Los chinos no entienden nada

La firma del protocolo fitosanitario con el gigante asiático despertó controversias
Ríos de tinta han corrido desde que China y Uruguay firmaron el 18 de octubre pasado un protocolo que estipula "los requisitos fitosanitarios para la exportación de soja desde Uruguay a China", como dice en la carátula del documento de 11 artículos y un anexo.

Nosotros también escribimos tres artículos en este espacio, titulados China, tan lejos y tan cerca, en noviembre pasado luego que la misión oficial informó los resultados del viaje. Luego Un salto de calidad, a comienzos de marzo pasado. Y, finalmente, Algo más que soja a China, en abril.

Partimos de la base que China es el principal comprador de la oleaginosa uruguaya, que el año pasado se llevó 84% de la producción (cuando se exporta 95% de lo cosechado).

Luego consideramos una información que nos comentó el ministro Tabaré Aguerre sobre las advertencias realizadas desde 2011 por las autoridades chinas respecto a la aparición de restos de malezas y granos coloreados (semilla inoculada) mezclados con la soja.

China pide a Uruguay que los embarques de soja uruguaya estén "libres de sorgo de Alepo y otras ocho plagas

A continuación mencionamos un comentario público de Aguerre respecto a que China se puede dar el lujo de prescindir de toda la soja uruguaya, si no se cumple sus requisitos fitosanitarios. Podemos estimar que nos compre dos millones de toneladas cuando sus importaciones suman más de 300 millones de toneladas.

China pide a Uruguay que los embarques de soja uruguaya estén "libres de sorgo de Alepo y otras ocho plagas consideradas cuarentenarias", como figura en un comunicado del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP) del 23 de marzo pasado. En realidad, la lista de plagas del Anexo suma una docena, desde Fusarium virguliforme hasta Xanthium cavanillessi.

Finalmente concluimos en algo que seguimos pensando, que la exigencia de China –dicen que el que compra siempre pone las condiciones– dará la oportunidad a Uruguay de un salto de calidad en el principal cultivo del país.

La segunda parte de la historia es la reacción que generó en los integrantes de la cadena sojera, en especial los productores, porque la firma del protocolo no hace desaparecer el problema de fondo, que es la presencia de las plagas cuarentenarias.

Acopiadores anunciaron que los costos de limpieza de los granos lo trasladarían a los productores

De entrada, arreciaron las críticas por el acuerdo. Los acopiadores se adelantaron en marzo a señalar las dificultades que se presentaban y anunciaron que los costos de limpieza de los granos lo trasladarían a los productores.

A su vez los productores se dieron cuenta que eran el eslabón más débil de la cadena, como siempre, y que recaería sobre ellos un costo mayor. Por distintas vías divulgaron su descontento. Hasta que el ministro Aguerre convocó a una cumbre a todas las partes en el MGAP y las aguas parecieron calmarse.

Ahora, los dos primeros barcos que partieron de Montevideo el 19 de abril cargados con 40 mil toneladas de soja cada uno –y debidamente inspeccionados por las autoridades sanitarias uruguayas– llegaron a China y esperan turno para descargar.

Parece muy temprano para evaluar, pero seguramente el MGAP, a través de los Servicios Agrícolas, vuelva a convocar a una cumbre de la cadena sojera para analizar el tema.

Eso será cuando haya información de calidad suficiente como para ver lo sucedido y sacar conclusiones que permitan al país seguir adelante como productor de alimentos de calidad.

Mientras tanto, los chinos no entienden nada. Porque solo se limitaron a poner las condiciones en las que desean comprar la soja uruguaya.

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