Los uruguayos que eligen trabajar para el mundo

Diferentes sectores proponen la regulación del teletrabajo, una opción cada vez más elegida por los empresarios y trabajadores uruguayos
Teclear desde la rambla, el Parque Rodó o el sofá de su casa es una posibilidad cada vez más factible para los uruguayos que eligen trabajar para el mundo.

Según el subsecretario de Trabajo, Nelson Loustaunau, los teletrabajadores constituyen 8% de la fuerza laboral uruguaya y ese dígito crece año a año.

Con eso en mente, Loustaunau sorprendió en la sede de la OIT, en Ginebra con un discurso que promueve una regulación internacional del teletrabajo. En aquella ponencia sostuvo que para promover reglas efectivas será necesario "evitar la mirada tradicional del mercado de trabajo".

De esa forma, las ocho horas de trabajo frente a una computadora y marcar tarjeta son conceptos que podrían quedar obsoletos con el desarrollo del teletrabajo, una alternativa respaldada a nivel local tanto por el sector público como por el privado.

El director del área Internacional de la empresa Freelancer, Sebastián Siseles, explicó a Café & Negocios que para 2020 se prevé que cerca del 50% del trabajo en el mundo se realice, de alguna u otra manera, de forma remota. Algo que tarde o temprano trastocará el funcionamiento del mercado laboral local.

El Uber del trabajo

El flamante presidente de la Cámara Uruguaya de Tecnologías de la Información (CUTI) y fundador de Netgate, Álvaro Lamé, considera el teletrabajo como el Uber o el Airbnb de lo laboral.

"Hace que la gente que tiene un trabajo formal encuentre una oportunidad diferente, mucho más flexible y con la posibilidad de generar mayores ingresos", sostuvo Lamé.

El también presidente de Netgate y fundador de la empresa Epistele –compañía que tiene como fin educar a los teletrabajadores– indicó que se pueden identificar dos tipos de teletrabajadores: los independientes y los que trabajan en relación de dependencia.

La industria del software es la gran estrella del teletrabajo, aunque según Lamé el abanico de opciones que se puede realizar de forma remota es infinito.

Por ejemplo, el portal Freelancer.com, con sede en Australia, publica 6.000 nuevos trabajos puntuales cada día para sus 20 millones de usuarios de todo el mundo. Unos 19 mil de esos usuarios son uruguayos que buscan oportunidades de trabajar remotamente desde Uruguay al mundo.

Según el director del área Internacional, Sebastián Siseles, el 75% son millennials –tienen hoy en día entre 18 y 35 años–. "Ellos nacieron y se criaron con una computadora bajo el brazo, no se puede pretender que trabajen sin ella", estimó el ejecutivo.

El experto explicó que, a pesar de sus dimensiones, Uruguay corre con ventaja con respecto a la región por su tasa de conectividad, que es de las más altas de Latinoamérica. "Siempre digo: a mayor tasa de conectividad, mayor desarrollo tiene un país. En los países nórdicos la tasa es casi del 90%, en Estados Unidos es del 85% y en Uruguay es casi 70%", resaltó Siseles.

Loustauneau coincidió con Siseles en ese aspecto y ratificó que acciones como el Plan Ceibal y la fibra óptica son los causantes de que Uruguay esté preparado para hacer frente al teletrabajo.
Oportunidades y amenazas

Según Siseles, el mercado de Freelancer se valúa en US$ 1.800 millones. Su compañía promueve la realización de trabajos puntuales que no requieran de relación de dependencia.
"Si tiene que hacer un logo, en el mundo físico tardará una semana entre que encuentra a alguien que lo diseñe y que efectivamente lo haga. En Freelancer en 10 minutos ya se pueden tener varias propuestas", explicó Siseles.

El mundo del teletrabajo ofrece oportunidades para los trabajadores que pueden, entre otras cosas, gozar de flexibilidad horaria; pero ellos no son los únicos beneficiados ya que las empresas que apuestan a esta dinámica ahorran a diario en gastos fijos como luz o teléfono.

"Cada vez más son las empresas que promueven el teletrabajo, como parte de una política de flexibilidad que apunta a lograr un mejor balance vida-trabajo", aseguró el gerente comercial de Manpower, Fernando Aldabalde.

El gerente agregó que la "uberización del trabajo" lleva a una nueva relación laboral que se enfoca a prestar servicios en vez de acatar el esquema tradicional del contrato por horas.

En este sentido, Lamé coincidió con Aldabalde y apuntó que sería necesario crear una nueva herramienta para medir el rendimiento de los trabajadores.

Según el director del área Internacional de Freelancer, Sebastián Siseles, US$200 es el monto promedio que percibe un teletrabajador por completar una tarea puntual a través de la plataforma.

No todo es armonía en el universo del teletrabajo. La competitividad de las empresas es uno de los aspectos que puede verse amenazado ya que aquellos profesionales que eligen teletrabajar para el exterior son recursos de mano de obra que se retiran del mercado.

Además, según Lamé, muchas empresas del exterior pagan mejores sueldos que las uruguayas por lo que los empleados prefieren trabajar desde su casa para el exterior antes que cumplir el típico horario de oficina.

A su vez, los trabajadores compiten también con pares de todo el mundo. "Un ingeniero de sistemas en Colombia gana 30% menos que uno en Uruguay. En la medida en que el teletrabajo se siga desarrollando claramente va a haber un tema con el mercado local", acotó Lamé.
Para el presidente de la CUTI, esta globalización del trabajo llevará a que los trabajadores optimicen el uso de su tiempo y trabajen virtualmente algunas horas para una empresa y otras horas para otra.

