Los precios ganaderos buscan un nuevo equilibrio

Las lluvias y la posibilidad de que la exportación de ganado en pie se acelere parecen cambiar la lógica del mercado
Por Blasina y Asociados, especial para El Observador Agropecuario

La ganadería uruguaya atraviesa un momento muy peculiar. Normalmente el criador es el último orejón del tarro. Pero la exportación en pie viene generando un sostén alto para los pecios del ternero, que puede abarcar en este invierno a las hembras, lo que sería una excelente señal para el sector criador, tanto uruguayo como argentino.

En cierta manera la ganadería está construyendo una trinchera defensiva en torno a los muy bajos precios del ganado gordo que se instalaron en el comienzo de 2016, los menores en dólares en seis años. La novedad es que la firmeza de terneros y terneras puede persistir porque se va configurando una lógica de reducción en la oferta futura, que puede volverse importante.

Por un lado, los últimos entores no han arrojado grandes resultados en términos de preñez y destete, y este año en la zona este seguramente se sienta el efecto de la sequía. En segundo lugar, la faena de hembras ha aumentado tanto que el rodeo de vacas entoradas empezará a descender en el Dicose de este año. Tanto en los últimos 12 meses como en lo que va de este año se han faenado más hembras que novillos, algo muy infrecuente. En tercer término, los argentinos se disponen a pagar por llevarse vaquillonas y tal vez terneras uruguayas para recomponer sus rodeos. Si eso se concreta, avivará la demanda por reposición y en particular por vacas. De hecho en los últimos remates por pantalla sorprendió la firmeza de las vacas de invernada y aumentó la demanda por piezas de cría para compensar la escasez de vientres para invernar.

Preservar un marco estable para la cría es de enorme importancia. Será también necesario que la diferenciación que Uruguay logró redunde en mejores frutos a los invernadores, que tuvieron un 2015 complicado y pueden repetir márgenes escasos en 2016.

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Tras un comienzo de año de fuertes bajas, los precios del ganado gordo llegaron en febrero a mínimos en varios años. Desde 2010, cuando empezó un período de estabilidad que se fue aflojando, el kilo de carcasa no se pagaba a menos de US$ 3 ni el kilo de novillo en pie cotizaba por debajo de US$ 1,60.

Varios factores contribuyeron a este ajuste. Por un lado, el comienzo de este año es el que trae más incertidumbre desde 2009. La carne uruguaya depende más que nunca de cómo le vaya a China. Y esa asociación que antes garantizaba la estabilidad porque el país asiático era una locomotora de consumo, ahora es un factor de incertidumbre, porque la economía va frenando y los pronósticos sobre su futuro no lucen halagüeños. Por otra parte, el sostén que daba Estados Unidos en su período de mayor escasez ganadera ya no es tan fuerte.

Desde la oferta, el shock de calor y la ausencia de lluvias de enero se sumó a la inercia de oferta habitual de noviembre y diciembre para mantener a la industria bien abastecida, principalmente con vacas.

En agosto del año pasado los novillos bien terminados para faena valían dos dólares por kilo vivo. Básicamente un novillo de 500 kilos reportaba US$ 1.000. Desde entonces el precio cayó a US$ 1,50, 25% en dólares. La suba del dólar amortiguó un poco el descenso pero de todas formas la baja de precios es significativa, un 14% menos que en agosto.

Es cierto, agosto suele ser el mes de precios más altos por lo escaso de la faena a la salida del invierno. Pero también es cierto que el ajuste de estos meses superó todas las previsiones dado que no se esperaba –y no hubo– una baja equivalente del precio de exportación, que es cierto que viene bajando.

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De hecho el valor del novillo tipo que calcula el Instituto Nacional de Carnes (INAC) cayó apenas 3% desde agosto hasta enero. Pero el precio de exportación de la carne está 11% por debajo de los de un año atrás.

Si la caída de precios es importante para el novillo, más fuerte todavía ha sido para la vaca. Cuando los productores consideran los precios exageradamente bajos y precisan hacer caja, prefieren vender vacas. Es un animal de menor peso y valor, y entonces "más vale malvender lo chico a lo grande".
En consecuencia, la faena de vacas que ya venía alta subió todavía más y la de novillos, que venía estancada, profundizó su estancamiento.

