Los neoconservadores

Los candidatos presidenciales pujan como siempre por el voto de la ancianidad pero sin asustarla, típico de un país de viejos conservador

Susana tenía 82 años cuando dejó esta tierra. Lo hizo con dignidad en un hospital público de Montevideo y sus restos yacen en un cementerio municipal. Elida se fue con 87 y su epílogo fue similar aunque producto de una dolencia diferente.

Lo que tuvieron en común durante décadas  estas abuelas fue que cada cinco años escucharon las promesas electorales  de políticos que ofrecían aumentos de sus pasividades a cambio del voto.  Suena lógico en un país altamente longevo como Uruguay.

Nada ha cambiado y en la presente campaña los presidenciales también  hacen foco e n los adultos mayores con promesas difusas y alguna concreta  como la del oficialista Tabaré Vázquez de crear  un sistema de cuidados de abuelos con  el regalo de tablets con botón de pánico incluido.


Tras la restauración democrática las jubilaciones tuvieron en promedio variaciones disímiles según el gobierno de turno pero para hacer una comparación valida deben tenerse en cuenta los períodos siguientes a la reforma constitucional de 1990 que indexó el aumento de las pasividades al Índice Medio de Salarios que al ajustarse por inflación permite que las pasividades (jubilaciones y pensiones)  no pierdan poder de compra.
Según cifras oficiales del BPS durante el gobierno de Luis Alberto Lacallle (1990-1995), las pasividades  tuvieron un aumento promedio real  de 38,3%, crecieron 8,4% durante la segunda administración de Julio Sanguinetti, cayeron 24,8% en el transcurso del gobierno de Jorge Batlle (2000-2005) y se recuperaron 49,5% en el acumulado de las dos administraciones del Frente Amplio (21,2% con Tabaré Vázquez y 23,4% con José Mujica.

Son datos estadísticos que pueden ayudar a hacerse una composición de lugar, pero no son comparables los contextos macroeconómicos.


Además, la verdad es que los programas de gobierno de todos los aspirantes al sillón presidencial son difusos y en lo único que hay unanimidad es que habrá que implementar más temprano que tarde una nueva reforma de la seguridad social con una cosa segura,  aumentar la edad de jubilación  por la sencilla razón de que la esperanza de vida es cada vez mayor y la  la natalidad (y por ende potenciales aportantes) sigue siendo muy baja.

La otra posibilidad es reducir el monto de las prestaciones, es decir, bajar jubilaciones y pensiones pero esa cruenta verdad menos se atreverían a mencionarla los presidenciables

No se trata de un tema sencillo pero si de inevitable abordaje gane quien gane los próximos comicios. El problema, en particular para el Banco de Previsión Social (BPS) que es el principal servidor de pasividades, amerita una discusión técnica seria para asegurar la sostenibilidad del sistema y no debería ser objeto de propuestas al vuelo.


   “Acá está claro. Página 88 párrafo tres del programa del Frente Amplio., quieren aumentar la edad para jubilarse y nosotros estamos de acuerdo con eso” dijo esta semana el candidato a la vicepresidencia por el Partido Nacional Jorge Larrañaga, mientras que uno de los técnicos en la materia de esa colectividad admitió a El Observador que el el incremento de la edad de retiro deberá ser tenido en cuenta por el futuro gobierno.

El programa del Partido Colorado también hace mención implícita a la necesidad de subir la edad para jubilarse.

Pero ninguno de los candidatos a presidente se ha atrevido a decirlo públicamente. El tema deberá ser abordado con seriedad para que no corran riesgo los haberes de casi 800.000 pasivos.
En el fondo el asunto es no asustar viejos. Una vez el escritor Eduardo Galeano definió  a los uruguayos como “anarco-conservadores” pero me atrevería a enmendarle la plana y por lo dicho (y no dicho) en lo que va de la  campaña por los presidenciables se han convertido sin distinción de color político en neoconservadores.


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