Los feriados no laborables para el próximo año

El debate entre derechos y obligaciones, entre pensar en vacaciones o en progresar

Feriados, vacaciones docentes, feria judicial, feriados no laborables y feriados laborables, pero que en los hechos son de días muertos, “días sándwiches”, feriados largos por corrimiento de fechas, semana de turismo, feriados puntuales, semana de carnaval, feriados puentes.

Uruguay es una usina de creación de feriados.

En el registro de leyes, desde 1895 a este año, aparecen 724 casos de creación de feriados.

La mayoría de estos casos son de feriados puntuales por única vez, pero feriados al fin.

En este 2016, el Parlamento votó leyes para crear un feriado para Carmelo (Colonia), otro para Castillos (Rocha), otro para Zapicán (Lavalleja) y otro para Pueblo Colón (Lavalleja).

Pasa un feriado y emerge la pregunta sobre el próximo “fin de semana largo”.

No es patrimonio exclusivo de este tiempo. La Ley Nº 2.997 del 21 de agosto de 1905 estableció en su artículo 1º: “Declárase feriados los días 24 y 26 del corriente mes”. ¿Por qué? Porque sí.

El 25 ya era feriado y ese año caía un viernes, por lo que en épocas en las que el sábado era un día laborable más, la ley dispuso descanso para jueves y sábado, lo que estiró ese fin de semana largo. “Las obligaciones civiles y comerciales que venzan en los días 24, 25, 26 y 27 serán exigibles el 28 del corriente”, añadió aquella norma en su segundo artículo.

La idea de vacaciones periódicas y estiradas en el año ha estado siempre presente.

Y eso ha tenido un curioso vínculo en el proceso de separación de la Iglesia católica del Estado oriental; había que meterse con los símbolos religiosos, pero era más fácil quitar crucifijos de centros de salud o de enseñanza que toquetear los feriados.

Por eso la solución fue la de respetar a ultranza los feriados y mantener las fechas, limitándose al cambio de denominación.

El 14 de octubre de 1919, luego de una trabajosa discusión parlamentaria, el entonces presidente del Senado, José Espalter, y el secretario de esa cámara, Ubaldo Ramón Guerra, estamparon la firma en el texto que establecía la lista de los nuevos feriados.

Nueve días después, el presidente de la República, Feliciano Viera, y su ministro de Instrucción Pública, Rodolfo Mezzera, promulgaron la Ley N° 6.997

“Desígnanse los días 1° de enero (Año Nuevo), 6 de enero (Día de los Niños), 28 de febrero (Grito de Asencio), 19 de abril (Día de los Treinta y Tres), 1° de mayo (Día de los Trabajadores), 2 de mayo (Día de España), 18 de mayo (Batalla de la Piedras), 25 de mayo (Día de América), 19 de junio (Día de Artigas), 4 de julio (Día de la Democracia), 14 de julio (Día de la Humanidad), 18 de julio (Jura de la Constitución), 25 de agosto (Independencia Nacional), 20 de setiembre (Día de Italia), 21 de setiembre (Cabildo Abierto), 12 de octubre (Día de la Raza), 8 de diciembre (Día de las Playas) y 25 diciembre (Fiesta de la Familia), feriados permanentes”.

Además, esa ley dispuso “la paralización del trabajo el 2 de noviembre destinado a la conmemoración de los muertos”, y destinó “días para la fiesta de Carnaval”. También declaró “feriada la sexta semana siguiente a Carnaval con el nombre de Semana de Turismo”.

O sea que mantuvo el descanso que antes daba la Semana Santa, el Día de Reyes, el Día de la Virgen y Navidad, pero con otro nombre.

Y dejó una lista larga de feriados, estirada en todo el año.

En los últimos tiempos ganó espacio en la discusión legislativa la agenda de derechos, y es importante que se trabaje en cómo defender los derechos de los ciudadanos.

Pero el problema es que no ha estado presente la agenda de las obligaciones.

El 1º de mayo de 2013, en el 30º aniversario del primer acto del Día de los Trabajadores en dictadura, el sindicalista Richard Read puso ese tema en la discusión.

“No podemos estar de acuerdo con que la gente no va a laburar o va y hace como que va a laburar (...) Yo prefiero ser dirigente sindical de un gremio que no me falta nunca y donde la gente labura, que quiere aprender a laburar, aprender el oficio, el orgullo del conocimiento obrero frente a la máquina (…) no quiero el atorrante, el vago”, dijo en aquel discurso.

El avance de un discurso de derechos no ha contemplado el contrapeso de las obligaciones, del compromiso que debe asumir cada persona.

El progreso personal, familiar, y por lo tanto del conjunto de la sociedad, no se conquista con leyes que aseguren derechos; eso es esencia de un país que se preocupe por buscar igualdad de oportunidades para su gente, pero para el desarrollo se requiere mucho más.

Ese esfuerzo que en el 2013 planteó Read, en solitario dentro del movimiento sindical, es fundamental para el impulso que el país precisa.

Capacitación y esfuerzo, ganas de mejorar y sin conformarse con un nuevo escalón.

Así fue el país de inmigrantes que se partieron el lomo para que sus hijos tuvieran un futuro mejor al de ellos, para darles buena educación y que siguieran un camino de trabajo para superarse.

El final de año trae para la economía algunos datos que muestran que comenzó una recuperación, pero que será tibia al menos un año más. Es mejor que recesión, pero exige ingenio para impulsar un crecimiento vigoroso.

Las discusiones sobre nuevos megaproyectos de inversión, con generación de cientos de puestos de trabajo, se enredan en el reclamo de los derechos.

Falta pensar en las obligaciones.

El mercado laboral sufre por ausentismo, por certificados falsos de problemas de salud para justificar faltas, de baja productividad, de ineficiencia, de mala capacitación, de la ley del mínimo esfuerzo.

Muchos uruguayos toman el almanaque de 2017 para ver cuándo caen los feriados.

Otros diseñan su plan para progresar y vivir mejor a costa de su talento y su esfuerzo.

Uruguay se debate entre esos dos modelos de vida.


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