Luis Suarez: Una vida insaciable

“Tabárez es el entrenador más importante que tuve en mi carrera"

En octubre de 2011, cuando Diego Forlán marcó su tanto número 32 y se transformó en el goleador histórico de la selección nacional, rompiendo el récord que poseía Héctor Scarone desde 1930, Luis Suárez alcanzaba 22 anotaciones con la celeste. Dos años después Suárez logró los 35 goles, superó los 34 que entonces tenía Forlán y no paró más. Hoy suma 45 y es el delantero que más convirtió con la camiseta color cielo.

Estos datos ya marcan la importancia histórica del futbolista que nació en Salto, en el seno de una familia humilde, hace 29 años. En una década de carrera (debutó profesionalmente en 2005 en Nacional) se constituyó en uno de los futbolistas más importantes del país en el último cuarto de siglo.

Pero no solo por la catarata de goles. Futbolísticamente es hijo pródigo de un ciclo encabezado por el técnico Óscar Tabárez que le devolvió a la gente la fe por los colores del seleccionado. El cuarto puesto conseguido en el Mundial de Sudáfrica 2010 (en buena medida por una instintiva mano de Suárez a la que le siguió un fallido remate penal del ghanés Asamoah Gyan) y el título de campeón de América de 2011, en que el salteño fue elegido el mejor jugador del torneo, adornaron una carrera plagada de tantos y polémicas.

Dueño de una personalidad indomable, Suárez se metió reiteradamente en líos dentro de las canchas. Fue suspendido tres veces por morder a los rivales y otra, larga y dolorosa, por un insulto racista contra un rival en la liga inglesa. Pero siempre volvió con la entereza necesaria como para seguir rompiendo récords, mientras en Uruguay lo admiraban con exaltación. El inflexible castigo que le propinó la FIFA tras morder al italiano Giorgio Chiellini en el Mundial de 2014 (nueve partidos internacionales y cuatro meses sin acercarse siquiera a un espacio deportivo) continuó con la transferencia más importante de su trayectoria. Pasó del Liverpool inglés al Barcelona, el club más poderoso del momento y en el que jugaban Lionel Messi y Neymar, dos de los mejores futbolistas del mundo, a quienes en poco tiempo se acopló como si hubieran jugado juntos toda la vida. Y allí, además de ganar todo lo posible con su equipo, se coronó goleador de la Liga Española en la última temporada.

Cuando tenía 11 años, Suárez se integró al fútbol infantil de Nacional de Montevideo. A los 13 le gustaba más ir a bailar que jugar al fútbol, por lo que su futuro no estaba claro. Además, la familia vivía una crisis, por la separación de sus padres. Eran tiempos difíciles para él y sus cinco hermanos. Pero en el club encontró cobijo y personas que lo ayudaron; lo demás lo hizo él azotando redes. Cuando tenía 18 años, debutó en la primera categoría de Nacional.

Su pasaje por el equipo principal de los tricolores resultó efímero. En 2006 se marchó a un desconocido club de Holanda, el Groningen. El deseo de vivir en Europa sin que el océano lo separara de su novia Sofía, quien se había mudado de Montevideo a España, resultó más fuerte que la grandeza de la institución que iba a defender. Luego de una temporada, casi 40 partidos, 15 goles y seis asistencias, lo depositaron en un grande de Holanda: Ajax.

Groningen se negó a concederle a Suárez el deseo de jugar el Sudamericano Sub 20 en enero de 2007, por lo que Tabárez lo premió convocándolo a la selección mayor para un partido frente a Colombia en febrero de ese año. Así debutó en un equipo que ya tenía como referentes de ataque a Forlán y Sebastián Abreu.

Paralelamente empezó una carrera formidable en Ajax. En la segunda temporada se convirtió en el capitán y marcó más de 100 goles con la camiseta roja y blanca, cantidad antes alcanzada solo por Johan Cruyff, Marco van Basten y Dennis Bergkamp. En 2011 dio el gran salto a una liga superior. Liverpool le ganó la pulseada a otros grandes de Europa y se quedó con el pase del delantero a cambio de US$ 25 millones.

En cuatro temporadas hizo 82 goles, fue ídolo de los Reds, y el mismo carácter triunfalista y desenfrenado que generó tanto odio en otros ámbitos de la Premier League lo guió al Barcelona, donde hoy es considerado uno de los delanteros más importantes del planeta.

Esta nota forma parte de la publicación especial de El Observador por sus 25 años.


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