Los cultivos sorprenden por sus récords

En el último año varios rubros en zonas clave del mundo, incluido Uruguay, lograron registros inéditos
Por Blasina y Asociados, especial para El Observador

En dos semanas comienza la cosecha de cultivos de trigo y cebada con lo que la agricultura uruguaya empieza a definir el resultado de la zafra 2016/17. Estas próximas semanas cierra el "primer tiempo del partido" en el que quedan cosechadas las 450 mil hectáreas de cultivos de invierno e implantados el millón y medio largos de hectáreas de verano.

Tanto trigo como cebada vienen de rendimientos récord en la zafra pasada y se acercan a la cosecha en buen estado por lo que pueden repetir o al menos acercar las altas productividades que son imprescindibles dada la fuerte baja que el precio de los cereales han tenido.

A pesar de las adversidades de clima y mercados, el año pasado marcó un hito para ambos cereales de invierno: trigo y cebada. Los rendimientos fueron los mayores alguna vez registrados, acercándose por primera vez en la historia en ambos casos a los 4.000 kilos por hectárea. Pero por dos razones esto no llevó a celebraciones. La principal, con el bajo precio del producto y los altos costos de producción, una gran cosecha apenas permite empatar, equilibrar los costos. Lo segundo, el área había caído tanto que aun con un rendimiento récord la producción fue modesta.

En este año, los cultivos de invierno pueden repetir una situación de rendimientos favorables en un área modesta de trigo y más alta que el año pasado de cebada. Porque, como de invierno que son, disfrutan la persistencia de noches frías que se viene dando y, tras algún faltante de agua durante la primera quincena de octubre, ahora han recibido lluvias beneficiosas para la fase decisiva del desarrollo de las plantas como es el llenado de granos en curso.

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Con una frecuencia de una lluvia semanal, trigo y cebada pueden repetir rendimientos cercanos o superiores a los 3.500 kilos por hectárea, que sitúan a los cultivos por encima de la productividad de exportadores de primer nivel, como Australia y Rusia.

Y en lo que refiere a los cultivos de verano, el panorama también arranca alentador. Han avanzado a buen ritmo y tienen buen desarrollo en sus inicios los cultivos de arroz y maíz, al tiempo que la siembra de soja arranca con excelentes condiciones de humedad en el suelo.

El problema que enfrentarán los productores, aún cuando consigan altos rendimientos, es que en otras partes del mundo, típicamente en EEUU, pero también Europa y la ex Unión Soviética en trigo, también se están sucediendo productividades inéditas, en particular en esta cosecha de maíz y soja, como lo fue antes en trigo y también un año atrás cuando se recolectó otro récord de la oleaginosa y el cereal.

A pesar que FAO acaba de trazar un panorama catastrófico para la producción futura, por ahora el cambio climático no golpea en los rendimientos de los grandes cultivos. Los estadounidenses están levantando casi 11 mil kilos de maíz por hectárea, más de 3.500 kilos de soja y previamente lograron un récord en trigo, con 3.460 kilos por hectárea.

Los agricultores uruguayos seguramente se quedarán satisfechos si repiten los rendimientos del año pasado en trigo y cebada. En el caso del trigo, por ejemplo, el récord uruguayo del año pasado, fue 3.610 kilos promedio nacional, superior al récord estadounidense (3.540 kilos).

Aquí es donde se nota el gran diferencial de costos y logística. Los estadounidenses tienen costos de energía más baratos y aunque muchas veces deben transportar el grano miles de kilómetros hasta que llegue a puerto, logran competir. Uruguay en la productividad por hectárea no está mal. Y en el caso de la cebada, el año pasado fue un récord más impactante porque el promedio nacional superó los 3.828 kilos por hectárea.

En ambos casos, el cambio tecnológico logra agregar en Uruguay unos 80 kilos de rendimiento por año a la tendencia. Con daños graves en años con exceso de humedad, que impactan algo más en cebada que en trigo.

En trigo, Uruguay logra productividades parejas a las de EEUU pero se mantiene lejos de los rendimientos de los europeos. El año pasado lograron un impresionante promedio de 6.000 kilos por hectáreas en la Unión Europea, que no se obtienen aquí ni en las mejores chacras.

Este año por excesos de lluvia en Francia caerán a una media de 5.300 kilos, que es de todos modos lejana a la realidad del resto del mundo. Ucrania, que apenas pasaba los 3.000 kilos por hectárea, tuvo un promedio de 4.150 kilos por hectárea en la última cosecha.

Los australianos logran ser exportadores con un rendimiento de apenas 2.200 kilos por hectárea promedio de trigo, que plantan en zonas casi desérticas y han mantenido en los últimos años productividades altas para sus parámetros.

Los argentinos logran rendimientos similares a los de Uruguay pero con un diferencial de calidad a favor del grano de ellos. Con un marco más certero, seguramente también en el país vecino las productividades puedan subir fuete en los próximos años. Uruguay parece transitar un camino interesante de mejora de productividad física a la que le falta afianzar una calidad que sea valorada por los molineros brasileños, compradores naturales del grano uruguayo.

