Los brasileños entre su "villano favorito" o el "que se vayan todos"

Ciudadanos a favor del impeachment alegan elegir a los "menos malos"
Mientras la presidenta brasileña Dilma Rousseff busca apoyo internacional en la sede de Naciones Unidas ante el proceso de destitución que enfrenta en su país, los ciudadanos norteños que apoyan la salida de la mandataria de izquierda afirman que los legisladores salpicados de acusaciones de corrupción, que impulsan el impeachment, son sus "villanos favoritos".

Los partidarios de destituir a Rousseff tampoco simpatizan con el jefe de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha, ni con el el vicepresidente Michel Temer, primero en la línea de sucesión si Rousseff es destituida. Siquiera el presidente del Senado, Renan Calheiros, les cae en gracia.

Pero en el campamento de simpatizantes del impeachment en Brasilia, la cúpula política que promueve la destitución de la presidenta es vista como el menor de los males frente al elenco formado por Rousseff, su predecesor Luiz Inacio Lula da Silva y el Partido de los Trabajadores (PT), tapizado de escándalos de corrupción.

Cunha está acusado por la fiscalía de corrupción y lavado de dinero, Temer está bajo sospecha de haber participado en transacciones ilegales de etanol y Calheiros ha sido señalado como posible beneficiario de sobornos de Petrobras.

El impeachment de Rousseff está ahora en las manos del Senado, que a mediados de mayo votará si le abre un juicio, lo cual supondría su inmediata separación del cargo, inicialmente de manera provisoria.

La presidenta enfrenta acusaciones de maquillajes de fondos del Estado en año electoral pero las protestas se enfocan en el escándalo del fraude en Petrobras y en las alegaciones contra Lula y la fuerte recesión que golpea al país.

Pocos activistas siquiera mencionan las imputaciones contra ella, que no están relacionadas con la corrupción en la petrolera.


Los menos malos

"No es la mejor opción, pero en este momento cualquier cosa es mejor que el PT", aseguró Lidice Teixeira do Nascimento, de 43 años, dueña de una empresa de ropa femenina en Sao Paulo, al ser consultada sobre las alternativas.

La empresaria no desconoce que Cunha es uno de los tantos políticos implicados en un gigantesco fraude en Petrobras.

Pero como muchos en Brasil, lo llama "mi villano favorito", como el título de la película infantil que trata de un criminal acompañado por una armada de criaturas amarillas, los minions.

"Calheiros es uno de los mayores bandidos que ha producido la política brasileña", apuntó Celso Anaruma, un conductor de camiones de 56 años de Sao Paulo. "Cunha no es un santo. Pero no es nuestro mal mayor", agregó.

Muchos también recuerdan que el nombre de Temer apareció en un supuesto negocio ilegal de etanol ligado al caso Petrobras, pero no ha sido acusado de ningún delito. "Me parece un poquito mejor que ella (Rousseff)", afirmó Charlo Ferreson, una peluquera de 43 años de Rio de Janeiro, que vestía una camiseta con la leyenda "Adelante Brasil".

La peluquera consideró que lo mejor sería celebrar nuevas elecciones pero se lamentó de que "el problema es que Brasil no tiene alternativas buenas".

En otra tienda, a la sombra de los árboles, Andrea Basilio cree que Temer también debería irse.

"Precisamos un impeachment contra todos y hacer una nueva elección", señaló Basilio, una técnico de 51 años de Sao Paulo.

Tampoco se priva de llamar a Cunha "mi villano favorito", aunque comparado con otros políticos cree que es apenas "un ladrón de gallinas".


Limpieza general

Un sondeo del diario Folha realizado el domingo entre los que pedían en Sao Paulo la salida de la presidenta reveló que el 87% quiere que Cunha también pierda su cargo.

En cuanto a Temer, el 54% quiere que tenga su propio impeachment.

Como vicepresidente podría enfrentar las mismas acusaciones que Rousseff: haber recurrido a una contabilidad creativa para enmascarar el déficit presupuestario.

Más de 58% de los 513 diputados están bajo investigación o han sido acusados de cargos de corrupción, asesinato y violación, según Transparencia Brasil.En el Senado, un 60% tiene problemas con la justicia, según la ONG.

Una pequeña minoría de brasileños está tan cansada de los políticos que quieren que los militares tomen el poder como lo hicieron entre 1964 y 1985.

"Queremos una limpieza general", comentó Rita de Cassia, 49 años, una profesora jubilada de Campinas, en Sao Paulo, usando una camiseta en tonos verde oliva. "Tenemos que sacarlos a t
odos y empezar de cero", añadió.
Fuente: AFP

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