Macri apuesta su futuro a gestión de Vidal y le amplía los recursos

La provincia de Buenos Aires es clave para la consolidación del proyecto del nuevo presidente
Todo gobierno argentino sabe que la posibilidad de endilgarle las culpas de los problemas económicos y sociales a "la herencia recibida" tiene límites. Lo sabe hoy el gobierno de Mauricio Macri, que día a día observa cómo va disminuyendo su margen político para realizar el ajuste económico.

Y el síntoma más notorio de esta situación es, como siempre, la provincia de Buenos Aires. Más concretamente, el conurbano que rodea a la capital, allí donde habitan 10 millones de personas y donde, según la medición de la Universidad Católica, un pavoroso 49% de los niños y adolescentes viven en la pobreza.

El conurbano es la punta del iceberg y es el iceberg propiamente dicho. Allí es donde se ganan o se pierden elecciones. Allí es donde primero surgen las señales de que una política económica ya no tiene margen para continuar. Es la zona de mayor desempleo, es donde el trabajo "en blanco" y en relación de dependencia es una rareza.

Y, sobre todo, el conurbano es donde se producen los saqueos, las ocupaciones de terrenos y las explosiones violentas. Y es de allí donde salieron las columnas de protestas que han derivado en la caída de gobiernos.

Con el fantasma de un nuevo estallido social otra vez recorriendo el ambiente, y en medio de un clima político enrarecido por versiones de intentos desestabilizadores, queda en claro la nueva prioridad de Macri. Todas las fichas están puestas en apuntalar la gestión de María Eugenia Vidal, la gobernadora de la provincia clave. Macri tiene en claro que haber ganado en ese distrito fue lo que le permitió llegar a la presidencia, y que también un resultado adverso en las legislativas del año próximo pueden sellar la suerte de su proyecto político.

Señales inquietantes

Vidal había aprobado con relativo éxito sus primeros tests en la gestión, como, por ejemplo, haber iniciado las clases sin que se produjeran huelgas, toda una novedad en una provincia ya acostumbrada a que cada año las protestas docentes fueran parte del paisaje entre febrero y abril.
También mostró "cintura" política en la legislatura provincial, donde pese a estar en minoría logró que la oposición peronista le aprobara el presupuesto, incluido el endeudamiento en el exterior.
Las encuestas de imagen mostraban que la gobernadora mantenía un alto nivel de aprobación: un 53%, lo que implicaba 10 puntos de ventaja sobre su colega de la ciudad de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta.

Sin embargo, se empieza a notar un incipiente descenso en la imagen de Vidal y las últimas semanas no trajeron buenas noticias.

Para empezar, el recrudecimiento del delito, con una ola de secuestros exprés, trajeron otra vez el temor de la población del conurbano, junto con la sospecha de que podía haber una actitud de sabotaje por parte de la fuerza policial.

En la economía, el tarifazo se sintió con más fuerza que en otras zonas del país. La protesta de los clubes de barrio que no podían hacer frente al pago de la luz generó el llamado síndrome Luna de Avellaneda, que obligó al gobierno a recortar el ajuste.

Pero acaso el síntoma más evidente del nerviosismo político sea la intensificación del reparto de alimentos en las zonas más pobres. Con la presencia de intendentes y de la propia Vidal, se distribuyen bolsas a precio subsidiado para ayudar a que una canasta de enlatados y verduras lleguen a los sectores vulnerables.

Con todo, nada parece alcanzar. En los últimos días, un grupo de piqueteros cortó la avenida 9 de Julio para protestar frente al ministerio de Acción Social porque los comedores infantiles del conurbano estaban colapsados y la ayuda gubernamental resultaba insuficiente.

En ese clima, Vidal intenta tejer una alianza con los intendentes del conurbano, casi todos peronistas, con quienes no les une el amor sino el espanto de un estallido social que solo deje perdedores.
En un intento de diferenciación de la gestión Scioli, Vidal anunció que cada intendente recibirá US$ 200 millones para apoyar su gestión, y que además habrá una partida de US$ 460 millones para avanzar en obras públicas que habían quedado paralizadas.

La madre de todas las batallas

La duda, como siempre, es si con todo esto alcanza. Y la presunción del gobierno es que no.
Al menos, esa es la sensación que ha dejado Macri, que está dispuesto a ayudar a su principal dirigente no solo con palabras de apoyo sino con la forma más verdadera de amor que conoce la política: con pesos contantes y sonantes.

En plena pulseada con los gobernadores provinciales, que le reclaman por obras públicas, por la coparticipación impositiva, por la asistencia financiera ante sus situaciones de crisis, por la dureza del tarifazo y un largo etcétera, Macri no dudó en apoyar a Vidal en un reclamo que puede agravar la irritación de los demás gobernadores.

El presidente dio su aval para que se modifique por ley el Fondo del Conurbano. Pese a contar con el 38% de la población y aportar el 34% del PBI, la provincia recibe solo 19% de la recaudación tributaria, seis puntos menos que hace dos décadas. Y lo paradójico es que es la que menos dinero retira del famoso Fondo del Conurbano.

Esto ocurre como consecuencia de la relación tensa que caracterizó los ocho años de convivencia entre Cristina Kirchner y Daniel Scioli. Está claro que esa situación se revertirá drásticamente. Los cálculos apuntan a que Buenos Aires pueda rápidamente recuperar por lo menos cinco puntos del total del reparto impositivo. Hablando en plata, eso implicaría una mejora de más de US$ 2.000 millones.

Acaso ahí es donde resida la mayor diferencia entre la dupla Macri-Vidal respecto de Cristina-Scioli. Para la expresidenta, el éxito del gobernador era algo que conspiraba contra su propio proyecto político.

Macri, en cambio, tiene la certeza opuesta. Si Vidal fracasa en la provincia, el futuro del proyecto macrista tendrá patas cortas.

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