¿Los celulares causan cáncer? No hay que creer todo lo que se dice

Los resultados de una investigación y la repercusión que produjeron en Estados Unidos luego de publicarse

Primero que nada, nadie ha comprobado que los celulares causen cáncer. De hecho, la mayoría de las investigaciones demuestran lo contrario. Pero ese concepto no se ha visto reflejado en algunas noticias que comenzaron a circular la semana pasada. Muchas publicaciones, incluyendo el Wall Street Journal, anunciaron los resultados de un estudio realizado por el gobierno estadounidense que relaciona el uso de celulares con el crecimiento de tumores.

Pero mientras el Wall Street Journal tituló con el tenebroso "Vínculo entre celulares y cáncer encontrado por estudio gubernamental", el título más apropiado debería haber sido "Investigación que todavía no fue comprobada encontró posible vínculo entre celulares y cáncer en ratas". Es menos atractivo, pero mucho menos engañoso.

El estudio, publicado el jueves pasado luego de que los resultados se filtraran online, es el resultado de un análisis que viene realizándose ya hace algunos años por el Programa Nacional de Toxicología (NTP en inglés), con una inversión de US$ 25 millones. Pero no ha sido revisado por otros colegas –a pesar de que el Wall Street Journal afirmara lo contrario–, porque no ha sido formalmente presentado a ninguna revista científica ni fue aceptada su publicación. Durante ese período expertos externos al proyecto tendrían la oportunidad de encontrar posibles errores o exageraciones en los datos y el análisis. Según se informó, varios expertos revisaron el trabajo antes de su anuncio, pero los investigadores aún no han hecho públicas sus observaciones.

Ron Melnick, que era el investigador líder de este estudio hasta su retiro en 2009, le dijo a STAT News que le pidieron revisar la información y encontró que ellos "indicaban que había un incremento en las respuestas de tumores en el cerebro y el corazón".

"Las personas decían que no hay riesgos; creo que esto termina ese tipo de pensamiento", dijo a Wall Street Journal.

Los investigadores expusieron a ratones y ratas a radiofrecuencias comúnmente usadas por comunicaciones aéreas, en dosis comparables a las que un humano recibe típicamente. De las ratas macho que recibieron radiación, los autores reportan que de 2% al 3% contrajeron gliomas o tumores en las células gilales del cerebro, y de 6% a 7% desarrollaron tumores Schwannoma (benignos) en el corazón. En ninguna de las ratas que no recibieron radiación se encontraron tumores.

Pero según apunta STAT, es inusual que esas ratas no hayan desarrollado tumores por su cuenta, ya que el promedio de cáncer en las ratas es bastante similar a lo que se podría encontrar en una población aleatoria del roedor.

No hubo un incremento significante de cáncer en las ratas hembras dosificadas con radiación y los investigadores no han hecho públicos los resultados en ratones.

Todo esto significa que era demasiado pronto para considerar estas cifras y tirar el teléfono por la ventana. Cualquier investigación es prácticamente inútil considerada por sí sola, y este también es el caso. El estudio seguramente inspirará otros proyectos que intentarán replicar los preocupantes resultados y eso está bien. Pero cuando las publicaciones difunden cualquier nuevo hallazgo como una verdad absoluta y revolucionaria, esto hace que el público sea menos capaz de desarrollar opiniones informadas.

"Hay argumentos en la bibliografía actual que afirman que estamos en los comienzos de una epidemia de cáncer", dijo al medio Mother Jones Chris Portier, exdirector asociado del NTP. "Y también hay argumentos en contra de estos. No está claro quién tiene la razón".

De hecho, la mayoría de los estudios que examinan la población mundial a lo algo del tiempo han concluido que no hay una asociación entre el celular y los crecientes índices de cáncer. Algunos han argumentado que no hemos utilizado los celulares el tiempo necesario para ver los efectos negativos.

Tal vez este estudio sea un punto de quiebre para entender los riesgos del uso de celulares. Pero es demasiado pronto para tener la última palabra.
Fuente: Rachel Feltman - The Washington Post