Los marcianos que seremos

Durante los siglos XIX y XX, la humanidad fantaseó con que hubiese vida en Marte y cómo serían los marcianos
Durante buena parte de los siglos XIX y XX, la humanidad fantaseó con que hubiese vida en Marte y cómo serían los marcianos. Verdes, con un ojo. La ansiedad por encontrar vida en el vecindario fue tal que llevó al error a un muy competente astrónomo italiano, Giovanni Schiaparelli, que creyó ver canales en la superficie de Marte. Era un científico honesto y muy respetado y había logrado mejoras en los telescopios de la época. El deseo de querer vida en Marte lo llevó al error. En 1877 llegó a elaborar un mapa de los canales de Marte, lo que alentó una ola de especulaciones.

"Más que verdaderos canales, de la forma para nosotros más familiar, debemos imaginar depresiones del suelo no muy profundas, extendiéndose en dirección rectilínea por miles de kilómetros, con un ancho de 100, 200 kilómetros o más. Ya he señalado una vez más que, de no existir lluvia en Marte, estos canales son probablemente el principal mecanismo mediante el cual el agua (y con él la vida orgánica) puede extenderse sobre la superficie seca del planeta".

La hipótesis geográfica de Shciaparelli fue llevada un paso más adelante por el astrónomo estadounidense Percival Lowell, que dedicó su vida intelectual al intento de demostrar la existencia de vida inteligente en el planeta vecino y probar que los canales eran obras de riego, sobre lo que publicó diversos libros a comienzos del siglo XX.

En 1938 montado en la ola de interés público generado por esas hipótesis, Orson Welles llevó adelante un histórico programa de radio en el que relataba la invasión extraterrestre y que llevó al suicidio a varias personas.

Luego la ciencia avanzaría lo suficiente como para darnos el conocimiento de que Marte no está habitado, pero también para darnos las herramientas para que pueda ser habitable. O en realidad para alentar la imaginación de los genios dispuestos a hacer lo que parece imposible.

Como a fines del siglo XIX hubo quienes soñaron con volar y lo lograron, quienes logren vivir una década más seguramente sean testigos del establecimiento de una colonia de humanos en Marte. Así lo ha propuesto la semana pasada el genial Elon Musk, a esta altura convertido en una de las personalidades más importantes de este siglo.

Caminando siempre por la cornisa, debiendo miles de millones de dólares, pero llevando al ser humano a nuevos límites en varios frentes anunció sus planes para enviar la primera misión tripulada a Marte. Una cabecera de puente para instalar una sociedad de un millón de personas que asegure que en caso de que nos extingamos en la Tierra, la especie siga su evolución en otro lugar rumbo a quién sabe nuevos desafíos.

El ingeniero sudafricano presentó la semana pasada el primer plan estructurado para que la humanidad pase a vivir en dos planetas al mismo tiempo. Una idea tan removedora que dan ganas de cuidar con más ahínco la salud de manera de poder vivir décadas y ver como se desarrollan los acontecimientos.

Según ha afirmado Musk, el objetivo es que la primera avanzadilla al planeta rojo salga dentro de seis años. Por supuesto son muchísimos los que dudan que esto vaya a suceder. Pero tan removedor ha sido el anuncio que Boeing, la mayor fabricante de aviones del mundo salió a anunciar que ellos llegarán antes que Musk. O sea, de ahora en adelante somos los testigos de la carrera del ser humano para pasar a una nueva fase civilizatoria.

¿Qué agricultura podrá hacerse en un planeta sin oxígeno y expuesto a los rayos ultravioletas? Será la agricultura la manera de oxigenar el entorno de Marte, generar una atmósfera y convertirlo en un planeta verde? ¿Qué legislación rige en ese planeta? ¿El primero que llega se queda con todo? ¿Qué sociedad utópica construirán los primeros habitantes? Si los primeros en llegar son estadounidenses, ¿qué actitud tomarán cuando los chinos y los rusos quieran también establecerse?

Evidentemente las preguntas que surgen son inabarcables. Desde la ética a la economía, pasando por la agronomía y la sociología.

Solo cabe aplaudir de pie a alguien que nos provoca a pensar, a quien ha tenido la valentía de poner una fecha tan atrevida como el 2022 para el primer viaje y que mientras planifica la primera migración interplanetaria participa activamente de la solución de los problemas que amenazan nuestra supervivencia en este pequeño planeta, nuestra tierra ancestral.

Sus empresas forman una red sinérgica en la que Solar City genera paneles solares y baterías, Tesla produce autos eléctricos y Space X provee de transporte a la Nasa hacia la Estación Espacial Experimental. Todo orientado a frenar el cambio climático y generar una nueva economía limpia.

Mientras en la enseñanza secundaria de Uruguay la astronomía es tomada como una materia de segundo orden y cada vez menos importancia, en el mundo será cada vez más importante. Será un complemento de la geografía.

Si queremos entusiasmar a los estudiantes, tal vez podamos probar con un extracto de la conferencia "Haciendo a los humanos una especie interplanetaria" que dio Elon Musk en el Congreso Internacional de Astronáutica de Guadalajara en la que trazó cual Cristóbal Colón ante Isabel de Castilla un plan por el que muchos lo pueden tomar por loco.

Tal vez estamos en los albores de una nueva etapa en la historia de la humanidad. Así como todo cambió cuando un africano anónimo decidió pisar por primera vez fuera del continente de origen del Homo sapiens hace unos 50 mil años, posiblemente el mundo recuerde para siempre al africano Musk que está liderando el equipo que puede llevar a que un humano pise por primera vez un planeta que no es la Tierra.

Tal vez tengamos dentro de seis años la noticia principal de este siglo. Una oportunidad cualitativa para la especie humana y también un recordatorio de los riesgos que corremos como especie en este nuestro planeta cada vez más superpoblado, erosionado y caliente.

En algunas décadas posiblemente desde telescopios accesibles a lo que puede pagar un hogar de clase media podremos ver los canales que imaginó Schiaparelli y efectivamente sean para riego. Los marcianos, seremos nosotros.

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