Los nuevos Balcanes

Playas soñadas, historia, barroco por doquier y multiculturalidad definen un viaje por Croacia, Eslovenia y Bosnia-Herzegovina, destinos a los que hoy pocos les pueden competir
Por Cecilia Custodio, especial para El Observador

Croacia, Eslovenia y Bosnia Herzegovina. ¿Quién habría dicho, 20 años atrás, que serían destinos turísticos de moda? El horror de la guerra quedó atrás y ahora se descubre en estos países, que emergen con sus encantos, tres destinos turísticos esenciales y cada vez más requeridos. Este es un pequeño recorrido por ellos.

Es obligatorio empezar por Croacia, sobre todo porque una vez que se recorre la zona es imposible despegar de la retina los maravillosos azules de las aguas cristalinas de sus playas. Hace apenas dos décadas todo aquello era devastación y guerra. Pero hoy Zagreb es una capital que combina como pocas lo mejor del este y el oeste de Europa. Sí, la ciudad se desarrolla con energía apreciable y el viajero podrá comprobarlo, pero también conserva su cuota de viejo mundo. Los edificios de la era austro-húngara en el centro de la ciudad, la majestuosidad gótica de la catedral de la Asunción o el teatro Nacional, sus elegantes restaurantes y sus tiendas de diseño, con pubs y cervercerías, hacen de Zagreb un lugar chic, animado y cosmopolita, a la vez que su arquitectura exhibe un valor estético a la altura de edificios de ciudades como Viena.
Zagreb

En Zagreb, por ejemplo, la Academia Croata de Ciencias y Artes es el principal museo donde se puede contemplar una gran colección de obras en un maravilloso palacio neorrenacentista. Allí se destacan la catedral con el Palacio del Obispo, la iglesia de San Marcos y el encanto barroco de la Ciudad Alta con sus pintorescos mercados al aire libre.

El centro histórico de la ciudad está compuesto por tres partes; Kaptol, núcleo de la iglesia católica; Gradec, con el Parlamento y centro administrativo, y por último la Ciudad Baja, corazón comercial. Pero lo que queda más grabado en la memoria es la playa: Zlatni Rat, por ejemplo, es una de las imágenes más vistas de las playas de Croacia; una especie de península de arena que se interna en el mar alrededor de medio kilómetro. Es famosa por ser la preferida de los surfistas y de quienes practican windsurf por el poder del viento en ese lugar.

De la playa hay que pasar a las islas, porque Croacia tiene allí un gran plus de casi 1.000 islas, de las cuales solo 66 están habitadas. Y lo mejor es que en muchas de ellas sí parece que el tiempo se hubiera detenido, con sus cabras pastando, sus ancianos sentados frente a las puertas de sus casas mientras miran la (nueva) vida pasar. Otras islas son la cara opuesta: proponen fiesta las 24 horas. Se puede ir de una a otra en catamarán, en barquitos o, en la versión más glamorosa, en un velero propio o alquilado. Todas tienen lo suyo, pero si quiere comenzar por una, algunos sitios especializados han nombrado a la isla Hvar como la más hermosa.

Eslovenia

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De Croacia podemos pasar a Ljubljana, la capital de Eslovenia, una ciudad pequeña y encantadora. Su arquitectura refleja una mezcla de estilos, producto de haber soportado dos terremotos y la tremenda segunda guerra mundial. Sin embargo, los eslovenos se las han arreglado para mantener el estilo de las ciudades austríacas del Renacimiento. En Ljubljana "la" foto es la del castillo del mismo nombre, que data del siglo XII y es de libre visita. Los habitantes lo usan como punto de encuentro, por lo que también es bueno para ver gente, tomar algo y pasar el rato. La plaza más famosa de la ciudad es la Preseren, situada junto al río Ljubljanica, y la barroca iglesia franciscana de la Anunciación. El Puente de los Dragones es otra de las visitas obligadas, que tiene que ver con el origen de la ciudad. También vale la pena dedicarle un rato al mercado Trznica. El Parque Tivoli es otro punto de encuentro de la gente de la ciudad; allí hay atracciones y hasta una biblioteca al aire libre. Y si la idea es seguir visitando museos, cercanos al parque están el Museo de Arte Moderno, el Nacional y la Galería Nacional.

Otro atractivo de Eslovenia es su deliciosa cocina; uno de los platos más famosos es el Farmers Dish ('plato del granjero'), una cazuela con de todo: diferentes tipos de carnes, chorizos, papas y verduras.
Bled es el punto más turístico de Eslovenia, sobre todo en verano. Otros puntos recomendables son las cuevas de Skocjan: una de ellas, la de Postojna, hasta se puede recorrer en un tren. El Parque Nacional Triglav es una gran atracción para hacer senderismo y disfrutar de la naturaleza. También, para los más intrépidos, está el pico más alto de toda Eslovenia: el Triglav. El país entero está repleto de pequeños pueblecitos con muchísimo encanto, como Skofja Loka y Kropa.

Bosnia-Herzegovina

Sarajevo

El itinerario puede comenzar su cierre con la última capital, Sarajevo. También llamada "la Jerusalén de Europa", tiene historia y multiculturalidad en cada piedra, desde el barrio turco que muestra su legado otomano y bizantino hasta lo occidental provisto por romanos, venecianos y austrohúngaros. Por supuesto, la cruda historia reciente, que dejó profundas marcas en el país, es otro elemento.

Baščaršija, el barrio turco, tiene su epicentro en la plaza, donde siempre hay un sitio para sentarse a comer algo o ir de compras y deslumbrarse con los objetos tradicionales turcos o buscar rarezas en las tiendas de antigüedades. El Puente Latino es el lugar donde asesinaron al archiduque heredero del Imperio Austrohúngaro Francisco Fernando y a su mujer embarazada cuando se dirigían al hospital de Sarajevo. Este hecho, el detonante de la primera guerra mundial, hace de este puente una parada obligada. Otro sitio histórico que hay que conocer aquí es el Ayuntamiento; un edificio del siglo XIX que, después de la segunda guerra mundial se convirtió en Biblioteca Nacional.

Pero, además, paredes y calles muestran las cicatrices de la guerra con grandes cementerios visibles en las colinas y hasta con un toque irónico; los comerciantes y artesanos se las han arreglado para convertir balas en llaveros y lapiceras, que los turistas llevan como recuerdo. Es ironía en serio, porque si hay algo que tiene la población Bosnia es el optimismo y las ganas de salir adelante. Entonces, podría interpretarse que estos suvenires transforman lo dramático en anécdota y a la vez recuerdan al mundo que los visita lo que ahí sucedió.

Desde el Fuerte Amarillo se puede ver la ciudad y los conmovedores cementerios blancos de la guerra de los Balcanes. Paseando por la ciudad es frecuente encontrarse con unas marcas rojas en el suelo: son las llamadas "rosas de Sarajevo", que señalan los lugares donde impactaron los morteros arrojados por las tropas serbias en la guerra que duró desde 1992 a 1996. El edificio sin reconstruir de la calle Mula Mustafe Bašeskije es otro recordatorio del horror. Finalmente está el mercado Markale, lugar de una gran masacre, donde puede leerse los nombres de las víctimas en las paredes.

Uno de los rasgos más espectaculares de Sarajevo es la diversidad religiosa. Hoy conviven templos de todas las religiones: cristianos ortodoxos, católicos, musulmanes y judíos, en una pequeña área.
En los Balcanes hay belleza, hay vacaciones, hay historia, hay turismo de la conciencia, y también hay diversidad. No muchos destinos pueden jactarse de tanto.