Los dedos de Jara y el agujero negro uruguayo

Sin querer, el chileno apuntó a algunas zonas oscuras de la orientalidad

El futbolista chileno Gonzalo Jara tocó a los uruguayos en una zona sensible. No solo le arrimó dos dedos a Edinson Cavani apretándole el pantalón contra las nalgas y sacándolo de la cancha, sino que desató una desaforada protesta de periodistas deportivos y otros estudiosos del fútbol quienes dejaron bien claro que la pelota no solo es cosa de hombres sino, más precisamente, de machos.

Además, reveló lo que la mayoría de los uruguayos considera insobornables ciertos códigos del fútbol que no se sabe muy bien de dónde salieron. “Lo que se dice en la cancha queda en la cancha”, afirman los mismos que en las redes sociales cuentan al detalle asuntos de su intimidad y de cualquier persona que pase cerca de sus vidas.

“Se ve que le gusta”, dijo al aire más de un periodista atormentado no por los dos dedos invasores del chileno sino por el lugar que osaron invadir. Un lugar intocable para todo el que se precie de unas costumbres sexuales y de unos gustos futbolísticos sensatos.

Gustos sensatos como los de aquellos que se abisman con el juego tedioso de Washington Tabárez y piden clemencia para la mordida de Suárez, pero sienten que Juan Ramón Carrasco es un imprudente y piden que la policía se lleve de las canchas al inmoral de Jara.

Y, cómo última infamia, estos uruguayos sueñan con la posibilidad de que los hermanos argentinos, esos que el resto del año son enemigos de sangre, nos venguen de estos chilenos que no tienen ninguna copa América.

Esas copas América que, por el tono de propiedad con las que se las nombra, parecen estar presentes en el living de un montón de uruguayos. Los chilenos en cambio andan carentes de galardones futboleros aunque viven en el país más desarrollado de Latinoamérica y pueden llevar a sus casas algunas cositas más que los uruguayos para hacer la vida más llevadera. Y cada vez juegan mejor al fútbol.

Pero al oriental puro el futuro ni le va ni le viene y prefiere cumplir impunemente el papel del perro del hortelano. Es decir, cualquier persona que reconozca que le gusta más arruinar fiestas que festejar sería enviada al médico para una revisadita rápida, pero los hinchas uruguayos dicen gozar de muy buena salud.

Tienen, si acaso, una leve tendencia a quedarse mirando el cristalero en donde brillan esas copas tan lindas que tienen como mil años y a las que, de tanto en tanto, hay que pasarles un trapito para sacarle el inevitable polvo del paso del tiempo.


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