Los límites del presidente

La promesa de Vázquez que pareció convertirlo en una especie de patrón generoso que responde ante pedidos

Tabaré Vázquez llegó tarde a la política, cuando ya había logrado tener éxito en su carrera de oncólogo y el Frente Amplio lo llamó para que sea candidato a intendente de Montevideo. Pero eso no fue condición para convertirse en una de las figuras fundamentales del país desde la restauración democrática (1985).

En las últimas décadas, este hombre nacido en el barrio La Teja ha desarrollado una forma de hacer política muy particular, que le permitió tener una gran popularidad. Dos veces presidente y una vez jefe comunal de la capital, Vázquez apeló al contacto con "la gente". Y para eso ideó una particular forma, que consiste en llevar la reunión de ministros (o directores municipales, en el caso de la intendencia) a distintos lugares del país, en sesión abierta. Así, el acto protocolar que a menudo ocurre a puertas cerradas en la residencia de Suárez y Reyes (Prado) se vuelve público, con la posibilidad por parte de los vecinos de tomar un micrófono y expresarse.

En su nuevo período en la Presidencia, Vázquez retomó las salidas al interior con el gabinete, en un programa que bautizó "Gobierno de cercanía". Los ministros van a pueblos que generalmente no son las capitales departamentales, y entorno a ese evento se genera una intensa actividad de reuniones con las llamadas "fuerzas vivas".

El lunes se llevó adelante uno de esos consejos de ministros en el interior. El departamento elegido fue Treinta y Tres, y la localidad Santa Clara de Olimar. Todo transcurría con normalidad y en un momento tomó la palabra una niña discapacitada que leyó un emotivo mensaje. La pequeña contó que cursaba la escuela, que tenía pensado entrar al liceo y hacer una carrera universitaria, pese a sus dificultades físicas. Dijo que sus compañeros y docentes la apoyaban y la hacían sentir una más. Después de los aplausos, se concretó un pedido al presidente: quería apoyo para tener juegos infantiles adaptados a su condición, para poder hamacarse a la par con sus amigos. El planteo conmovió a los presentes y Vázquez dio una respuesta inmediata. "La semana que viene ya empiezan a venir los juegos", dijo.

¿Es función del presidente prometer a demanda de los ciudadanos? ¿Está bien que actúe con esa velocidad cuando se le presenta un reclamo, por más conmovedor que sea? ¿Cuál es el límite para prometer obras y servicios? ¿Funciona así el gobierno?

Está fuera de discusión la justicia del reclamo y la insignificancia del costo de la obra en cuestión. Sin embargo, el acto parece convertir al presidente en una especie de patrón generoso que responde ante pedidos. La pregunta final es cómo responderá ante otros reclamos que también pueden ser justos y estar al alcance del gobierno.


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