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En los cultivos de verano


Es en los cultivos de verano, que están en plena siembra, donde se nota la diferencia entre la agricultura de EEUU y posiblemente del primer mundo, y la de Uruguay o el Mercosur. Los rendimientos que se logran en el cinturón agrícola estadounidense están lejos por encima de los que se logran en la región.

Para el maíz de EEUU, el USDA estima que promediará en esta zafra 10.880 kilos y ya hay más de la mitad cosechado. Eso contrasta con los 6.000 que son un buen resultado en Uruguay. Pero lo interesante es que tanto Uruguay como EEUU han tenido cosechas récord en la última zafra. Uruguay con algo menos de 6.000 kilos y EEUU con el doble: 11.800 kilos por hectárea promedio recolectados en esta zafra.

En soja, el cultivo por lejos con más área, Uruguay tiene que prestar especial atención a una eventual mejora de los rendimientos, porque además la semilla vale por buena: en este año casi duplica el valor del año pasado. No realizar el potencial de la genética sale muy caro. La pasada cosecha ocurrida en abril pasado fue arrasada por las lluvias que se prolongaron durante prácticamente todo el mes.

Por lo tanto, los rindes fueron muy pobres: entre 2.300 kilos en la zona núcleo del litoral a 1.500 kilos por hectárea en las zonas más alejadas y con una proporción importante de grano dañado que llevó a que los rendimientos netos, es decir, de grano apto para la comercialización, fueran en el promedio nacional en el entorno de 1.800 kilos (netos). La mitad de lo obtenido por los estadounidenses.

Parecen haber problemas estructurales que están limitando la productividad del cultivo principal de Uruguay.

En este caso lo que capta la atención es que los rendimientos promedio de Brasil y Argentina están prácticamente en 3.000 kilos, o sea, sacan una tonelada más por hectárea sojera que Uruguay. Y aun así la oleaginosa es el tiro más seguro en Uruguay.

Dada la merma en el área de cultivos de invierno, el cultivo de primera es cada vez más hegemónico en la oleaginosa (80% del total), algo que en principio debería llevar a que aumentara el rendimiento. Pero no es el caso el año pasado por la peculiaridad de que los cultivos de segunda (realizados a continuación de trigo, cebada o colza) rindieron mejor que los de primera. Los avatares del siempre impredecible clima uruguayo.

Por otra parte, más allá de la casuística de un año, parecen haber problemas estructurales que están limitando la productividad del cultivo principal de Uruguay. Tras superar los 2.600 kilos por hectárea en 2013, cayeron a 2.200 kilos en 2014, remontaron a 2.300 en 2015 para caer a 1.970 kilos en la zafra pasada. Los países vecinos superan sistemáticamente los rindes de Uruguay.

Como se dijo, el año pasado enfrentó un Niño tan grande como impredecible, sequía en enero y diluvio en abril. Este año la Niña amenaza con sequía pero por ahora es amigable. Los cultivos arrancarán con una situación cercana a óptima. Pero los productores saben que el agua se puede cortar en cualquier momento.

Para los cultivos de invierno que ya están en sus fases finales el resultado está cercano. Hay justificadas ilusiones de que el rendimiento sea parecido al muy bueno del año pasado en un mundo en el que los altos rendimientos se han sumado en distintos lugares. Los de verano arrancan con el pie derecho. Pueden establecer una buena germinación y una caja de ahorro de agua en el suelo.

Lo paradojal es que siendo los cultivos de verano los que ocupan la mayor área y los que prometen mejor margen, mantienen una brecha de rendimientos mayor respecto a las otras agriculturas exportadoras. En buena medida porque la soja es proteína y aceite, y para ello la demanda asiática sigue tan activa que aún con una cosecha récord de EEUU el precio se mantiene 20% arriba del año pasado.

En un mundo en el que han coincidido rendimientos récord, la agricultura uruguaya mantiene la esperanza de lograr buenos resultados productivos en 2016/17. De lo contrario, la tinta roja seguirá dominando las cuentas y engrosando los acrecentados pasivos.

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¿Azar o aceleración?


El colapso del precio de la energía ha sido un factor clave para aterrizar el precio de las materias primas en general, y de los granos en particular. Pero, ¿cuánto ha incidido el aumento en la producción que se ha dado a consecuencia de los excelentes rendimientos en zonas productoras clave del mundo? ¿Es esto debido a una situación de azar climático? ¿O podría eventualmente suceder que más calentamiento global no significara un escenario catastrófico sobre la producción como ha advertido la FAO?

Cabe otra posibilidad. Que el cambio tecnológico en su aceleración esté propiciando la llegada de genéticas y ajustes de manejo tan superiores que las productividades mantengan su crecimiento. Todavía es temprano para llegar a juicios concluyentes. EEUU tuvo una sequía terrible en 2012 pero logró cosechas extraordinarias de trigo, maíz y soja cuatro años consecutivos, algo muy inusual.

Al mismo tiempo la granjera California se desertifica. La modesta suba de la soja muestra que la demanda sigue siendo voraz y que cualquier inconveniente climático puede provocar un salto en los precios. En cambio en los cereales en los que el factor proteína no juega, la abundancia parece asegurada por dos años más por lo menos. Si en dos años seguimos observando rendimientos que como en una garrocha agrícola siguen superando los listones del año anterior, la estabilidad adquirirá una carácter más estructural.

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