Luces amarillas para la democracia

En Uruguay la satisfacción con su funcionamiento pasó de 82% a 51% en tres años

Baja el apoyo de los uruguayos a la democracia

Hay una teoría que indica que Uruguay atraviesa, silenciosamente, un sacudón social y político de grandes proporciones. Esa teoría ayer ganó varios argumentos de peso.

La corporación Latinobarómetro dio a conocer su informe 2016. Y los datos sobre Uruguay tienen información relevante: cae el apoyo a la democracia (al igual que en buena parte de la región), cae la evaluación sobre su funcionamiento, aumentan los indicadores de "autoritarismo" y más de 70% de los uruguayos piden "mano dura". Los reclamos por priorizar el "orden" sobre las "libertades individuales" también crecen.

Estos datos le pegan a todo el sistema político y no solo al gobierno. Una de las instituciones que más apoyo pierde es el Parlamento y otra son los partidos políticos.

El politólogo y experto en opinión pública Ignacio Zuasnabar alertó hace varios meses por la aparición de una "luz amarilla".

Los números de Equipos, la consultora en la que dirige el departamento de Opinión Pública, le marcaron durante todo 2015 "más cambios" que en los últimos 10 años. "Cambió la percepción económica, la percepción del gobierno, hubo algunos cambios en la imagen de ciertos líderes; se ve que la opinión pública está modificando un estado que durante 10 años fue muy estable", dijo Zuasnábar a Búsqueda a finales del 2015. Todos los líderes políticos, además, habían perdido apoyo.

El problema, advertía el año pasado, era que si esos datos se vuelven constantes, podría entederse que "la gente esté mirando con menor confianza al elenco político".

Con los números del Latinobarómetro conocidos ayer, el experto señaló a El Observador que las luces amarillas se han vuelto más intensas. Pero agregó que "no se puede hablar de luces naranjas".

Al comparar los datos con el resto de la región, Uruguay todavía tiene un "colchón" grande, porque está mejor que muchos países.

La foto no es tan mala. "Cuando nos comparamos con nosotros mismos hay señales de deterioro, que no todas son nuevas, pero que hay que prestarles atención", agregó .

¿Por qué aparecen esas luces amarillas? Para el experto hay cuatro motivos: una peor coyuntura económica que corre el velo sobre problemas que ya estaban presentes, sumada a expectativas más altas por una población "sofisticada" luego de años de crecimiento. En segundo lugar la persistencia del problema de la inseguridad ciudadana. Tercero, los problemas de la enseñanza, dado que a mayor nivel educativo se valora más la democracia. Y en cuarto lugar el deterioro de las instituciones democráticas: los partidos y el Parlamento, sumado a la percepción de que los políticos están más preocupados por buscar su beneficio propio que por resolver los problemas del país.

Las luces amarillas

El apoyo a la democracia tuvo una caída abrupta de ocho puntos porcentuales entre 2015 y 2016, según el reporte difundido ayer.

La pregunta que se le hizo a todos los encuestados latinoamericanos es si están de acuerdo con que "la democracia es preferible ante cualquier otra forma de gobierno".

En Uruguay, 68% contestó que está "de acuerdo" o "muy de acuerdo" con esa afirmación. El año pasado 76% de los uruguayos respaldaba la democracia y en el año 2009 lo hacía 82%. "Uruguay ha sido históricamente el país de América Latina donde el apoyo a la democracia es más alto, por lo que esa caída abrupta llama doblemente la atención. En 2016 Uruguay alcanza su punto más bajo en el apoyo a la democracia en 21 años (68%). Habrá que mirar en detalle la evolución de ese país para comprender las causas de este fenómeno", señala el reporte de Latinobarómetro.

"Hay también una caída fuerte en la satisfacción con el funcionamiento de la democracia, de 82% a 51% entre 2013 y 2016. Eso está explicado por la coyuntura económica", dijo Zuasnabar.

El trabajo, que en Uruguay fue realizado por la consultora Equipos, también mide el autoritarismo. El 41% de los uruguayos contestó que "no le importa si un gobierno no es democrático si resuelve los problemas", 10 puntos más que hace ocho años. Ante la misma pregunta, en 2008, 31% contestó que estaba de acuerdo con esa afirmación y en 2004, 32,5%.

