Los sojeros se preparan para una revancha con mejores precios

En un año en el que clima, logística y precios jugaron en contra, un leve descenso en los costos y una también moderada suba de precios alienta las esperanzas de los agricultores uruguayos
Por Blasina y Asociados, especial para El Observador

En la campaña 2016/2017 de soja continuará el proceso de ajuste de costos en la agricultura, aunque lograr un mejor margen dependerá especialmente del precio y de estabilizar el rendimiento en un año que vendría con un episodio débil de Niña, pero Niña al fin.

En general, productores y técnicos consideran que las perspectivas son más favorables que en las dos zafras anteriores, pero sin que sobre demasiado. Luego de dos campañas previas complicadas es limitado o nulo el margen de error.

En la zafra pasada 2015/2016 fue cuando se logró una mayor corrección en los costos a chacra. Sin embargo, esto fue neutralizado por la suma de menores rendimientos por el déficit hídrico del verano y los mayores egresos pos cosecha debido a la alta humedad y problemas de calidad del grano.

Para el ciclo 2016/2017 el salto en el precio de las semillas será el contrapeso a la disminución en otros costos a chacra. La disponibilidad de semillas es un aspecto clave que se definirá en las próximas semanas en función de lo que se haya podido producir y de las importaciones provenientes de los países de la región.

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Costos y márgenes


En cualquier caso se está previendo una suba de 80% en dólares respecto al año pasado, de acuerdo a la proyección de costos presentada por Deloitte. La empresa presentó junto a la Mesa Tecnológica de Oleaginosos (MTO) el lunes 15 el informe sobre los resultados de la campaña 2015/2016 y la proyección sobre la zafra 2016/2017 con márgenes que "tendrían una clara mejora" respecto al ciclo anterior.

El trabajo fue realizado en base a una encuesta entre empresas que concentraron el 10% del área de la oleaginosa en la campaña pasada.

En materias de costos –sin arrendamiento– el monto sería prácticamente igual que en la zafra anterior mientras se proyecta un precio de US$ 340 por tonelada –contra US$ 332 del ciclo previo– y un rendimiento promedio de 2.400 kilos por hectárea frente a 1.970 kg/ha de la campaña anterior.

Con estas variables se lograría un margen, antes del pago del arrendamiento de US$ 278 por hectárea frente a US$ 113/ha de 2015/2016 y US$ 173/ha de 2014/2015. Como se ve, la mejora en el margen dependería –en este escenario– casi exclusivamente de mejorar el nivel de productividad. Hay que tener en cuenta los pronósticos de año Niña y que el promedio de las cinco campañas anteriores fue de 2.300 kg/ha.

En soja para 2016/2017 se proyectó un costo total de US$ 538/ha, sin arrendamiento.

La zafra pasada fue en la que se consiguió el mayor ajuste de costos tras una muy leve reducción en 2014/2015, que fue cuando comenzó la baja de precios.

Según el trabajo de la MTO, en 2015/2016 los costos a chacra para soja de primera fueron de US$ 391 por hectárea, 15% menos que en la campaña anterior. El nivel de precios alcanzado por los productores fue prácticamente igual en ambas zafras, en torno a US$ 330-US$ 335 por tonelada.

Esta mejora de costos en chacra y un recorte conseguido en el valor de las rentas fue pulverizada por los menores rendimientos y en los mayores costos pos cosecha por secada y por las mermas de calidad. Es así que, finalmente, el costo a chacra y pos cosecha fue para la soja de primera solo 8% inferior al ciclo anterior. Una mejor medición se da en el costo por tonelada en el que incide el menor rendimiento obtenido. Así, para la soja de primera el costo por tonelada fue 12% superior respecto a 2014/2015.

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La próxima zafra


Para la campaña 2016/2017 se proyectó un costo total (a chacra y pos cosecha) excluyendo arrendamiento de US$ 538 por hectárea, apenas 4% inferior al ciclo pasado. Este exiguo ajuste se explica básicamente por el mayor costo que tendrá la semilla debido a los problemas que tuvieron los productores y las empresas a la hora de cosechar por los excesos de lluvias de abril.

