Maduro “loco” y “dictadorzuelo”

Según José Mujica, Maduro "está más loco que una cabra", y según Luis Almagro, secretario general de la OEA, es un "dictadorzuelo más"

Según José Mujica, “está más loco que una cabra”. Según Luis Almagro, su excanciller y actual secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), la negativa a permitir un referéndum revocatorio lo convierte en “un dictadorzuelo más”. Nada más elocuente sobre Nicolás Maduro, el desorbitado represor caribeño que acusó a Almagro de ser no solo un traidor, sino también activo agente de la CIA en un complot de Estados Unidos y Colombia para invadir Venezuela. Su colapso ya no necesita la evaluación de sus antiguos amigos y compañeros de ruta socialista. Le bastan sus diarios desmanes absolutistas, incluyendo haber atacado con sus efectivos militares a las manifestaciones opositoras en Caracas y otras ciudades que exigían que se respetara la recolección de firmas para forzar una consulta popular, prevista en la Constitución, para recortar el período presidencial.

Para tratar de demorar el fin de su opresión a la población venezolana, en la que más del 70% rechaza que siga en el poder, Maduro se decretó a sí mismo poderes de excepción para aplastar sin cortapisas cualquier forma de oposición política y seguir adelante con su desastrosa gestión. En un país sin comida, sin medicamentos básicos, sin otros elementos esenciales y con una inflación del 700% para este año, al “dictadorzuelo” solo le queda recurrir a la fuerza militar para mantenerse en el poder que Hugo Chávez le legó y lo ayuda a ejercer a través de mensajes de ultratumba que le envía en los gorjeos de un pajarito, según ha explicado el propio Maduro.

La virtual dictadura impuesta por Maduro podrá seguir castigando a los venezolanos con la miseria y la represión violenta mientras las fuerzas de seguridad y las llamadas milicias bolivarianas le sigan respondiendo. En este campo depende del general Vladimir Padrino López, jefe de toda la estructura militar y de seguridad y número tres del régimen, detrás de Maduro y de Diosdado Cabello, que comandaba el Parlamento unicameral hasta que un arrollador triunfo opositor desalojó a la mayoría legislativa del chavismo. No está claro hasta dónde y hasta cuándo podrá retener el respaldo militar. El principal líder opositor, Henrique Capriles, gaseado por las fuerzas de seguridad en una manifestación, reclamó a las Fuerzas Armadas que decidan si están con Maduro o con la Constitución. Al margen de este apoyo, sin embargo, el hartazgo popular y los estallidos sociales de protesta están alcanzando una magnitud tal que amenazan con detonar en violencia incontrolable en todo el país.

Maduro ya se había autoexcluido de hecho de la comunidad regional en abril al violar la Carta Democrática Interamericana, cuando le ordenó a los 13 jueces amigos que puso a dedo en el máximo tribunal del país que declararan inconstitucional una ley de amnistía a presos políticos votada por el Parlamento. Ahora rebasó todos sus excesos previos al afirmar que no habrá referéndum revocatorio y que, si lo hubiera, no le hará caso. Mientras los venezolanos resuelven cómo liberarse de Maduro, tal vez finalmente el Frente Amplio, que tan prestamente denunció como golpe de Estado el juicio político a Dilma Rousseff en Brasil, mostrará igual diligencia en desentenderse de Maduro, pública y oficialmente. Lo ayudará presumiblemente el rotundo diagnóstico de locura que le hizo el miércoles el expresidente Mujica.


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