Los procesos de Paulinho Moska

El músico brasileño vuelve al Montevideo para presentar Violoz, un espectáculo a cinco guitarras
Paulinho Moska es coleccionista "de cosas inútiles". Desde chapitas de botellas o etiquetas de papel, a cajas de cigarrillos, tazas de cubiertas, señales de tránsito viejas, sellos y llaveros. "Mi casa estaba llena de cosas", cuenta el músico a El Observador. "Algunas perduran hasta hoy, como los cómics. Soy un adicto de las colecciones. Tengo algunas colecciones extrañas", por ejemplo: 180 bolsas de avión para vómitos. "Dije eso en una entrevista en Brasil y hasta ahora me envían sacos, ¡no puedo parar de coleccionar!".´

Moska no racionaliza estos impulsos precisamente porque está acostumbrado a que una cosa lo lleve a otra. "Los pelos blancos nos enseñan que todo en la vida es un proceso", afirma. "Pero hay que empezar los procesos. Las cosas más significativas de mi vida, que más me transformaron, fueron cosas que empezaron sin razón y que continué haciéndolas". Sea comenzar una nueva colección o empezar a retratar su reflejo en artefactos de baños de hoteles, todo puede ser la semilla para una canción. De hecho, fue a partir de una de esas fotos que escribió un poema que se transformó en una canción: Lágrimas de diamantes, uno de sus temas más conocidos. "Ahí uno comprende que está en un proceso. Y pasa a fotografiar para componer, para escribir. Y si estás con 800 procesos al mismo tiempo, muchos disparan. Hago colección de todo, leo de todo, pero no soy especialista en nada, soy como el ouroboros, la serpiente que se come la cola", afirma.

De esta manera, el músico siempre se encuentra en una permanente creación y en permanente diálogo, con la música y la gente. Parte de eso es su programa musical y de entrevistas Zoombido, que filmó su onceava temporada aquí en Montevideo y con músicos locales y que busca explorar la relación que otros artistas tienen con la música. Pero el diálogo con el público lo logra en vivo. En su segunda visita a Montevideo en el año, Moska se presentará ahora en vivo en el Teatro Solís con su espectáculo titulado Violoz, donde el músico repasará su carrera (condensada en nueve discos de estudio, el último realizado a dúo con Fito Páez y lanzado el año pasado), con la compañía de cinco guitarras: una con cuerdas de nylon, otra con cuerdas de acero, una guitarra barítono, una guitarra híbrida y un ukelele.

"Las guitarras en el concierto son como cinco amores, cinco mujeres de mi vida", explica Moska. "Es un espectáculo que tiene un cambio de figuras. Hay cinco personajes con sus cinco mujeres. uno es más loco, otro más rockero, otro más country y otro más clásico de acuerdo a los instrumentos. Yo no vuelvo al instrumento que cambio, es un guión que pasa por cinco frecuencias diferentes: agudo, grave, medio".

El concepto que atraviesa este show es "la idea de que una canción te puede hacer bien, que puede hacer repensar las relaciones".
En su caso, las canciones lo ayudaron mucho. Obras de Chico Buarque, Caetano Veloso y Gilberto Gil ("los tres máximos de mi formación"), pero también propias. "Si me preguntás qué es una canción buena, es aquella que cambió la vida de alguien que la escuchó", afirma. "Es muy difícil hacer una canción que tenga certeza que va cambiar la vida del otro. Yo quedo muy contento cuando tengo una que percibo que va a cambiar la vida de mucha gente. Encontré una cosa, una manera de decir, hay algo en el juego de palabras y sentido que va a tocar. Y cuando eso pasa, la gente te dice 'ah esta me mató', 'esta me puso a pensar'. Cuando pasa eso, cuando una persona te agradece esto, eso es el máximo. Y no hablo de ego, hablo de la canción".

Violoz será presentado este jueves a las 21 horas, con entradas a la venta en Tickantel con precios entre $800 y $1.700.

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