Los perdones en el agro (*)

Columna de opinión publicada en El Observador Agropecuario
Por Pablo Carrasco, especial para El Observador

Su columna publicada en este medio el 2 de marzo, con el título El agro y los perdones: ¿a desalambrar de nuevo?, trata del aciago episodio del Estado uruguayo, el venezolano y algunas industrias lácteas.

En lo previo debo decir que le sigo con admiración a través de sus columnas por su agudeza y rigor, aunque algunas veces me puedan doler prendas en el asunto. También le aclaro que cualquier reclamo agropecuario que se asemeje a un llanto me tendrá en contra y seguramente como su aliado.

Destaco de sus entrevistas la exigencia sobre el entrevistado cuando muestran desconocimiento del tema que aborda o subestima al que le está escuchando. En esta ocasión, sin embargo y con todo respeto, siento que usted cedió a la tentación de hacer lo mismo.

En su columna ha dejado claro la intención de referirse estrictamente a datos del sector primario, por ejemplo cuando nos recuerda que el agro aporta la modesta cifra de 6,4% del PIB. Sin embargo, a la hora del reproche el objeto de su columna son las industrias lecheras: Conaprole, Claldy, Pili y Calcar. En la temeridad que usted les atribuye, no hay participación de quienes ordeñan las vacas todos los días.

Aun aclarado quién es su verdadero interlocutor, es llamativa la manera en la que ha conseguido laudar un episodio tan confuso para el resto de los mortales.

Por ejemplo, ¿no le llama la atención que el gobierno representado por nuestro presidente y nuestro ministro, con la presencia del vicepresidente de Venezuela, anuncien un acuerdo de compra de alimentos por el mismo monto que adeuda ANCAP y la creación de un fideicomiso? ¿Acusaría usted de ingenuo a quien suponga que las tres cosas están relacionadas y que el pago de la deuda se usará para la compra de alimentos y la forma de asegurarlo es un fideicomiso de garantía?

Si la verdad es la que usted plantea, ¿por qué anunciar con tanta pompa cosas tan alejadas entre sí? ¿Para qué tomarse el trabajo de crear un fideicomiso si este iba a funcionar como un número de cuenta corriente en la que Venezuela depositaría por adelantado sus compras de alimentos? ¿Esa era la famosa garantía anunciada por el presidente?

Si todo fue el producto del alma timbera de los industriales, ¿será que hablamos de la misma empresa? ¿Tenemos que considerar obvio que el mayor exportador del Uruguay, según la Unión de Exportadores, fue ingenuo a la hora de exportar? ¿Ingenua una empresa que había suspendido sus exportaciones a Venezuela por falta de pago y que las retoma a raíz de este "acuerdo" que no existió?

De todas formas estoy de acuerdo con usted sobre que los demás no deben pagar por el error de una empresa privada. Es más, aunque no sea políticamente correcto, los demás tampoco deberíamos pagar por los errores de una empresa pública.

Mi diferencia con usted está en la definición de ese error. Estas empresas no tomaron el riesgo Venezuela, tomaron el riesgo "Palabra de gobernante uruguayo", y perdieron.

Tampoco es correcto decir que aspiran a una dádiva. Eso es correcto con ANCAP, PLUNA, Fondes y tantos otros. Aquí se trata de un crédito que se pagará con sangre, sudor y lágrimas. Tanto es así que algunas de estas industrias están estudiando rechazarlo y sustituirlo por otras financiaciones más convenientes. Decir lo contrario es abonar esa guerra tan vieja como inconducente del citadino odiando al campo.

Por último, en su columna se minimiza el aporte de nuestro sector a la economía como para merecer semejante atención y usted tiene todo el derecho de afirmarlo. Lo que no debería es basarse en la inexistencia estadísticas al respecto. Por mencionarle el más reciente, le recuerdo que el grupo Mercosur hizo un informe para Opypa al respecto y allí el sector agropecuario es por lejos el sector que más derrama en la economía y el empleo. Por cada dólar que mueve el agro, el resto de la economía mueve 6,22. Lo que se sabe, se sabe, porque si no estaremos adhiriendo a que "cuando la teoría contradice a los hechos, peor pa' los hechos".

(*) Respuesta a una columna de Gabriel Pereyra (El Observador del miércoles 2 de marzo, página 6)

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