Otro dato que revela el informe son los pedidos de "mano dura" en distintas partes de la región.

Uruguay el salto es enorme. En 2016 el 71% respondió que "no viene mal". En 2004, 45,8% creía eso y 45,9% consideraba que "no es buena" la mano dura. En 1995, el indicador era aun más bajo: solo 32,2% creía que "no viene mal" la mano dura. Por tanto, en 21 años el salto es de 39 puntos porcentuales.

Esa necesidad de más autoridad, Equipos la advierte en aumento desde el 2006 a través del Estudio de Valores. En el Latinobarómetro, viene acompañado de otro dato: la institución que hoy tiene más apoyo en el país son las Fuerzas Armadas.

El estudio también analiza la dicotomía que se plantean las sociedades entre "orden" y "libertad". Si se toma el promedio de toda América Latina, "en la última década ha disminuido desde 60% (2006) a 52% en 2016 la demanda por una sociedad ordenada a costa de la disminución de libertades".

Pero en Uruguay es al revés: hoy 58% prioriza el orden (10 puntos más que hace 10 años). Este año, 39% dijo que prefiere vivir "en una sociedad donde se respeten todos los derechos y libertades, aunque haya algún desorden". En 2006, la opción era preferida por el 46%.

Uruguay y el resto de la región

Los números, como siempre, se pueden interpretar de diferentes formas. Porque si se hace una comparación con el resto de América Latina, los datos divulgados ayer no parecen dramáticos.

En toda la región los datos no son alentadores. Por cuarto año consecutivo el apoyo a la democracia en promedio registra una baja de dos puntos porcentuales entre 2015 y 2016 (54%)

"¿La democracia produce demócratas? Pareciera ser la pregunta que estaría detrás de estos resultados. Lamentablemente, al menos en estas décadas esto no ha sido así. Crecer en una democracia imperfecta no ha producido cambios significativos en las nuevas generaciones. El autoritarismo cultural latinoamericano con sus múltiples expresiones persistirá como una sombra en la región, evolucionando lentamente", dice el informe del Latinobarómetro.

Pero los problemas más graves se deben a que la comparación de Uruguay consigo mismo no es nada buena.

El desgaste de los políticos y el crédito presidencial

Ningún mandatario latinoamericano cuenta hoy con capital político acumulado para gastar. En el lustro virtuoso de 2003 a 2008, había al menos nueve mandatarios con amplio capital político y elevados niveles de aprobación", establece el informe del Latinobarómetro publicado ayer.

Y es el caso de Uruguay. El gobierno de Tabaré Vázquez tiene una aprobación de 43%, muy por debajo del 72% de la medición del 2015 o incluso del registro más bajo de la última década (61% en los años 2007, 2008 y 2013). Aún está lejos igual de 2004, cuando a finales del gobierno de Jorge Batlle la aprobación del presidente colorado era de 12%

Para Zuasnabar, aunque es cierto que la figura de Vázquez "tiene menos peso que antes", no se puede decir que esté "excesivamente desgastada", porque sigue siendo el líder político uruguayo con más apoyo.

Pero los datos del Latinobarómetro no son preocupantes solo para el gobierno, sino que deberían serlo para todo el sistema político uruguayo. La popularidad de los políticos está en caída.

Otras mediciones locales, anteriores al Latinobarómetro, así lo indicaron. La mayoría de los líderes perdieron apoyos desde las elecciones. Esto confirma que el humor de los uruguayos está cambiando.

"La factura se la pasan a todos los políticos. Hay quienes ven una dinámica electoralista de forma muy prematura y con discusiones que tienen mucha distancia de sus problemas reales", dijo Zuasnabar.

Pero, además, en toda América Latina los políticos la tienen más difícil que hace un tiempo. Y eso tampoco es sano para la democracia.

"La percepción de que los políticos han perdido credibilidad está muy expandida en la región. En 2016 el 46%, tres puntos porcentuales más que en 2003, cree que no se recuperará la credibilidad", dice el informe.

"Los presidentes de la región ya no cuentan con el silencio. Hubo una época en América Latina, que se llama aquí hiperpresidencialismo, en que varios presidentes alcanzaban un muy alto apoyo. En 2009 había seis presidentes sobre el 70% de aprobación y solo dos con menos de un tercio", establece el informe.


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