrida por el edificio, que es más que interesante en su despliegue de espacios y exhibición de obras, se suceden distintos niveles conectados visualmente más o menos abiertamente, y cada uno con diferente identidad, dada por la  época en que fueron construídos. Nos comenta del trabajo de "antropología arquitectónica" que devela las distintas técnicas e intervenciones que ha sufrido el conjunto, desde mediados del siglo XIX, otras ampliaciones en el siglo pasado cuando era propiedad de la empresa Cutcsa,  y la más contemporánea con el agregado de los últimos niveles. Algunos con bovedilla, otros con hormigón, otros con placas aislantes. 
Los muros desnudos descubren ladrillos y texturas cálidas, y en otros, superficies lisas que destacan las obras expuestas. Un juego de iluminación natural y artificial pensadas, que colaboran a esa sensación de variedad y sorpresa en cada rincón, (incluyendo lucernarios que horadan varios niveles o balcones sobre la peatonal), mérito no menor, en un terreno de tan sólo 8x25m.
Ese resultado es producto también de decisiones de "limpiar" el lugar de intervenciones previas que lo atiborraban de muros y obstáculos que impedían leerlo con la claridad y transparencia que permite hoy. Algo así como un despejar el camino pero sin olvidar de dónde venimos. 
Incluso en su nivel superior puede apreciarse en forma directa la cúpula y contrafuertes de la Catedral. Todo ello complementado por cierto sonido de fondo de bandas musicales en la peatonal o la gente de paso, lo cual le da una vinculación próxima con su entorno tambien bastante excepcional en el rubro.
Para Pali, el reto era un desafío personal más que excepcional: en los inicios de su carrera, construyó justamente una casa para Gurvich, siendo alumno de su taller, y ahora , el lugar que lo homenajea y alberga su obra.
En la Planta baja, nos recibe un imponente mural  de casi 20 mts de largo inspirado en los trabajadores del Cerro, su barrio natal. El mismo, tiene su propia historia, rescatado de un depósito de las oficinas del BPS, donde estaba archivado, luego de una desobediencia a una orden de destrucción de un coronel durante el proceso.
La dirección del museo seguirá a cargo del hijo del artista, Martín Gurvich, en conjunto con un equipo de administradores e  integrantes de la Fundación como el propio Lorente, el Arq Mariano Arana, el Dr. Wilfredo Penco, el Dr. Julio Ma Sanguinetti, Silvia Barriola y el Cr Joaquín Ragni y otros.
Entre paréntesis más que interesante a veces, asi como según dicen los perros, o las casas se parecen a sus dueños, cómo un edificio puede parecerse a su creador: posee muchas capas de lectura (Pali es artista plástico, arquitecto y un montón de actividades e inquietudes adicionales) , esos espacios que dialogan unos con otros pueden recordar a los temas disímiles que uno puede cruzar en una conversación con él sin perder el hilo, la secuencia de terminaciones de ladrillo, hormigón y luz son la prueba de la calidez y apertura de alguien que ejerce desde los dos hemisferios cerebrales, el creativo y el técnico, sin por último recordar,  la inmensa cualidad humana, transparente y cálida, reconocida por cuanta persona haya trabajado o hablado con él.
 

Pueden ver imágenes del recorrido acá


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