Los guardianes de la costa

Aunque casi nunca trasciende, los guardavidas rescatan cientos de persona por temporada
Suelen ser noticia antes del arranque de la temporada de verano, entre pancartas y protestas. En momentos en que miles de uruguayos y extranjeros aprontan sus valijas para viajar a las playas del este, es usual que los guardavidas aparezcan día tras día en los diarios, en medio de negociaciones a contra reloj con las intendencias en las que piden mejores condiciones de trabajo.

Sin embargo, cuando los conflictos llegan a su fin y bajan a las playas a cumplir su tarea, estos profesionales son protagonistas de increíbles historias, que por momentos parecen sacadas de las películas de acción.

El martes 10 de enero ocurrió una de ellas. Marcelo Pisano, un guardavidas del balneario Santa Ana de Canelones, debió correr 600 metros antes de rescatar a tres personas que estaban a punto de ahogarse. Con un estilo de nado similar al de pecho, el guardavidas cargó a dos de las tres personas sobre su espalda, tomó a la otra del brazo y empezó a patalear con toda su fuerza, ayudado por el brazo que le quedaba libre.

Luego de ese esfuerzo bestial, los veraneantes que disfrutaban de la tarde de playa lo aplaudieron de pie, porque creían que estaban a punto de presenciar una tragedia. Pero estas historias no siempre tienen un final feliz. Ayer, en ese mismo balneario, un joven murió ahogado, según informó Subrayado.
Los rescates complejos en las playas uruguayas son moneda corriente. Cada temporada, en Maldonado se hacen cerca de 400 intervenciones, mientras que en Rocha la cifra alterna entre 280 y 350. La mayoría de los casos ocurren hasta mediados de enero.

No solo son peligrosas las aguas oceánicas. Un baño en Montevideo también puede ser muy riesgoso. El domingo 8 de enero, dos parejas de jóvenes estuvieron a punto de ahogarse en la Playa Verde, a la altura de Punta Gorda.


El mar estaba calmo, pero una corriente arrastró a las cuatro personas mar adentro, hasta una zona en la que no daban pie. Eduardo Ocampo, un guardavidas que estaba recorriendo la zona, narró a El Observador que varios profesionales lograron salvar a aquellos jóvenes de entre 18 y 25 años. Ocampo remarcó que, pese a que no hay un riesgo aparente, el agua siempre puede ser peligrosa. "En cualquier playa, arroyo o hasta piscina doméstica hay riesgo de ahogarse", dijo.

No todas las intervenciones de los guardavidas son en el agua. Hace una semana, en la parada 3 de la Playa Brava, en Punta del Este, un argentino de 52 años sufrió un paro cardíaco y se cayó de su reposera. En medio del alboroto y de la desesperación de la familia, los guardavidas de la zona corrieron junto a su desfribilador y, luego de hacerle masajes cardíacos, lograron mantenerlo con vida hasta que llegó la ambulancia. "Le salvaron la vida", dijo a El Observador Marcelo Simoncelli, supervisor general de guardavidas de la Intendencia de Maldonado. Luego de ser estabilizado, el argentino viajó a Rosario, ciudad de donde es oriundo, para operarse.

Simoncelli, cuando no era jerarca sino uno más de los guardavidas del departamento, protagonizó una historia que lo marcó a fuego. Ocurrió hace 15 años. Era el último día de la temporada y había muy poca gente en la playa, en aquella jornada nubosa de mediados de mazo. En la zona de Los Dedos, en Punta del Este, una joven empezó a gritar desesperada porque su hermano había desaparecido mientras nadaba.

Simoncelli y su compañero de casilla no lo habían visto entrar al agua, pero luego de la advertencia de la mujer comenzaron la búsqueda.
"Lo vimos desde la costa. Estaría a unos 200 metros, muy lejos, detrás de las olas", relató. Simoncelli agarró su flotador y su compañero las patas de rana, y comenzaron a nadar mar adentro en busca de salvar al joven.
Luego de luchar contra las olas durante varios minutos, el hombre ya se había dado por vencido y había dejado de hacer señales con sus brazos. Simoncelli llegó en el momento justo y logró agarrarlo. Por suerte, tenía el pelo largo. "Ya se había abandonado. No tenía más fuerza", relató. El joven era argentino y, luego de estar tres días hospitalizado en Maladonado, se recuperó. Tenía 27 años y prometió que, si tenía un hijo, le podrían Marcelo, en recuerdo al hombre que le salvó la vida.

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