Los hospitales de Susana y la libertad de ofensores y ofendidos

Debemos cultivar tanto la cultura de la libertad como la de la responsabilidad
La semana pasada, la presidenta de la Administración de los Servicios de Salud del Estado (ASSE), Susana Muñiz, presentó una denuncia penal por considerar que la agravié y la injurié en una columna de opinión en El Observador en la que, básicamente, hacía un repaso de las irregularidades que se han detectado en la repartición estatal, algunas de las cuales ya motivaron denuncias.

Pero nada del desastre que se entrevé en estas denuncias contra ASSE molestó a Muñiz, sino que se consideró injuriada porque en una parte de la nota puse "tus hospitales", refiriéndome a los centros de salud que están bajo el control de ASSE.

Muñiz dice en su denuncia que es falso que los hospitales sean propiedad de ella. Por ejemplo: que el terreno donde está construido el hospital Maciel, y el edificio, y las jeringas, y los bisturíes, y todo, no son de ella, sino del Estado. Así como lo lee. Delirante.

La denuncia generó un montón de mensajes de solidaridad y expresiones de inquietud de colegas e instituciones, algunos de los cuales consideran que está en riesgo la libertad de expresión. No puedo sino agradecer las muestras de apoyo y de sentido común.

Pero tengo mi posición personal sobre estas situaciones desde bastante antes de que se presentara esta denuncia. Creo que este tipo de acciones de gobernantes sí son una agresión a la libertad de expresión. Me lo fundamentó muy bien el periodista Claudio Paolillo mientras que otro colega, Gerardo Sotelo, me hizo notar que las jóvenes generaciones de periodistas se pueden sentir bajo amenaza, ya que si los políticos denuncian a un veterano en estas lides, qué no habrán de hacer con ellos.

Es cierto. Pero, aún así, sigo considerando que esta agresión a la libertad de expresión no significa que ese valor esté en riesgo. Estaría en riesgo si la Justicia, un poder del Estado cuyos fallos revelan el tipo de democracia que tenemos, le da andamiento a este delirio personal de Muñiz.
Sino, es solo una agresión de las tantas que suele sufrir la libertad, no sólo de expresión, la libertad a secas.

La voz de la Justicia

La firmeza y estatura de esos valores se los da, en parte, la voz de la Justicia y no las acciones que los agresores emprendan contra ellos. Mientras que la Justicia se interponga entre esos valores y sus agresores, no estarán en riesgo. Si el sistema funciona y lo hace en el sentido de la libertad, no estarán en riesgo. Y si alguna vez están, como ya estuvieron, no en riesgo sino destruidos, es porque el sistema dejó de funcionar y entonces todos los valores relativos a la libertad y a la democracia habrán caducado. Pobre de nosotros, todos, no solo los periodistas.

Y a las jóvenes generaciones protejámoslas los más veteranos y los medios, que son los que no se deben amilanar por algunos funcionarios empastillados de poder. A esas nuevas generaciones, formémoslas en la cultura de la libertad y del coraje de conquistarla cada día. Pero, ojo, también formémoslas en la cultura de la responsabilidad.

Porque si hay algo que también termina afectado por acciones como la de Muñiz, es la credibilidad de los denunciantes, no solo de los denunciados.

En épocas en que las redes sociales nos tienen a todos como víctimas de su falta de códigos éticos básicos, que avasallan no solo nuestro honor sino también nuestra intimidad e incluso nuestra seguridad, las nuevas generaciones de periodistas deben asumir que son, que somos, distintos a muchísimos de estos nuevos heraldos de la estupidez, el anonimato y la pluma veloz. Hay otros "nuevos comunicadores" a los que bien podemos considerar aliados.

Pero los noveles comunicadores deben tener claro que los periodistas tenemos derechos, pero que también los tiene el resto del mundo. Que no tenemos licencia para matar.

La libertad y su uso indebido, la responsabilidad de denunciados y denunciantes, el sentido común, todas cosas importantes, deben ser debatidas y tenidas en cuenta siempre, y no solo cuando una funcionaria da públicamente este espectáculo, lastimoso en todo sentido. Porque cuando alguien dice –aun sin esa intención– que los hospitales que están a su cargo son de ella, como lo son de todos los uruguayos, Muñiz, en vez de sentirse halagada en exceso, se avergüenza. Por alguna razón será.


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