Los árabes que son voluntarios del servicio nacional civil israelí

Son a veces rechazados en su comunidad, pero sienten que aportan al país
Por Ana Jerozolimski
Especial para El Observador desde Israel

Para la joven árabe Baraa Abed, de 20 años, el voluntariado en el que está trabajando en Jerusalén es una fórmula ideal: se ve beneficiada en lo personal y siente que expresa su lealtad a Israel. Para su compañero A.H., de 21, que pide con una tímida sonrisa que no se publique su nombre completo, el análisis es muy similar: "Me siento apreciado por lo que hago, sé que ayudo a la gente y también estoy aportando al país y a mi propio entorno".

Ambos son desde hace meses parte del programa conocido como "sherut leumí", el servicio nacional civil en el que ciudadanos israelíes o residentes permanentes –como es el caso de estos dos jóvenes árabes de Jerusalén Este, la zona de mayor porcentaje de población palestina de la ciudad– trabajan por uno o dos años en puestos en los que ayudan a la comunidad en la que viven, reciben beneficios concretos a cambio y, con ello, también refuerzan su propia integración.

Originalmente, este programa fue concebido más que nada para servir de alternativa a las jóvenes judías ortodoxas que por cuestiones vinculadas a sus costumbres optaban por no enrolarse al servicio militar, que en Israel es obligatorio para mujeres y hombres.

Desde 2007 se ha comenzado a abrir la puerta también a los árabes, aunque los promotores de la iniciativa eran conscientes de la problemática con la que podrían tener que lidiar si radicales atacaban la participación árabe por consideraciones nacionalistas.

El temor no era descabellado y el hecho de que dos de los entrevistados pidieran no mostrar su rostro en cámara y uno de ellos optara por autorizar a publicar únicamente sus iniciales lo comprueba. Las represalias en su comunidad pueden ser feroces.

Cada vez más árabes

El número de voluntarios árabes va en aumento. Hace seis años eran solamente 600 y hoy ya son 4.500, de un total de 17 mil participantes en el programa. Hay también 8.500 judíos del sector conocido como "sionistas religiosos" y 1.500 de judíos ultraortodoxos, entre otros sectores.

El 90% de los voluntarios árabes son mujeres, principalmente musulmanas (70%), y el resto son drusos y cristianos. La mayoría es del norte de Israel. En el sur hay 800 beduinos voluntarios.

El 85% cumple con distintos trabajos en el marco de la propia comunidad árabe, sirviendo en la salud, educación y bienestar social –entre otros–, por ejemplo en escuelas, jardines de infantes, asistencia a ancianos, en centros de ayuda a jóvenes en situaciones de riesgo, en hospitales, juzgados y en la Policía, donde a veces, al terminar el período de voluntariado, son empleados con un salario como cualquier otro funcionario.

Sar Shalom Yerbi, director del programa, explicó que "aún si trabajan fuera de su comunidad están aportando en su propio marco, ya que si por ejemplo están de voluntarios en el hospital Rambam de Haifa (una ciudad al noroeste de Israel), y allí le traducen a un anciano árabe que no habla hebreo o a una enfermera judía que no sabe árabe, su servicio es clave".

Baraa y A.H. se desempeñan como voluntarios en el Ministerio del Interior de Israel, en la sucursal de Wadi Joz, en Jerusalén Este, donde la prestación de servicios es casi exclusivamente a los palestinos. El conocimiento tanto del hebreo como del árabe, que en el caso de estos jóvenes es el idioma natal, es clave para poder ayudar especialmente a gente mayor que necesita, por ejemplo, asistencia y traducción para completar formularios y hacer trámites.

No todo es color de rosa

"Sabía que habría reservas de gente en mi entorno, razón por la cual pocos de los míos saben que estoy participando del Servicio Nacional. Pero decidí hacerlo, ya que quien me va a ayudar en la vida no son los que me critican, sino el Estado; así que mejor aportar", señaló Abed.

En su caso, su propio esposo, ciudadano árabe israelí, hizo el servicio militar como voluntario. "Se siente parte del país, algo que, evidentemente, también incidió en mi decisión", añadió.

Yerbi admitió que "no todo es color de rosa". El funcionario israelí recuerda que un diputado árabe en el Parlamento llamó a estos voluntarios "leprosos" y que el jefe de un Consejo Regional árabe echó a cuatro jóvenes cuando se enteró que estaban haciendo el servicio nacional, sacándolas de su aldea. "No todos reaccionan así, en absoluto", matiza. "Pero hay en el liderazgo central de los árabes israelíes quienes se oponen al servicio nacional civil, alegando que está relacionado al ejército", afirmó. Según Yerbi, eso no es cierto.

En el "sherut leumí" no hay uniformes ni armas, no se requiere servicio militar alguno y es totalmente voluntario.

Los beneficios que obtienen los participantes, en cambio, son iguales a los de los soldados en las Fuerzas de Defensa de Israel. Reciben el mismo sueldo que los reclutas, algo simbólico que alcanza para gastos muy básicos: 800 shekels por mes, algo más de US$ 200, y pueden viajar gratis en el transporte público. Al finalizar el año de voluntariado reciben una suma de aproximadamente US$ 3 mil. Y quien hizo dos años tiene un primer año de estudios gratuito en un colegio universitario.

Hay además beneficios exclusivos para los árabes –que no reciben los judíos– con becas de estudios preparatorios y destinados a completar bachillerato, además de becas de manutención de entre 1.500 y 3.700 shekels por mes (entre US$ 400 y casi US$ 1.000), dependiendo de la situación económica de la familia.

Tras analizar que una parte clave de toda integración es el dominio del idioma, ya que incide en estudios y trabajo, el propio servicio nacional civil decidió destinar 10 millones de shekels (algo más de US$ 2,5 millones) a enseñar hebreo a aquellos voluntarios árabes que no lo dominan y desean aprenderlo.

Según Yerbi, el 85% de los egresados del plan consigue trabajo y estudia.

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