Los productores de soja van en busca de 3 millones de toneladas

Tras una cosecha marcada por el diluvio de abril, esta zafra de la oleaginosa comienza con la ilusión de recuperar el impulso de la agricultura y la amenaza de una escasez de agua por La Niña
Por Blasina y Asociados, especial para El Observador

Los productores uruguayos comienzan en los próximos días la siembra de una de las zafras de soja más importantes de los últimos años. Luego de dos campañas que para muchos cerraron con números negativos, el ciclo 2016/2017 tiene el impostergable desafío de recomponer la ecuación agrícola y contribuir a la esperada recuperación de la economía para 2017.

Salvo por el muy alto precio de las semillas, los agricultores tienen una mejor ecuación insumo/producto por la baja del precio de los fertilizantes y la moderada reducción del costo de la tierra.

Los precios internacionales de la oleaginosa se han mantenido estables por encima de los muy bajos precios del año pasado, a pesar de la confirmación de una súper cosecha en Estados Unidos. La demanda, liderada por China ha equilibrado la presión de oferta.

El partido se juega en los próximos meses en América del Sur. La producción en esta parte del mundo tiene el riesgo de un año Niña que por ahora seguiría siendo débil, aunque ha dado recientes muestras de vitalidad. Y un problema en Brasil o Argentina puede provocar una fuerte reacción de precios internacionales como ya está pasando con el azúcar y el café que van en fuerte suba.

En Uruguay da la impresión que la siembra empezará con buena agua en el perfil de los suelos. Para un cultivo que se juega su siembra de primera en noviembre, las lluvias de la segunda quincena de octubre fueron muy oportunas.

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La próxima zafra en Uruguay


Cuando ya se está en las gateras para iniciar la siembra, es claro que la oleaginosa se mantendrá por lejos como el principal cultivo de Uruguay. Su área se mantendrá estable o, en todo caso, habrá un leve descenso.

Para manejar estabilidad o una baja habría que definir la superficie de la campaña anterior. Para la Dirección de Estadísticas Agropecuarias (DIEA) fue de 1,1 millones de hectáreas, para los privados se ubicó entre 1,25 y 1,3 millones de hectáreas. Seis veces más que el trigo, el segundo cultivo en área de Uruguay.

En las consultas con operadores del sector había todavía dudas sobre si se podrá mantener el área del año pasado por algunas restricciones de disponibilidad de semilla. Si bien se ha podido importar algo más de lo esperado desde Argentina, todavía quedan lotes a nivel local –de empresas semilleras o de productores– que podrían bajar su poder germinativo durante octubre.

Dada la ajustada disponibilidad interna se han tenido que importar en algunos casos genéticas con ciclos más cortos a los sembrados en Uruguay con una participación mayor a años anteriores de la variedad Intacta (que tiene un precio bastante más alto). Es posible que queden algunas áreas más marginales todavía en duda, especialmente para cultivos de segunda.

Tomando un área de 1,2 millones de hectáreas y un rendimiento promedio de 2.400 kilos por hectárea se alcanzaría una producción del orden de 2,9 millones de toneladas. Esto es alrededor de medio millón de toneladas más que la campaña anterior. Si se toma un valor FOB de US$ 375/US$ 385 por tonelada con un saldo exportable de 2,8 millones de toneladas se tendría un ingreso del orden de US$ 1.050 millones, alrededor de 20% más que en la campaña 2015/2016.

Mirando hacia el norte


En los últimos tres meses, los valores de la soja en Chicago han operado en un rango acotado más allá de rebotes y caídas puntuales. Superados los temores de un evento Niña que afectara la producción estadounidense, se fue gradualmente yendo a una producción cada vez más récord. A su vez, la demanda operó fuerte limitando la presión bajista por la mayor oferta esperada.

A mediados de octubre la cosecha ya superaba la mitad del área y el Departamento de Agricultura de EEUU (USDA, por su sigla en inglés) elevó su proyección de producción de 114,3 millones a 116,2 millones de toneladas, un nuevo récord, casi 9% superior al ciclo anterior.

Si bien ajustó también al alza la previsión de exportaciones estadounidenses, el USDA elevó el pronóstico de stocks finales hasta 10,74 millones de toneladas, el doble que en la campaña previa. Pero que no es demasiado grande si los cultivos del Mercosur son afectados por una sequía.

Con la producción estadounidense prácticamente en los silos, más de la mitad del área ya fue cosechada sin contratiempos, el partido se juega en América del Sur.

Una aproximación para evaluar la posible trayectoria de precios es la relación entre stocks y consumo, un indicador de lo justo o sobreabastecido de un mercado.