La MTO estimó un costo total a chacra de US$ 464 por hectárea, 5% superior al ciclo 2015/2016. En el trabajo se toma un valor de semilla de US$ 101 por hectárea, que sería 79% superior al ciclo anterior, mientras hay bajas del orden de 20% en fertilizantes y agroquímicos. En el cálculo sobre el valor de la semilla se tomó mucho menor porcentaje de uso propio de semilla respecto a años anteriores. Por los problemas de oferta y de costos asociados al manejo, el precio de la semilla local o que se importe será sensiblemente superior al año anterior.

En tanto, asumiendo un año normal en lo climático, los costos por cosecha serían 35% inferiores a la campaña anterior. El ingreso bruto esperable se sitúa cerca de los US$ 1.000 partiendo de una apuesta a lograr 3.000 kilos con soja de primera y un precio neto que se ubica cerca del rango que va de US$ 330 a US$ 340. Propietario de la tierra y arrendador se repartirían así ingresos similares.

Las cifras manejadas por la MTO son promedio ya que, dependiendo del manejo, puede haber costos inferiores o superiores a los manejados en el trabajo.

Para el productor que pudo cosechar semilla de buena calidad el costo a chacra sería más bajo. En el valor de la tierra en el trabajo presentado por Deloitte se manejó un descenso para 2016 en dólares por hectárea. Según el relevamiento de la Dirección de Estadísticas Agropecuarias (DIEA), en 2015 el precio promedio de arrendamiento de un campo agrícola fue de US$ 230 por hectárea, cerca de 30% inferior al año anterior.

En tanto, según la encuesta realizada por Deloitte, para 2016 se maneja una caída de 7% hasta US$ 215/ha. En 2015/2016 la renta promedio fue de 640 kilos por hectárea, 10% menos que la campaña anterior. Hay que señalar que la medición de DIEA es año calendario y el relevamiento de la MTO es para la campaña agrícola. De ahí que con un ingreso bruto de US$ 1.000 y un costo de US$ 500, el arrendador y el arrendatario se reparten unos US$ 200 y pocos dólares cada uno.

Para la actual zafra no hay consenso sobre si efectivamente se pudo lograr una reducción adicional en el costo de los arrendamientos. En las zonas más alejadas de los puertos y con menor potencial, pudo haber un ajuste a la baja. Según operadores e integrantes de la MTO consultados por El Observador Agropecuario, el ajuste se pudo dar para los que renovaron contratos antes de la cosecha cuando los precios de la soja eran bajos.

El salto en las cotizaciones desde fines de abril en adelante generó un efecto inflacionario en las expectativas de los dueños de los campos que impidió una corrección en los valores fijos en dólares o en kilos de soja. Es así que las rentas en las mejores zonas se mantuvieron, mientras en regiones intermedias no se habría logrado el ajuste esperado.

Si bien las perspectivas en principio son más favorables, los agricultores estarán arriba del mercado para aprovechar la volatilidad e ir construyendo un precio. En el corto plazo, buena parte del trabajo estará dedicado al cierre y financiamiento de insumos, especialmente en asegurar semilla de buena calidad y de los grupos con los que habitualmente trabaja el productor. Después de eso, cruzar los dedos para que La Niña sea débil o no llegue, y que los kilos defiendan el margen.

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El problema de la oferta de semillas


Hoy el foco en el mercado está en evaluar la oferta efectiva que habrá de semilla de soja de calidad que permita ir a una superficie sembrada relativamente similar al ciclo anterior. Los problemas para la cosecha de semilla obligan a importar desde países como Paraguay y Brasil.

Más allá del corto plazo hay datos que marcan un muy fuerte retraso en la aprobación de nuevos eventos de soja y maíz en el Gabinete Nacional de Bioseguridad. Según los datos manejados por los operadores privados, el último evento aprobado fue en 2014. Desde 1996 a 2014 fueron aprobados 22 eventos genéticamente modificados para uso comercial con un pico de autorizaciones en 2012 de 13 eventos.

Actualmente hay 13 eventos para uso comercial que están en evaluación. Se trata de siete eventos de soja, cinco de maíz y uno para trigo con tolerancia a estrés climático (sequía). De esos 13 eventos, ocho tienen la solicitud hecha antes de 2013. Según los datos oficiales, de esos 13 eventos hay 11 que están recién en la primera etapa de requerimientos. El más avanzado –un maíz tolerante a herbicidas e insectos-ya pasó la fase de consulta pública.

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