Macron es la opción menos riesgosa

Francia decidirá su nuevo presidente en balotaje el próximo 7 de mayo

Luego de la primera ronda electoral ayer, Francia optará en el balotaje presidencial entre dos figuras que capitalizan por vías diferentes el descontento y los temores de los votantes. Emmanuel Macron, un exbanquero de 39 años de meteórico ascenso en el escenario político, atrae al electorado de centro con la esperanza de aportar eficiencia al funcionamiento de un Estado sobredimensionado y mejorar el magro crecimiento de la economía. Marine Le Pen, en cambio, concentra su fuerza en el aislamiento proteccionista, el abandono de la Unión Europea que Francia ha timoneado hasta ahora junto con Alemania, estrechar lazos con la Rusia de Vladímir Putin y una aguda xenofobia contra los inmigrantes norafricanos, corriente a la que responsabiliza de los atentados recientes del terrorismo islámico.

Pero aunque obtuvieron los dos primeros lugares entre 11 candidatos, ni Macron ni Le Pen lograron convencer a suficientes votantes para definir la presidencia en la primera vuelta, como lo evidencia el alto caudal que lograron el exprimer ministro degaullista François Fillon, pese a estar desacreditado por un escándalo de nepotismo, y el extremista de izquierda Jean-Luc Mélenchon, un desubicado admirador del chavismo venezolano. La división del voto entre la multiplicidad de candidatos refleja las dudas de decenas de millones de franceses sobre a quien confiar la presidencia. La lógica, al menos en el papel, indica a Macron como favorito para triunfar en el balotaje del 7 de mayo. No solo promete un futuro menos riesgoso e incierto sino que debería absorber buena parte de los votos no solo de Fillon sino también de la izquierda, que rechaza las posturas de extrema derecha de Le Pen.

Pero cualquier cálculo de trasiego de votos debe ser tomado con pinzas, dado que más de la mitad del electorado tendrá que decidir a quién apoya. Las dudas y la búsqueda de un rumbo nuevo del electorado se evidencian en el hecho de que, por primera vez desde que Charles de Gaulle fundara la Quinta República en 1958, los dos partidos que tradicionalmente se alternaron en el gobierno, Republicano y Socialista, quedaron relegados de los dos primeros puestos. Es obvio que la figura de Macron es la que crea menos incertidumbre. Aunque durante dos años fue ministro de Economía del inocuo presidente François Hollande, renunció hace nueve meses para dedicarse a la campaña electoral y, al mismo tiempo, desmarcarse de una fracasada administración impopular, proyectando una imagen de moderación centrista. Un gobierno de Le Pen, en cambio, acumularía en Francia las peores consecuencias del brexit británico y del proteccionismo y la xenofobia de Donald Trump. Si ganara el balotaje y cumpliera su meta de sacar al país de la Unión Europea, agrietaría irremisiblemente el bloque continental trabajosamente armado a lo largo de más de 60 años.

Presumiblemente los votantes optarán por el camino con menos baches y sobresaltos que representa Macron, antes que la certeza del salto al vacío y el extremismo a los que Le Pen promete conducirlos. La respuesta afectará no solo a Francia y a Europa, ya que sus repercusiones se sentirán en el mundo entero. En el caso de Uruguay y el Mercosur, un triunfo de Le Pen significaría afectar el comercio bilateral y enterrar definitivamente el tratado de libre comercio que el bloque regional negocia a los tumbos con la Unión Europea desde hace 15 años.


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El Observador

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