En su último informe, el USDA proyectó un stock mundial de 77 millones de toneladas, estable por tercer año consecutivo. Eso genera un ratio entre las existencias y el consumo mundial para 2016/2017 de 23,5%, cuatro décimas apenas por debajo del ciclo anterior, aunque el más bajo desde la campaña 2013/2014.

La variable de ajuste para esta relación hoy está en la producción y stocks que tendrá América del Sur. El porcentaje de 23,5% es con una cosecha conjunta de Brasil y Argentina de 159 millones de toneladas frente a 153,3 millones de la campaña pasada.

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Mirando hacia el sur


Para Argentina, el USDA maneja una caída de la superficie sojera de apenas 0,4%, mientras las principales bolsas de cereales de ese país proyectaron la semana anterior una caída del orden de 3%. Para Brasil, en tanto, asume un crecimiento de la superficie de 2% cuando hay analistas que lo ven prácticamente igual que el año anterior, mientras que en Argentina ven una caída más importante en el área, ya que se espera en ambos casos una superficie récord de maíz.

Si finalmente la producción y los stocks conjuntos de ambos países fueran entre 5 millones y 6 millones de toneladas inferiores a lo proyectado por el USDA –dejando igual la demanda– el ratio entre existencias y consumo bajaría a entre 21,7% y 22%. Sería así el menor guarismo desde el ciclo 2012/2013. Tanto la moneda de Argentina como la de Brasil se han mantenido fuertes, acotando los márgenes de exportación.

Por otro lado, los dos países harán una apuesta fuerte al maíz. No sería sorprendente que la producción prevista en los dos grandes del Mercosur resultara bastante menor de la proyectada.

Entre setiembre y la mitad de octubre la siembra de soja en Brasil está adelantada respecto al año anterior, mientras en Argentina los últimos episodios de lluvias darían adecuado nivel de humedad para la implantación de la oleaginosa.

Las perspectivas del negocio


Se está, sin embargo, en los primeros minutos del partido con mucho por jugar lo que asegurará algo de volatilidad y oportunidades para cerrar negocios.

En el mercado local los valores se han mantenido en las últimas semanas en un rango que va entre US$ 350 y US$ 360 por tonelada. Se estima que entre ventas con precio y en primas se ha comercializado entre 15% y 20% de la producción futura tomando valores algo por debajo de los 3 millones de toneladas.

Se estima que en uruguay se ha comercializado como mucho un 20% de la producción futura de soja.

Las primas –el descuento entre los valores locales y los futuros en Chicago– se mantienen en niveles históricamente bajos debido, especialmente, al bajo nivel de comercialización de Brasil.

En el país norteño, los agricultores vendieron cuando rebotaron los precios entre fines de abril y junio para luego retirarse del mercado tras el descenso conjunto de Chicago y el dólar frente al real.
Tras dos años en los que la agricultura ha dejado márgenes exiguos o negativos, y con muy bajos precios para el trigo y para la cebada, esta siembra de soja es clave. Si la Niña genera pérdidas en los cultivos de Brasil y Argentina, el precio puede tener subas importantes.

Si golpea en Uruguay, muchos agricultores que llegan maltrechos por pérdidas anteriores pueden terminar en la lona. Al todo o nada.

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Los vaivenes de La Niña


Las últimas proyecciones sobre el evento Niña aumentaron su probabilidad, especialmente para el último trimestre del año que arrojaría para Uruguay precipitaciones por debajo del promedio y temperaturas por encima de la media histórica.

Para los meses de verano la probabilidad es menor que para la primavera y eso se acentúa cuanto más se acerca al otoño en 2017.

Los pronósticos sobre el evento Niña que seguiría al episodio de El Niño han sido volátiles. Sobre abril-mayo las proyecciones sobre un eventual efecto de La Niña para la primavera estadounidense ayudaron al rebote de los precios de la soja y el maíz en conjunto con la menor producción sudamericana para ambos granos.

Según el último reporte del Centro de Predicciones Climáticas de EEUU, junto al Instituto de Investigación del Clima de la Universidad de Columbia, para el trimestre octubre-diciembre la probabilidad de un episodio Niña era de 65% bajando a 44% para enero-marzo.

En los dos últimos informes aumentó la probabilidad respecto al reporte de comienzos de setiembre en el que había un 40% de posibilidad de un evento Niña para octubre-diciembre y de 30% para enero-marzo.

En el último informe del local Grupo de Análisis de Tendencias Climáticas se manejó una alta probabilidad de precipitaciones por debajo del promedio para octubre-diciembre.