Los dilemas del patrimonio inmaterial uruguayo

El trabajo de salvaguarda y difusión del tango y candombe tiene dificultades en Uruguay
Al pensar en los aportes uruguayos al Patrimonio Mundial de la Humanidad, las primeras ocurrencias suelen estar relacionadas con el patrimonio físico y material, como la zona antigua de Colonia del Sacramento, o el recientemente incorporado paisaje industrial de la ciudad de Fray Bentos.

Pero también son considerados por la Unesco el tango y el candombe, ambos ingresados en 2009 a la lista de Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, una lista que suele incorporar a aquellas manifestaciones culturales comunitarias que representan a un país o a una cultura, y que tiene un valor tanto social como económico, algo que puede abarcar desde una comida hasta un género musical.

Si bien Uruguay fue uno de los primeros países en ratificar la convención de Unesco de 2003 que estableció la definición de patrimonio inmaterial, lo cierto es que actualmente las iniciativas de salvaguardia y protección son limitadas, tal como plantea un estudio realizado por Andrea Añón, como tesis de maestría para la Universidad Federal de Pelotas, en Brasil.

Añón explica que luego de que una manifestación cultural se postula y se aprueba por parte de la Unesco, se debe acompañar por un plan de salvaguarda que detalle políticas de difusión, protección e incentivo. Pero el plan presentado por las autoridades uruguayas solamente incluye acciones puntuales, como exposiciones, muestras o eventos, no políticas a largo plazo.

Añón aclara que si bien el Ministerio de Educacion y Cultura (MEC) afirma que el plan se presentó, lo cierto es que continuamente se está retocando y corrigiendo, incluso aunque hayan pasado siete años desde la aprobación por parte del organismo internacional de la inclusión del candombe como Patrimonio inmaterial.

En el caso del tango han habido avances, como el apoyo a las milongas callejeras, que desde hace un tiempo se realizan con mayor frecuencia. Además, el hecho de que esa candidatura se presentó en conjunto con Argentina hace que el proyecto tenga otro respaldo y una mayor presión por ser efectivo.

Volviendo al candombe, Añón explica tanto en su proyecto como en entrevista con El Observador, que los expertos que han trabajado en los planes de protección "se pisan entre ellos", al momento de planificar para la Comisión de Patrimonio de la Nación, organismo dependiente del MEC. Uno realiza un proyecto, lo abandona, y llega otro que comienza de cero nuevamente. Esta falta de coordinación y continuidad hace que sea difícil generar políticas a largo plazo.

A estos dilemas se suman una falta de fondos para los organismos encargados de trabajar en estas candidaturas, que por fuera de la Comisión de patrimonio incluyen a un grupo ministerial. Se creó también el Grupo Asesor Candombe, aunque su trabajo es honorario.

Otro dilema es la diferencia de conceptos sobre patrimonio que comparten las autoridades. Añón explica que entre los integrantes más veteranos de la comisión de patrimonio, y también entre aquellos que proceden de la arquitectura, se hace difícil comprender la importancia del patrimonio inmaterial, al que no se considera a la par del material; mientras que aquellos procedentes de las ciencias sociales, como la antropología, lo toman en mayor consideración.

La investigadora considera que es un "riesgo" presentar candidaturas que no estén del todo trabajadas, aunque en el caso del patrimonio inmaterial no se preven sanciones por parte de la Unesco si se considera que no se está protegiendo la manifestación, como si sucede con el patrimonio material.

Si bien es imposible que el candombe y el tango desaparezcan, dado su arraigo en la sociedad (que sobre todo en el caso del candombe se ha hecho más extensivo en el último tiempo), la gestión para difundirlos y perpetuarlos aún tiene aspectos a mejorar.

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