Los misteriosamente bajos salarios chinos

Han crecido más que el aumento de la productividad del último cuarto de siglo

Es moneda común decir que China es tan competitiva a escala mundial porque tiene salarios bajos (bajísimos) y condiciones laborales que dejan mucho que desear de acuerdo a los estándares de la OIT y las prácticas más comunes de países desarrollados.

Pero el cuento de los "salarios bajos" no resiste el menor análisis, al menos si comparamos China con América Latina y con las zonas de débiles de la eurozona. En efecto, en el sector manufacturero chino, que pone los pelos de punta al Sr. Trump, superan a todos –TODOS– los de América Latina excepto Chile, y se sitúan en el 70% de países como Portugal y Grecia.

El salto entre 2005 y 2016 ha sido enorme y ahora China paga salarios más altos que México, Brasil, Colombia y Argentina. De hecho, los salarios por hora en la industria manufacturera china se triplicaron en precios constantes en esos casi 11 años. Y lo triste es que en los principales países latinoamericanos, con gobiernos de izquierda salvo Colombia, los salarios cayeron en términos reales. Lo único que subió fue el discurso populista.

Una de las razones que explican el aumento salarial en China es el aumento de la productividad que se ha dado en estos últimos 15 años, así como el ingreso a la OMC en 2001, que hizo que China tuviera que cumplir varias reglamentaciones sobre el libre comercio que antes no cumplía. Eso jugó a favor de los trabajadores, pero los aumentos salariales no se dieron en un contexto de regulación gubernamental sino de exigencia del mercado para sostener la creciente demanda proveniente de Estados Unidos, Europa y América Latina. Entre 1981 y 2011, China sacó a más de 750 millones de personas de la pobreza, casi el 75% de los 1.100 millones que salieron de la pobreza en ese período gracias a la hoy "maldita" globalización contra la que se levantan los populismos de derecha y de izquierda, sobre todo en los países más desarrollados que no se sienten tan dispuestos como proclaman en sus discursos a ayudar a los más pobres.

Y, por otra parte, esa notable mejoría no se hizo por el "fiat" del gobierno chino (Mao Zedong lo intentó conseguir a sangre y fuego por casi medio siglo y solo logró aumentar la pobreza, restringir las escasas libertades y generar un enorme caos de destrucción y muerte con su famosa revolución cultural), sino por el dinamismo de los chinos liberados de la esclavitud estatal. Fue Deng Xiaoping, sucesor y eterno rival de Mao, quien con astucia y pragmatismo abrió la economía, desmanteló el comunismo, y proveyó las bases de la modernización de China, que es hoy día la segunda potencia mundial y un jugador de primera línea en todo lo referente al comercio y la producción industrial.

La expansión china no solo ha sacado a su gente de la pobreza, sino que ha cambiado las reglas de juego del comercio mundial y de la producción industrial. Estados Unidos y Europa sufrieron sí, pérdida de empleos industriales poco competitivos, pero más que los compensaron con otros puestos de trabajo en el sector servicios. Y donde no los compensaron fue por la rigidez del mercado laboral, principalmente Francia, España, Italia y Portugal. En cambio, Alemania, gracias a la reforma laboral de 2003, y Estados Unidos y el Reino Unidos por la mayor flexibilidad de sus mercados de trabajo, pudieron capear mejor el cambio de paradigma.

Paralelamente, las condiciones de vida en China comenzaron a mejorar y pese a la falta de reglamentaciones laborales, los salarios se fueron ajustando al alza sobre todo en el sector industrial. Hoy, China está integrada no solo al mundo de la producción sino también al del consumo y por eso sus ciudadanos viven mejor y sus salarios han crecido más que el aumento de la productividad del último cuarto de siglo. Y ello sin que el Estado chino tuviera que "poner su dedo en la balanza de los trabajadores". Fue tan arrolladora la mejora de la producción y productividad que los salarios tuvieron que adoptar una marcha ascendente o los empresarios chinos quedaban sin mano de obra.

No es que todo sean rosas en el mercado laboral chino, pero sí está bastante mejor de los que muchos creen. Tanto es así que el aumento de los costes laborales chinos está provocando un trasvase de trabajo hacia lugares como Vietnam, Camboya, Birmania o Laos, e incluso hay algunas compañías chinas que se han instalado en Carolina del Norte. En el fondo tenía razón Deng Xiaoping con la famosa frase que pronunció en 1969: "Da igual que el gato sea blanco o negro, lo importante es que cace ratones". Y vaya si cazó ratones (es decir, generó desarrollo y distribuyó riqueza). Muchos más de los que Occidente o los propios chinos imaginaron.


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