Los privilegios de un cardenal que encubrió a decenas de pedófilos

Uno de los protagonistas de la nominada Spotlight, mantiene privilegios aún cuando encubrió a sacerdotes pedófilos en Boston

El Palazzo della Cancellaria es el edificio renacentista más viejo de Roma. Allí, muchos obispos retirados y diferentes personalidades vinculadas a la plana mayor del Vaticano pasan sus últimos días disfrutando de una serie de privilegios acordes al cargo. Allí también vive Bernard Law, el Cardenal señalado por las investigaciones del diario Boston Globe que se recrea al detalle en la película "Spotlight". En esta investigación se comprobó que el prelado encubrió a decenas de sacerdotes que incurrieron en situaciones de abuso sexual, muchas veces trasladándolos de parroquia en parroquia con el riesgo –algunas veces confirmado- de que repitieran los abusos.

Law es señalado como "el último estertor de un viejo régimen que señalaba que el status y la dignidad de los cardenales debía ser protegida y dignificada, sin importar la espectacularidad de sus fallos" según John Allen, especialista en cobertura del Vaticano del Boston Globe.

Spotlight

Law, quien en su momento acuñó la frase "No hay sacerdotes en esta arquidiócesis que nosotros sepamos que hayan sido culpables de abuso sexual" no solo encubrió a sacerdotes que incurrieron en este tipo de conductas, sino que además los reubicó en otras parroquias, lo que condujo a que encontraran nuevas víctimas, posiblemente miles de niños afectados en toda la Arquidiócesis de Boston. "Cuando hizo esas afirmaciones, sabíamos que estaba mintiendo", señaló el editor del Globe, Walter Robinson, que formó parte del grupo de investigación –llamado Spotlight, como la película ahora nominada al Oscar- sobre el abuso.

Un premio sabroso

Una vez que las evidencias en poder de los periodistas del Globe destrozaron la poca credibilidad que quedaba a Law –viejo amigo de Juan Pablo II y de cercana relación con los presidentes Bush- referentes de la Iglesia Católica de los Estados Unidos reclamaron a viva voz la salida de Law de la arquidiócesis de Boston, desde donde ejercía un poder que lo hacía ver como la figura más poderosa de uno de los polos cristianos más fuertes del mundo. Tal caída no fue seguida de lo que se diría un castigo: Juan Pablo II puso a Law al frente de la basílica papal Santa María Maggiore, considerada la más hermosa y la primera dedicada a la Virgen María.

. "Sobre el cardenal y siglos de arte inapreciable, pétalos blancos de flores caen de un techo recubierto de oro. Si había algún indicio de vergüenza por las actitudes de Law de parte de la Iglesia, esto no era aparente", señala una nota de la radio WBUR, afiliada a la radio pública nacional de Estados Unidos.

Los reportes dicen que desde allí, donde recaló en 2004 inmediatamente de la crisis que lo dejó expuesto, Law se dedicó a ejercer el poder a través de sus contactos en la zona donde se toman las decisiones. Se mostró durante años sin ningún tipo de vergüenza en eventos y apuntaló a cardenales de su misma línea conservadora.

El fin de sus días, de lujo

"Hay muchos monasterios a los que el Cardenal Law podría haber sido enviado donde no tuviera una posición, donde no le fuera permitido ser un oficial del Vaticano y donde le fuera comunicado con claridad que a partir de ahí debería vivir una vida de pena y rezo por los crímenes que cometió contra cientos o miles de niños", dijo Patrick Wall, un ex monje y párroco que además oficia de abogado canónico que trabaja en casos de acusaciones contra pedófilos.

En lugar de eso, Law conservó su puesto en el colegio de cardenales y, por supuesto, en la importantísima convención de Obispos. Ahora, con 84 años, ya no puede votar para elegir un Papa ni tampoco seguir ubicando a los suyos en Estados Unidos, pero vive sus últimos días de retiro asistiendo a eventos diplomáticos y conferencias, señala la nota de WBUR. Su vida transcurre entre las paredes del palacio renacentista, como si nada de todo esto hubiera sucedido.


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