Macri recupera oxígeno político de forma inesperada

Un masivo acto de rechazo al kirchnerismo se transformó en una muestra de apoyo a la Casa Rosada
La demostración de apoyo al gobierno argentino sorprendió al mismísimo Mauricio Macri, que por consejo de sus asesores no se animaba a dar la pelea frente al peronismo y los sindicatos por "ganar la calle".

Y la cautela era explicable: si la convocatoria era floja, entonces sería lapidaria la comparación con las recientes demostraciones masivas por parte de la oposición.

Tanto las marchas de apoyo al gremio docente como la jornada de la CGT ante el ministerio de la Producción, la de la CTA en la plaza de Mayo y las de partidos opositores en el aniversario del golpe de 1976, todas habían puesto la vara muy alta.

Pero, para sorpresa de casi todos, la convocatoria fue masiva. Hizo recordar, tanto por el número de asistentes como por el clima que se vivió, a los "cacerolazos" de protesta contra Cristina Kirchner en 2012.

El macrismo "ganó la calle"

Resultó evidente que, más que la voluntad de apoyar al macrismo, lo que sacó a esos miles de manifestantes de sus casas fue la necesidad de expresar su rechazo al kirchnerismo, al peronismo, al sindicalismo, a todo eso que la clase media argentina engloba cuando canta "No vuelven más", con la melodía de la marcha peronista.

Como el gobierno había tomado la actitud cautelosa de no convocar oficialmente al acto, el protagonismo recayó en líderes de opinión en las redes sociales y las figuras mediáticas que adhieren al macrismo.

Pero es claro que, aun así, se corría cierto riesgo de un fiasco que dejara mal parado al gobierno: a fin de cuentas, la coalición Cambiemos no es el peronismo, posiblemente el partido político imbatible en el mundo en cuanto al dominio de la manifestación callejera.

Fue, precisamente, la diferenciación de los modos típicos de la maquinaria sindical-municipal-partidaria lo que los asistentes del sábado intentaron destacar como fortalezas. Para empezar, la propia convocatoria un sábado, ya de por sí una forma de demostrar que los manifestantes son gente que de lunes a viernes, cuando suelen realizarse las marchas opositoras, se encuentra trabajando.

Y, sobre todo, la condición de "simples ciudadanos" que concurren por iniciativa propia, sin ser movilizados en los característicos buses naranja de transporte escolar que se han transformado en un clásico de cada acto sindical. De hecho, cuando las cámaras de televisión llegaron a plaza de Mayo para interrogar a la gente por el motivo que los había llevado hasta allí, muchos jóvenes mostraban irónicamente la tarjeta de transporte público.

"¡Vinimos con la SUBE!" fue una de las consignas preferidas y más festejadas, todo una declaración de principios en el sentido de que las manifestaciones "verdaderas" son aquellas a las cuales se llega de manera individual y no aquellas organizadas por los aparatos donde hay traslados masivos de militantes.

Explotando "la grieta"

La convocatoria hizo también especial énfasis en el hecho de no concurrir con banderas partidarias, sino solamente con símbolos patrios, una consigna que se cumplió con bastante amplitud.

Y ese fue un punto central sobre el valor simbólico de este acto de apoyo a Macri. Porque aunque no se lo diga explícitamente, deja planteada la cuestión de que existe un demérito en el hecho de ser convocado por un partido político. Al elogiar la "no partidización", también hay un mensaje de devaluación de la protesta opositora.

La idea entrelíneas de esa convocatoria implica que había una cuestión en juego que estaba por encima de un interés partidario: no se llamaba a defender a un partido en particular, sino al país y a las instituciones democráticas.

Pero la convocatoria a manifestarse "sin banderas políticas" tuvo también otra explicación. Es ahí donde reside la gran fuerza estratégica: siempre es más movilizador salir a la calle en contra de un peligro que a favor de un gobierno.

En consecuencia, afirmar que se marchaba para apoyar a Macri –justo en un momento en el cual las encuestas marcan un abrupto descenso de su popularidad– implicaba menor entusiasmo que hacer un acto "en contra de".Y esto fue lo que ocurrió, y esto fue lo que explicó la masividad del 1A: el gran motor movilizador fue el rechazo al kirchnerismo.

Convocar a marchar "por el futuro" equivale a afirmar que otras fuerzas quieren volver al pasado. Esto quedó en evidencia en el "ranking" de los cánticos más escuchados en Plaza de Mayo: los que más adhesión generaban estaban dedicados a Cristina y sus seguidores."No vuelven más, "Devuelvan la plata", "Golpe nunca más" y el inevitable "Y ya lo ve, para Cristina que lo mira por TV".

En definitiva, Macri se anotó un punto a favor. Era una jugada arriesgada y le salió bien. Obtuvo una demostración de apoyo callejero, en la misma "cancha" en la que el peronismo "juega de local".


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