Los idus de Juan Lacaze

La única respuesta que el régimen frenteamplista dará es su droga de preferencia: extender seguros de paro
A dos años de iniciada, ya nos queda claro que esta administración se atiene, estrictamente, al programa impuesto por el Rey de Corazones que Alicia encontrara en el País de las Maravillas: "comenzar por el comienzo; continuar hasta llegar al fin; detenerse".

Y la fidelidad a este proyecto supone, naturalmente, reñir de hecho e incondicionalmente con la realidad, de la que solo se acepta su sujeción al tiempo y al espacio.

Liberados de tal amarra, pues, somos todos embarcados en una novedosa arca de Noé, encerrada en sí misma, segura de concentrar todo y lo único que existe: mercados que se abren con solo quererlo; acuerdos comerciales que nos suplican los cuatro cantos de la Tierra; pozos petroleros que comenzamos a repartir como barajas del truco; trenes que unen pueblos libres entre océanos; satélites enviados al espacio por oficinas públicas.

Sin el estorbo de la realidad es posible y hasta necesario, por caso, creer que Ancap no sea el tumor maligno que a todas luces es: una pesadilla que existe pura y exclusivamente para encarecer el combustible que hace funcionar al resto de la economía, en la que producir además cemento, azúcar, perfume o bebidas a pérdida constante e ininterrumpida es algo a aplaudir. Como lo es el ver su plantilla engrosar diariamente con funcionarios que aseguran cumplir jornadas laborales de 22 horas, en especial bajo el período de oro de la irrealidad Sendic, cuando la nómina aumentara 10% y las horas extras 250%.

¿Que eso costara US$ 200 millones en 2015? Un precio justo por huir de la realidad. ¿Que la cuenta fuera de 323 millones en 2014? ¿Y una capitalización que condonara deudas por 600 millones? ¡Los gustos hay que dárselos en vida!

"Uno no puede creer en lo imposible", le advertía Alicia a la Reina de Corazones. "Te diría que no has tenido mucha práctica", fue la respuesta de esa monarca que merecería ser nuestra.

Mientras nuestra mirada está puesta en la multimillonaria estafa de la que fuera objeto el Fondo Nacional de Salud a la vista y paciencia de todos sus imaginarios controles, tendemos a olvidar que es el Fondo mismo la estafa: mientras ASSE ha triplicado el número de camas disponibles, los indicadores de internaciones privadas del organismo, contratación de servicios de limpieza, traslado en ambulancias, servicios de seguridad ... ¡han aumentado! Y lo han hecho, por cierto, en beneficio de los sospechosos de siempre: parientes, amigos, socios, compinches, que practican el capitalismo bucanero que solo puede existir bajo el socialismo.

En el mundo de Alicia, hemos leído, hay que cerrar los ojos para ver. Y si así procedemos, una empresa privada finlandesa construirá la tercera planta pastera de celulosa en el país, bajo condición de que el desgobierno que eterniza toda obra pública conocida, conjure de la noche a la mañana una revolución en la infraestructura nacional que se ha estimado en US$ 3.000 millones.

La realidad nos indicaría que eso hará del Estado uruguayo socio del emprendimiento. Y nos grita que esta posibilidad existe solo para el caso de que la compañía finlandesa goce de inmunidad ante las exacciones de la dictadura sindical que ya ha puesto de rodillas a Hyundai, Lifan, GKN, o la propia Montes del Plata ... por mencionar a algunas.

No en nuestro país de maravillas. En él no han pasado días desde que una delegación oficial intentara en Helsinki maquillar lo que aquí ocurre, y ya un grupo de técnicos finlandeses llegados a fin de evaluar el sistema férreo entre Paso de los Toros y Montevideo se ha topado con el sindicato y su veto a la inspección.

Son funcionarios de un ente que pierde, en su beneficio y desde hace tal vez dos décadas, alrededor de US$ 25 millones anuales en la tarea de no hacer circular trenes, y no piensan perder este derecho feudal.