Tanto subió la faena de vacas que en diciembre, enero y febrero constituyó 54% de la faena de vacunos, la mayoría absoluta y la mayor proporción de hembras faenadas en seis años.

Mientras que en algunos momentos de 2015 con el novillo a US$ 3 los productores retenían para aprovechar los buenos precios que se veían venir por la llegada de los operarios kosher, ahora retienen porque consideran que precios tan bajos como los que hubo en enero y la primera quincena de febrero no podían sostenerse.

De esa forma, los productores esperan por los novillos y hacen caja con las vacas, cuyo precio cayó 26% desde agosto hasta mediados de febrero. Y si cae el precio de la vaca, también lo hace el de la ternera y la vaquillona. Todo un paquete no muy estimulante que se acentuó hasta mediados de febrero por la ausencia de lluvias. Y en un momento en el que la agricultura se apresta a dejar hectáreas a la ganadería y se precisa repoblar.

Pero en estos días de marzo dos factores pueden cambiar el panorama. Ambos llegan desde el oeste.

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Argentina irrumpe en escena



La victoria de Mauricio Macri y la llegada de la libertad económica a territorio argentino no solo cambia las reglas de juego del país vecino. También cambia las expectativas y por lo tanto los precios. Suele afirmarse que Néstor Kirchner con sus cepos e impuestos instaló la agricultura exportadora en Uruguay.

Ahora tal vez pueda decirse que Macri le da un empujón a la cría vacuna uruguaya. En el país vecino nadie quiere vender vientres, dado que se ve un futuro venturoso y se quiere producir lo más posible. Y cuando nadie vende porque el precio va a subir, efectivamente el precio sube. La profecía se autocumple.

A la vez, si nadie vende hay que salir a buscar oferta en otros lados. Y allí está Uruguay con sus terneras a un precio mucho menor al de sus pares argentinas. Mientras una ternera en Argentina tiene un precio de US$ 2,70 por kilo aproximadamente, en Uruguay hasta comienzos de febrero tenía un precio de referencia de US$ 1,70.

Con esas diferencias de precios, es sólo esperar el visto bueno de las autoridades sanitarias para que terneras, vaquillonas y vacas empiecen a cruzar los puentes para repoblar los desabastecidos campos de Argentina. La proximidad de ese comercio ya llevó a la ternera a niveles cercanos a US$ 1,80 en los últimos remates por pantalla.

El otro factor que viene de Argentina son las lluvias que desde el oeste han vuelto y han permitido la recuperación de 80% de los campos de Uruguay. La recuperación de las pasturas da a los productores un mayor margen de maniobra para administrar la oferta. De modo que ahora hay otras razones para retener vacas –una corriente comercial nueva y promisoria– y hay una perspectiva forrajera como para esperar para vender novillos.

De esa forma lo ocurrido la segunda quincena de febrero puede ayudar a devolver al novillo a un piso de US$ 3 por kilo de carcasa, que sigue siendo un precio más bajo que el que tuvo el ganado entre mediados de 2010 y fines de 2015, pero con un dólar que ya cruza los $ 32 mantiene una lógica de estabilidad en la ganadería.

Una recuperación necesaria en el ganado gordo ahora que la exportación en pie puede sostener los precios de la cría en novillos y vaquillonas con más fuerza que nunca. Y un beneficio de largo plazo para la industria que precisa contar con un territorio donde el stock de vacas de cría sea el mayor posible.

La caída de los precios de las materias primas incidirá en los precios internacionales de la carne, pero la ganadería uruguaya puede encontrar a partir de este mes un nuevo equilibrio aceptable para todas las partes. Una posibilidad que hasta ahora ha sido difícil de concretar pero sigue siendo imprescindible para que el sector más competitivo del agro uruguayo exprese todo su potencial. El novillo vuelve a afirmarse en los US$ 3 por kilo de carcasa, y con un dólar tan picante, puede ser un equilibrio aceptable para todos.