Desregulados

Loustaunau advierte que la falta de regulación es el gran riesgo que corren todos los trabajadores remotos. "Si creemos que esto se va a regular solo por el mercado, estamos locos", estimó. La falta de seguridad social y la ausencia de tributación margina a los teletrabajadores que no están amparados en la actual legislación.

El subsecretario de Trabajo reconoció que a nivel mundial existe muy poca regulación al respecto. En su mayoría, la poca que existe se da en la Unión Europea.

"Lo complicado es que no se desempeñan en un espacio geográfico concreto, pueden hacerlo donde quieran y eso obliga a que tenga que haber una regulación más allá de las fronteras", comentó, y apuntó que por eso la OIT debe ser la que ponga manos a la obra.

Por su parte, Álvaro Lamé, aseguró que este año propondrá, como presidente de la CUTI, la creación de una ley sobre teletrabajo.

En este sentido, Loustaunau indicó: "Las legislaciones locales tal vez sean necesarias pero lo que es indispensable es una legislación transnacional". Apuntó que hablar con Lamé y otras cámaras empresariales sería uno de sus próximos pasos a seguir.

Desde Uruguay al mundo

En la mayoría de los casos el teletrabajo de los uruguayos se orienta a empresas en el exterior pero esta no es la única forma de trabajar para el mundo sin abordar un avión.

Uruguay XXI impulsa la exportación de "servicios globales" a través de su plataforma Smart Talent que le da la posibilidad a trabajadores uruguayos de hacerlo desde una empresa en Uruguay para el resto del mundo. "Hoy hay 200 empresas en el portal pero el universo es mucho más amplio porque, en tecnología, hay unas 800 empresas que trabajan para el exterior", indicó la coordinadora del programa de Servicios Globales de Uruguay XXI, Viviana Martínez.

Smart Talent comenzó con su actividad en abril de 2015 y al día de hoy ya tiene más de 9.000 usuarios registrados y 450 ofertas de trabajo publicadas que se renuevan periódicamente.

Los principales rubros de servicios que requieren personal uruguayo son los vinculados a las TIC (como software, infraestructura y desarrollo), también farmacéutica, salud, arquitectura, administración y finanzas; entre otros.

Martínez comentó que para cubrir la demanda, tanto local como extranjera, Uruguay XXI alienta a los jóvenes a que cursen ese tipo de carreras. Asimismo resaltó que las empresas que brindan servicios al mundo ofrecen no solo buenos salarios sino también espacios multiculturales y una dinámica de trabajo distinta.

Los protagonistas

Cuando la empresa en la que trabajaba Magdalena Czarnievicz fue vendida a una compañía norteamericana, la química tuvo que acostumbrarse a un nuevo desafío: teletrabajar.

"Al principio era horrible", confiesa la quality manager, que tuvo que adaptarse al teletrabajo en relación de dependencia y adaptarse a una jornada laboral sin madrugar, sin problemas de tráfico y sin compañeros. Como contraparte, Czarnievicz comenta que trabajar desde casa requiere de disciplina y organización para poder cumplir con las metas que debe cumplir en tiempo y forma.

Con el correr de las semanas comenzó a agarrarle el gusto a la nueva modalidad de trabajo que muchas veces le demandaba trabajar en horarios opuestos a los habituales en Uruguay por las cuatro horas de diferencia horaria con la casa matriz.

"A veces tengo que irme de alguna cena de amigos a contestar un mail pero es costumbre", explica la profesional, y apunta que por pedido de la organización también viaja cada uno o dos meses a la filial de Estados Unidos.

"Si ahora me dicen que tengo que volver a marcar tarjeta me muero de la pereza", destaca Czarnievicz que aprovecha la flexibilidad de su horario para hacer otras actividades como por ejemplo ir al gimnasio al mediodía. Además el pasaje de la empresa uruguaya a la empresa norteamericana le repercutió en un aumento significativo del salario.

En el caso de Federico Servian, el mundo del teletrabajo golpeó a su puerta por medio de un colega que lo recomendó, a comienzos de 2015, Servian se puso en contacto con una empresa alemana que necesitaba crear, como proyecto puntual, una infraestructura basada en Citrix, una de las tecnologías con las que él trabaja.

Como los fundadores de la compañía eran uruguayos, prefirieron elegir profesionales locales debido a que confiaban más en su trabajo. "Querían que los que trabajaran con ellos fueran uruguayos aunque los costos pudieran ser mayores", sostuvo el consultor en informática e infraestructura. Asimismo reconoció que en Uruguay su especialidad se cobra un poco más que en otros países de la región.

De esta forma, Servian desde Uruguay y sus compatriotas desde Alemania comenzaron un trabajo en conjunto de forma virtual.

El pago se realizaba a base de la cantidad de horas trabajadas, en este caso, cada hora de Servian tenía un costo de US$ 70. "Después de cumplir con mi jornada de trabajo le dedicaba entre dos y cuatro horas al proyecto que llevó en total unas 60 horas", apuntó.

La relación laboral que se desarrolló durante un par de meses entre fines de 2014 y comienzos de 2015 fue principalmente a través de correo electrónico y reuniones esporádicas por Skype. "Me gustó porque fue un proyecto que pude trabajar desde cero y lo mejor era que poder hacerlo en la comodidad de mi casa", concluyó el especialista en infraestructura e informática.

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