Y como en el País de las Maravillas uno puede creer hasta seis cosas imposibles antes del desayuno, no costaría imaginar que alguno de los visitantes haya llegado a hojear, en la prensa local, algo que tal vez haya llamado su atención: el lunes 13 de marzo, una comisión legislativa frenteamplista, cuyo declarado propósito es el de encontrar recursos a como haya lugar, analizará la posibilidad de hacerlo ... en los bolsillos del "gran capital".

Sí: del mismo al que se fuera a seducir a Europa sin éxito unos días atrás. ¿Habrá enviado alguien en la oficina local de UPM el recorte de prensa que refiere al interés que los ávidos legisladores tienen en revisar el régimen de exenciones tributarias que trajera al país a las dos primeras plantas pasteras? "No estoy loco", me imagino al ejecutivo citando por mail al gato de Cheshire: "Es que mi realidad es diferente de la suya".

A semanas de andar esta administración, ya sabíamos que su mapa de ruta era apenas un puñado de añicos: desdichadamente, la realidad de la que huyera desde entonces lo confirma, como ahora su viaje a Juan Lacaze.

Lo que ni el gobierno ni, por cierto, la oposición le dice a las 300 familias que han perdido su medio de vida en Juan Lacaze tras el cierre de Fanapel S.A. es que esos empleos se han esfumado en el aire por culpa y obra de quienes hoy juran que los van a recuperar: el Frente Amplio, el gobierno frenteamplista, el sindicato que los agrupa, y hasta el alcalde que ellos han elegido.

Todos ellos son promotores activos de un sistema que carga sobre las empresas y, por ende, los trabajadores, todas las facturas de sus desatinos: la tonta fiesta de Sendic, los "derechos sociales", las estafas del dotado informático que atacara al Fonasa, las capitalizaciones de Ancap, las barrabasadas de Alas Uy, Pluna, el Fondes, Alur, las "velitas prendidas al socialismo", corresponden a almuerzos al fin y al cabo pagados por quienes trabajan en el mundo real, y a quienes se precipita a la ruina mintiéndoles que ello ocurre por solidaridad e inclusión.

El circo presidencial que diera una función en Juan Lacaze el 9 de marzo ha puesto en cartel la misma pieza: por millonésima vez promete la infaltable "comisión"; una vez más agita el espejito de colores de una salvífica inversión (esta vez un mítico puerto de carga a Buenos Aires que, por cierto, requeriría de algo más que ampliar su muelle para ser relevante), y la hipócrita declaración de "puerto libre" que, claro, en el fondo no hace sino reconocer que es la esclavitud de la carga tributaria la que ha terminado por matar el empleo de los lacazinos: algo así como llevar un balón de oxígeno a un velorio.

Lo cierto es que la única respuesta que el régimen frenteamplista dará a Juan Lacaze es la de su droga de preferencia: extender los seguros de paro. A expensas, claro, de otros trabajadores, en otras partes del país, de cuyos bolsillos saldrá el beneficio.

¿Qué dirigente opositor está dispuesto a viajar hoy a Juan Lacaze a explicarle estas cosas a sus habitantes? ¿Quién tiene las agallas de decirles a estas justamente desesperanzadas personas que han sido objeto de un esquema Ponzi, aún en andamiento? ¿Quién nos confesará, sin más, que el camino del país no es el de ir construyendo fortalezas francas sobre los cementerios del empleo que deja a su paso un gobierno incompetente y sordo?

Porque si nadie nos dice que hay que arrojar por la borda el lastre de los Ancap, Mides, Fondes, con el solo y apremiante programa de generar inversión y empleo, nadie nos está diciendo nada relevante.

Como lo aprendiera Alicia en el mismo País de las Maravillas, hay que correr tan rápido como se pueda solo para quedar en el mismo lugar, y el doble de ello si es que se quiere llegar a alguna parte. l

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