Los combustibles y ANCAP, hoy y mañana

La evolución de los precios de los combustibles no tiene que ver con costos, ni con inflación, ni con motivos comerciales; han aumentado para recaudar
Por Juan Dubra
Este fin de año está caracterizado por dos incrementos de tarifas, uno abierto, y otro encubierto. A mediados de diciembre se anunció que las tarifas públicas aumentarían alrededor de 8% a partir del 1° de enero. Por otro lado, también desde mediados de diciembre, y siguiendo directivas del Ministerio de Economía, ANCAP recortó en 10% los márgenes que pagaba a estacioneros y distribuidores, pero mantuvo el precio de venta al público. Eso resultó en un aumento de lo que recibe la empresa pública por los combustibles, lo que se llama el "precio en refinería" (antes de ser distribuido, o vendido al público).

Antes de pasar al análisis de los datos, el lector debería pausar, y pensar si tiene sentido que ANCAP fije su precio de venta, lo que ganan los distribuidores, lo que ganan los estacioneros y que aún, si fija un precio -para el argumento digamos que es bajo-, le pueda exigir a distribuidores y estacioneros cómo tienen que operar. En particular, si a un distribuidor ANCAP le quiere pagar poco, igual le exige que cubra zonas que no son rentables (por poner un ejemplo, imaginemos Artigas). La Unidad Reguladora de Servicios de Energía y Agua (URSEA) está omisa: ANCAP sólo tiene el monopolio de importar y refinar naftas; está abusando de su posición dominante para distorsionar e imponer condiciones en mercados en los cuales actúa en forma competitiva, y eso viola los principios básicos de defensa de la competencia.

Que Uruguay tiene la energía eléctrica y los combustibles más caros de la región, y de los más caros del mundo, no es noticia. En su edición del viernes El Observador reportó un estudio de la consultora SEG Ingeniería que señaló: "En el caso del gasoil, la última cotización que fijó ANCAP marca un precio de US$ 1,35 por litro, en segundo lugar viene Argentina (US$ 1,05), luego Brasil (US$ 0,90) y Chile (US$ 0,72). Lo mismo ocurre con la nafta súper que en Uruguay cuesta hoy US$ 1,48 por litro al consumidor, frente a los US$ 1,17 de Argentina, US$ 1,13 en Chile y US$ 1,10 en Brasil."

El gobierno y la oposición han discutido sobre si es un tarifazo o no, en el sentido de si es un aumento de tarifas con fines recaudatorios, más allá de los aumentos de costos. La primera dificultad con esa pregunta es que varias empresas públicas, contrariamente a lo que exigen nuestras leyes, no tienen balances separados para sus actividades monopólicas (refinación, por ejemplo, en el caso de ANCAP) y aquellas que realiza en competencia con el sector privado (en cementos, por ejemplo, ANCAP compite con empresas nacionales). Esto impide realizar un análisis del costo de refinar, y de paso impide saber si la empresa utiliza sus ingresos monopólicos para subsidiar su actividad competitiva, que sería ilegal de acuerdo a la Ley de Defensa de la Competencia.

Lo siguiente que podemos hacer para intentar ver si el aumento está justificado por costos es comparar la evolución del precio de los combustibles en nuestro país con los de la región. Si aumentan aquí, pero aumentaron al mismo tiempo en países similares, posiblemente sea un tema de costos. Las siguientes gráficas muestran que eso no fue así: en Uruguay aumentan y en la región caen los precios. Las gráficas ilustran (por ejemplo) el precio local en refinería del gasoil cuando hacemos que su valor en junio del 2015 sea 100%, y luego medimos incrementos y caídas respecto a ese valor. También graficamos el precio promedio del mismo bien en la región, con datos públicos tomados de Globalpetrolprices.com. Vemos que desde junio del 2016, en Uruguay el gasoil aumentó 16% en relación a la región (considerando el aumento que rige a partir de mañana), y la nafta lo hizo un 13%. Eso parece indicar que los incrementos no son un problema de costos.

La elección de cuándo empezar la gráfica no es caprichosa, ni para "cocinar" un punto que quiero hacer. Es lo que se puede hacer con datos públicos que cualquiera puede verificar. Si extendiéramos el período de análisis veríamos que estos incrementos en los sobreprecios desde junio del 2016 contribuyen a incrementar el salto que hubo en los precios de los combustibles en diciembre del 2014. Es decir, siempre fuimos más caros que la región, pero en diciembre del 2014 hubo un salto en los precios, y esta nueva tendencia refuerza aquél aumento.

Para ilustrarlo, consideramos la comparación del precio en refinería de ANCAP con un número que calcula la Ursea que se llama "Paridad Precio de Importación" (PPI). Un poco para ver si el combustible es caro, y otro poco para que ANCAP tenga como referencia, la unidad reguladora calcula cuánto costaría importar la nafta ya refinada: se fija el precio internacional, y le agrega los impuestos y costos que tendría ponerla a la venta en nuestro país. Entre marzo del 2013 y septiembre de 2014, el sobreprecio promedio de la nafta súper de ANCAP sobre su PPI fue de -1,1%; desde ese momento el sobreprecio promedio ha sido de 11,3%%. En el gasoil el sobreprecio pasó de 19% a 62% (hoy 75% de sobreprecio).

Como dice el dicho, si tiene cuatro patas, mueve la cola y ladra, es un perro. En este caso, el Ministerio de Economía exigió una rebaja en los márgenes a estacioneros y distribuidores por razones que no tenían que ver con la evolución de los costos de ANCAP, ni con motivos comerciales. Luego vino un aumento de tarifas que nos despega del precio en la región. Si lo quieren llamar tarifazo o no, no importa: la evolución de los precios de los combustibles no tiene que ver con costos, ni con inflación, ni con motivos comerciales; han aumentado para recaudar.

¿Qué podemos esperar a futuro? ANCAP ha cerrado -y continuará haciéndolo- algunas unidades deficitarias. Pero hasta que el gobierno corporativo de las empresas públicas no mejore y los reguladores sean fuertes e independientes, podemos esperar que surjan nuevos emprendimientos faraónicos con el único fin de ser plataformas electorales.