Los reyes del verano

Los “lazy bags” se impusieron como tendencia en las playas de Punta del Este

Uno de los objetos más habituales en las playas de Punta del Este son los “lazy bags”, unos asientos que se inflan con el viento y pueden ser usados en todo tipo de superficie

Cualquiera que baje a la playa en Punta del Este durante este verano se encontrará con una presencia repetida entre las sombrillas y las reposeras. Se trata de objetos de tela, de varios colores, con una forma que remite a un pequeño bote y que encima suelen tener a uno o más veraneantes en actitud de descanso. Los “lazy bags” (bolsas vagas, en inglés), un tipo de sofá inflable, son la sensación de este verano.

Cada temporada hay algún artículo que se gana el cariño de los veraneantes. Puede ser una simple curiosidad o una variante más práctica de un objeto tradicional, y no hay dudas de que en 2017 estos asientos han sido la elección popular. Su versatilidad, practicidad y una innegable comodidad lo ayudan. Ofrecidos como si se tratara de pequeños bolsos, el armado de los sofás consiste simplemente en desenrollarlos y sacudirlos al viento, que se encarga de darles forma con mayor o menor velocidad, dependiendo de la intensidad con la que sople. Una vez armados, pueden utilizarse sobre la arena, el pasto, el cemento o incluso sobre el agua.

La importante presencia y variedad de colores y modelos de lazy bags en las playas, desde los Dedos hasta José Ignacio (donde incluso pueden verse vendedores ambulantes que los ofrecen), y que son utilizadas por personas de todas las edades, se condice con las respuestas de los locales que los comercializan en Punta del Este.

La juguetería y papelería Stickers es uno de esos locales, donde los lazy bags pueden adquirirse a $ 1.990. Son de la marca LayBag, una empresa alemana dedicada a la fabricación de este tipo de accesorios que se presenta como la “original” en comparación a sus competidores. En Stickers cuentan con varios colores y ya van por la quinta reposición de stock desde que comenzó la temporada. Los envíos se agotan en poco más de una semana, y su éxito es tal que algunos veraneantes llegan dispuestos a adquirir uno para cada integrante de su familia. En ese local ubicado sobre la avenida Gorlero se han vendido de a tres en forma frecuente, e incluso en una oportunidad un solo cliente se llevó seis de las LayBag.

Con algunos metros de distancia, el local de la cadena de farmacias Farmashop también ha experimentado de primera mano la popularidad de esos asientos. “Me queda solo uno, en negro”, advirtió la vendedora, que confirmó una alta demanda del producto, que allí se vende a $ 1.100, y no tiene marca identificable.

El modelo uruguayo

En mayo de 2016, Rodrigo Bocchi se encontraba en Dubái, realizando el viaje de Ciencias Económicas. Allí, descubrió estos sillones y luego de buscar más información, tomó conciencia de que eran un éxito en el hemisferio norte. Esa misma pesquisa le permitió identificar a los fabricantes a los que apelan las marcas estadounidenses y europeas, ubicados en China, donde Bocchi mandó producir sus propios modelos y diseños, que se comercializan con el nombre Wavers.

Bocchi contó a El Observador que los distintos modelos no solo cambian en lo estético, sino también en sus especificaciones. Los lazy bags suelen incluir bolsillos, por lo que una de las opciones es la cantidad de estos espacios.

Hay otras dos innovaciones que Bocchi asume como propias. La primera tiene que ver con las características de la costa uruguaya, y es una estaca que evita que se la lleve el viento, esa presencia que a veces puede ser molesta en las playas locales. La otra es un respaldo para apoyar la cabeza que permite al usuario estar más erguido y poder conversar libremente con sus acompañantes. Los otros productos de este estilo exigen que el usuario este acostado como si se tratara de una cama.

Si bien la tela utilizada, llamada ripstop nylon, común en deportes extremos como el parapente o el kitesurf es resistente y puede usarse en el agua, Bocchi advierte que no debe ser usada en el mar por los peligros que conlleva. De hecho, aclara, la empresa ha realizado una pequeña campaña en sus redes sociales contra ese tipo de uso.

Si bien este fue el primer verano para Wavers, Bocchi concuerda en que su popularidad ha sido alta. “Pensamos que se iban a vender solo en Maldonado y en Rocha, pero para las fiestas cuando solo estaban en Montevideo ya se había agotado lo que teníamos”, recordó, y destacó que las primera semana de enero prácticamente no llegaron a cubrir la demanda, de tan alta que fue.

Los Wavers pueden adquirirse en diversos locales de Montevideo y la zona costera, con precios en el entorno de los $ 2.000. Además, pueden obtenerse en el sitio de Facebook de la marca.


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